Una de las maravillas del Gran Capital Multinacional es la considerable fuerza de cara que tiene a la hora de imponerle criterios culturales al resto del mundo. (Oh, perdón, debo censurarme a mí mismo. ¡Qué blasfemia acabo de escribir!) Las multinacionales no nos imponen nada en términos culturales. Esos criterios culturales son adoptados libre y voluntariamente por los consumidores que, obedeciendo a las “leyes” de mercado y libre competencia, han decidido adoptar esas consideraciones mediáticas que se vuelven cultura cuando la masa las adopta. La comida chatarra, por ejemplo, será más nociva al organismo que escuchar a Primitivo justificando homenajes a pederastas, pero eso es lo que quiere la gente. Por tanto, el mercado es sabio.
Y si usted está de acuerdo con el párrafo anterior, usted es el ser humano más imbécil que ha puesto ojos sobre columna alguna de Fiquito. (Eso fue una broma. ¡No infarten ni busquen la nitro!)
Quien conoce al Gran Capital tiene que reconocer las intenciones de estos colmilludos de homogeneizar y pasteurizar a los colectivos, con tal de que todo el mundo compre, lea, y piense lo mismo. Es más fácil vender una sola cosa que vender la diversidad. Por ejemplo, Henry Ford decía que él podía venderle carros a todo el mundo del color que quisieran, siempre y cuando fueran Fords Modelo T negros.
Por tanto, cuando algún soplapote corporativo ve una oportunidad de hacerse de billetes vendiendo algo sobre lo cual él mismo conoce poco, hace una de dos cosas. O hace una encuesta, ve qué le gusta a la mayoría y se lo enjorqueta entre las narices a todos los clientes potenciales del producto, o sencillamente agarra lo que más le llama la atención y trata de imponerlo como moda, usando técnicas de publicidad y mercadeo (al cual yo le llamo merca-finger, porque nos saca el finger todos los días).
En los U.S. and A. algunos cangrimanes corporativos están rascándose las greñas tratando de ver qué hacen con el montón de latinos que se han instalado en ese país, más el otro montón que ya estaba allí cuando los tejanos gringos se quedaron con el cañón en el pueblo de Gonzales en 1835, iniciando con ello la revolución de Tejas, y luego el expolio de una tercera parte de México cuando James Polk anexó irregularmente la república tejana (o el traidor de Anson Jones la regaló) en 1845... pero divago. En otras palabras, qué hacer con los latinos inmigrantes y los inmigrados. Ah, y que no se nos olviden los invadidos (o sea, nosotros). Desde luego, lo más fácil es meterlos a todos en el mismo pote, y tratar de venderles lo mismo a todos.
O sea, que un latin lover cubano de Miami, un conserje salvadoreño trabajando por mínimo la hora en California (y mandando remesas a su familia bajo comisión de extorsión), un poeta comefuego boricua en Niu Yol y un mexico-americano de clase media alta viviendo con su esposa y sus 2.1 hijos en Toilet Paper, Utah o Chupamattress, Texas son para ellos la misma cosa. Esa mogolla amorfa está genial.
¡Y ahora resulta que, gracias al Canal del Chichicuilote Mojado y engendros similares, al Fico que vive en Mayagüez y usualmente le importa un cuerno lo que pase en Utah lo meten en esa misma mogolla! Antes la mogolla era el “melting pot” W.A.S.P. (blanco, anglosajón y protestante) en inglés, y como se les está agrietando la olla –porque a los latinos no les da la gana de asimilarse, ahora la cambiaron por una de barro.
Cierto es que Puerto Rico es país latinoamericano, y que compartimos buena parte de la herencia común a toda la América de habla española. Esa común experiencia de vida nos hace más afines de lo que los mismos boricuas queremos reconocer. Pero algún día discutiremos las incomprensiones mutuas que tenemos con media América, donde muchos nos odian meramente porque aquí hay mucho Anson Jones locos por anexarnos al yanqui. (De paso, la historia de Anson Jones me recuerda la de una colega doctora suya... sólo le faltó la grúa.)
