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Voto cuando las gallinas meen o alternativa al imperioso mandato de hablar cuando las gallinas... |
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Rafah Acevedo
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0. Con una campaña publicitaria costosa una empresa universitaria les sugiere a los jóvenes que participen en las elecciones de 2008 o, en su defecto, que se queden calla´os. Hay aproximadamente 700,000 electores entre los 18 y 35 años. Estrellas de la farándula y el deporte los aconsejan: A participar muchachos. Compórtense como personas maduras, acepten la realidad y cierren la boca después. Daddy Yankee los invita a escribir la historia…el never ending story. ¿A quién se le ha ocurrido esta exhibición con bling bling de paternalismo ridículo? Resulta que el gobierno (digamos) quiere protegernos de nosotros mismos. Si no hacen lo que les ordená este grupo de jóvenes padres se les negara la calidad de adultos responsables. Suena a control, a nene no fumes, no bebas, practica el amor seguro o (¡peor!) mira el lado oscuro del sexo. Resulta que, usando a algunas celebridades como figuras de autoridad, quieren comunicar a casi un millón de jóvenes que esa libertad flaquita que les han regalado (y que en realidad es un mandato) la deben usar aunque no les guste. Se trata del poder seductor de una llamada vacía. Truco de mago en fiesta patronal. Y si no te gusta, te callas. Siguiendo esa lógica de argumentación, como los menores hablan cuando las gallinas mean, ir a votar es presenciar un milagro: cada cuatro años llevamos las gallinas a mear.
Aparentemente un voto puede decidir el futuro de Puerto Rico. Uno. La pregunta es sencilla: ¿qué decide? En las elecciones lo único que se selecciona es un grupo de personas que administrará el presupuesto del país. Si a uno le disgusta el modo en el que Puerto Rico ha sido gobernado en los últimos…20 años…¿votar en las elecciones cambiará la situación? Por supuesto que no. No hay en la larga lista de candidatos una sola persona que tenga una idea nueva. Ni siquiera una idea interesante. Ni siquiera un plan racional. Participar en las elecciones parecería como si se actuara libremente en contra de los propios intereses. La campaña publicitaria de marras tiene la paradoja de que exige que disfrutes de un derecho democrático insustancial o, como mandato, renuncies a tu derecho a la libre expresión. ¿A quién sirve esa libertad que me ordena callar?
1. Me sorprende lo burdo del mensaje. Me ofende por lo simplón. Es de un autoritarismo primitivo. Legitima el ejercicio fútil. No me sorprende, sin embargo, que grupos que por definición son de oposición le den vueltas a la noria y elaboren estrategias para participar en este juego seductor. De este modo escapan, quizás, a una toma de posición radical. Mantienen segura su posición de críticos profesionales. Conservan su privilegio de voces en el desierto de lo radial.
La democracia, tal como se practica aquí, es llano legalismo formal. Participar en las elecciones es obedecer al mandato autoritario disfrazado de ejercicio de libertad. Votar, aquí, es aceptar de manera incondicional unas reglas formales de juego que garantizan que los antagonismos serán absorbidos dentro del propio ejercicio lúdico. La democracia real no es sólo tener la libertad de elegir entre varias opciones dentro de un sistema ya dado. La democracia real es elegir cambiar el sistema. En ocasiones, ante una llamada liberal, vacía, insultante, a elegir forzosamente entre alternativas del desaliento uno debe actuar de la manera que a algunos nos parece obvia: no participar en ese juego.
Sería más práctico que 700 mil jóvenes actuaran democráticamente para defenestrar la clase política puertorriqueña y convertirse en un extraordinario grupo de presión. Así, en vez de votar cada cuatro años para que las cosas permanezcan igual, organizarse para evitar que la religión fundamentalista y el político taimado decidan hasta la legitimidad del modo en el que uno decide unirse a otra persona o el modo en el que uno se coloca en la cama en el ejercicio de la gozosa desnudez, 700,000 jóvenes en la calle evitarían que el contubernio entre desarrollistas y gobierno permita que les den permiso a los cementeros de cerrar playas, fincas, islas, con el propósito de hacer privado lo que es público. Impedirían la argumentación carifresca de que el expendio de permisos ilegales incentiva la economía.
2. Las grandes decisiones económicas y geopolíticas no son resultado de profundos debates democráticos. Las pequeñas decisiones locales de imposiciones contributivas o las leyes inspiradas por perversos idiotas morales obsesionados con el placer de los otros, no son consecuencia de diálogos mesurados entre ciudadanos responsables y servidores públicos. Esto no es así porque así es la vida. Es así porque la libertad formal nos permite movernos dentro de esas coordenadas. La libertad real tiene como base poner en crisis las relaciones de poder existentes. El truco es que en la llamada democracia representativa, cedes tu soberanía como ciudadano a unos tipos que se representan a sí mismos, a intereses particulares, o lobbies. La trampa es que las pocas opciones están definidas de antemano. El pase de papeleta es que eres libre una vez cada cuatro años. ¿No sería mágico asumir que no hay por qué asumir eso como una fatalidad ineludible? Ya sé. Objeción: ¿acaso el autor de este artículo está citando a Lenin? Se me perdonará ese dislate. Estoy ejerciendo mi libertad de elección de autoridades. También quisiera citar a Slavoj Zizek:
Yo no estoy en contra de la democracia, pero hay que tener el coraje para preguntarnos qué significa efectivamente la democracia hoy. ¿Cuáles son las elecciones que realmente podemos hacer? En este nivel, si la democracia tiene su base en la idea de la libre elección, estoy tentado a problematizarla. El problema con la libre elección es que puede involucrar muchas veces un deber secreto más fuerte. Por ejemplo, los domingos usted debe visitar a su abuela. Y el padre tradicional decía: “Obedece. Hazlo. No me importa lo que pienses”. El padre posmoderno permisivo te dice: “Vos sabés cuánto te quiere tu abuela. Sin embargo, visitá a tu abuela sólo si realmente querés”. Ésta es una aparente libertad de elección. El deber es mucho más severo. El verdadero aviso del padre no es sólo que tenés que visitar a tu abuela sino que debés amar hacerlo.
El verdadero aviso es, en el caso del mandato que discutimos hoy: no sólo tienes que participar en las elecciones inconsecuentes sino que debes amar hacerlo. Pero no hay en esta burda propaganda empresarial-académica ni siquiera un intento por aparentar una libertad de elección. Es la voz del padre tradicional: obedece o calla. Ustedes hablan cuando las gallinas votan. Casi como decir que votar es poner un huevo.
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