Cita Histórica


“El único árbitro de nuestro destino es la voluntad soberana de nuestra Patria”
Pedro Albizu Campos

 

Puerto Rico • 22 al 28 de mayo de 2008

 

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A Dios rogando y con el mazo dando. Éste parece ser el lema de ciertos grupos religiosos del país que, aprovechando que se discutía hacer ciertas modificaciones a nuestro Código Civil, se han lanzado a una versión actualizada de las “cacerías de brujas”, a la usanza de las más terribles perpetradas en los tiempos más oscuros del mundo. Utilizando la proximidad de las elecciones como gancho, y conscientes de que los políticos son susceptibles a todo aquello que pueda hacerles ganar o perder votos, enfilan en este momento su artillería pesada para intentar cambiar la Constitución de Puerto Rico e instituir al matrimonio entre un hombre y una mujer como requisito para el disfrute de ciertos derechos. Olvídese usted de lo que digan algunos expertos constitucionalistas, en cuanto a cómo podrían afectarse ciertos derechos que ahora disfrutamos todos, como por ejemplo el de la igualdad ante la ley para los hijos de personas casadas y no casadas. Olvídese usted del amor que los cristianos deben sentir hacia los que piensan o viven en forma diferente a la suya. Olvídese usted de que la Constitución garantice también el derecho a no profesar ninguna creencia religiosa. Olvídese usted de que la tendencia general en el mundo sea hacia el reconocimiento de la diversidad y de que la gente tiene derecho a vivir como prefiera, siempre y cuando en el ejercicio de ese derecho no atropelle el de los demás. En Puerto Rico, sin embargo, parece que vamos hacia atrás, como el cangrejo, en retroceso hacia tiempos superados por la historia de la humanidad y las sociedades civilizadas del mundo. En cuanto a los políticos, la situación es de ataque. Los mismos que se han hecho de la vista larga ante al mandato mayoritario del pueblo a favor de la unicameralidad, están ahora de pleitesía ante los que les chantajean con las elecciones para llevarles a perpetrar esta nueva barbaridad. Confiamos en que nuestro pueblo, poseedor de un alto nivel de conciencia sobre nuestros derechos y el trabajo que nos ha costado alcanzarlos, se organice masivamente y derrote esta nueva ofensiva de las fuerzas de la intolerancia y el atraso.

 
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