En un país donde es casi un crimen afirmarse a sí mismo como boricua más allá de las patrioterías zánganas del “¡Yo soy boricua / pa’ que tú lo sepas!”, lo menos que le causa suspicacia a uno es cuando lo quieren desnaturalizar a la cañona, no para hacernos iguales a los demás latinoamericanos en lo que sí somos parecidos, sino para hacernos iguales a los que se ven forzados a vivir en los Estados Hundidos en lo que no lo somos.
Usemos la televisión como ejemplo. Era risible cuando el italoamericano ex CEO de Univisión le encasquetaba a quienes trabajaban allí que tenían que hablar en “español neutro”. Más risible debe ser ahora, que el principal accionista es judío de origen egipcio. La(s) riquísima(s) cultura(s) indígena(s) mexicana(s) sale(n) castrada(s) irremediablemente en Chichicuilote TV por la imprudente tendencia de vendernos a México como una reservación de chilangos rubios nórdicos donde hasta las jimadoras tomaron clases en el Centro de Capacitación de Televisa. En ese mundo, todos sus conflictos sociales se limitan a los de la linda y ambiciosa blanquita pobre queriendo casarse con el blanquito rico que sufre de impotencia instantánea cuando el mambo no es por amor (¡Qué pinsuaca!) Y no hay nadie de una tonalidad más oscurita por todo aquello.
Desde luego, tal cosa sucede porque allá en Coyoacán cholos y ricos se sientan en lados opuestos de la iglesia los domingos. ¿Entonces hay que usar ese apartheid cultural como modelo para todo el que usa la eñe en los Estados Todos Juntos? ¡No, porque para eso están los “tokens”! Así como a los afroamericanos les rejodía que los suyos fueran el “comic relief” de películas serias como Gone With The Wind, cada sainete cuasi-cómico de Chichicuilote TV siempre tiene el representante más estereotipado de las nacionalidades latinas que hayan podido encontrar. La jueza cubana, la psicóloga dominicana y el presentador chileno-alemán no son necesariamente ejemplos de comportamiento poco exuberantes. Les falta Valium.
Ahora, no esperen ver a mucho boricua hablando como tal por todo aquello. Según su “market research”, nuestro acento es diz que inculto. Y cito a artistas nuestros a los que se lo han restregado en la cara ejecutivos de allí.
Pero no es la televisión nada más. Ahora, aparte de ver programas de televisión embrutecedores en la oficina del médico, tenemos que chuparnos la música de los Fullines del Norte cuando vamos a la farmacia, oír anuncios de vendedores de aceite de culebra, o reclutando para la Guardia Costanera en español mal masticado por la radio. En nuestro país una vez nos querían asimilar en las escuelas atosigándonos El Difícil, ahora nos quieren asimilar dándonos repetidas dosis de El Gordo y La Flaca, las necedades de Chespirito, los cursitos de inglés con La Pecosa detrás, y las invitaciones para comprar Donde Toda América Compra.
¿Y el gobierno nuestro puede hacer algo? Será para que la FCC y la FTC nos caigan como a piojo (HQJ). Maldita colonia.
Y esa asimilación al ideal corporativo de lo que son los latinos en los Estados Hundidos se está convirtiendo en la única esperanza que los Flojuños y los Pedrófugos tienen de hacer la anexión algo tolerable a los que no están seguros de que su puertorriqueñidad vale la pena. Ya se están agarrando de eso para intentar las lambeojerías usuales a las que nos tienen acostumbrados con los candidatos presidenciales, sabrá Dios con qué dinero. Si esos dos y sus turbas se salen con la suya, también estaremos últimos en la fila a la hora de ser atendidos, aun bajo la anexión, por simple aritmética: cuatro millones de boricuas entre 42 millones de latinos son una gota en un vaso de agua.
O sea, seremos una minoría dentro de otra minoría. Aunque Estemos En Casa. - Nota presuntuosa: Sí, ya sé que Molon labe! es griego, no latín.
* Fiquito Yunqué (
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) es el pseudónimo de un ingeniero, músico, escritor y loco, oriundo y residente de Mayagüez. Sus opiniones son las suyas propias. O eso él dice.
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