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Los centros comerciales naturales |
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Jaime Lluch / Especial para Claridad
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“Un verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras sino en tener nuevos ojos.” Marcel Proust
El tejido social y urbanístico de las ciudades en Puerto Rico adolece de un dualismo artificial. Sucede que en muchas de nuestras ciudades vivimos en un lugar, pero compramos en otro lugar. Nuestras comunidades se encuentran en un sitio, mientras que nuestra vida material se satisface en otro lugar. Existe un desfase entre el tejido comunitario –o sea, aquellos lazos sociales que nos atan al lugar físico donde vivimos– y nuestra vida material, o sea, la parte de nuestra vida cotidiana que tiene que ver con la obtención de los bienes materiales necesarios para vivir. Este dualismo es enteramente artificial: no hay razón alguna por la cual no se pueda integrar la vida comunitaria con la vida material. Existen varios ejemplos en nuestras ciudades donde esta integración se ha logrado. Por ejemplo, quizás en el eje alrededor de la Avenida Borinquen en Barrio Obrero, o bien quizás en algunas zonas de Santurce, en particular entre las Paradas 15 y la 18, o quizás en el Viejo San Juan también. En la mayoría de los casos, sin embargo, se puede lograr una mejor integración entre vida comunitaria y vida material en nuestro país.
¿Cómo serían los núcleos urbanos de nuestras ciudades si hubiera una mejor integración entre vida comunitaria y vida material? Serían ciudades donde sería posible conseguir dentro de una zona accesible a pie desde el lugar donde uno vive casi todos los bienes materiales necesarios para la vida diaria. Imagínese que Usted pudiera ir a pie desde su hogar y poder hacer sus compras en mercados de productos frescos de alimentación, panaderías-reposterías, farmacias, supermercados, ferreterías, tiendas de productos electro-domésticos, etc. ¿Por qué montarse en un carro y guiar más de 30 minutos a un centro comercial lejano para poder conseguir los bienes materiales necesarios para la vida cotidiana? Si en muchas otras ciudades en el mundo estos bienes se pueden obtener dentro de la misma zona que uno reside (caminando inclusive), aquí también debemos aspirar a eso.
Las megatiendas (también llamadas grandes superficies) en los centros comerciales grandes tendrán a veces ventajas que ofrecer a los consumidores, pero nada es más conveniente para un consumidor que poder hacer sus compras más básicas precisamente en el vecindario donde uno vive, y sus alrededores. Veamos algunos ejemplos de otras ciudades del mundo. ¿Por qué será que las calles de tantas zonas de Manhattan tienen tanta vida comunitaria y tanta energía comercial? Precisamente porque hay una integración entre la vida social de los vecindarios y la vida material de los residentes de los mismos. En Montréal, en el “Plateau” entre la calle St. Denis y la calle Ste. Catherine, hay una increíble vitalidad en la vida vecinal y la vida comercial de esta zona de la ciudad. No es necesario tener un automóvil si uno vive ahí. Dentro de un radio fácilmente accesible a pie, existen supermercados, pequeños mercados con frutas y vegetales, grandes mercados al aire libre (como el Marché Jean Talon), panaderías/reposterías, farmacias, barberías, etc. En varias ciudades italianas – como Pisa y Siena – los ayuntamientos están promoviendo activamente los “Centro Commerciale Naturale” en los núcleos urbanos.
Por lo tanto, en Puerto Rico si queremos fortalecer la vida comunitaria en nuestros vecindarios, generar dinamismo comercial, y hacer nuestra vida material menos complicada, debemos fomentar los centros comerciales naturales. En el presente, lo que hay en Puerto Rico son grandes centros comerciales artificiales, ya que casi todos están localizados a una gran distancia de los vecindarios donde vivimos. Sería más natural y más eficiente tener los centros comerciales integrados al tejido social-comunitario del entorno físico de nuestros vecindarios. También ayudaría al ambiente y a la conservación de energía. Por lo tanto, los centros comerciales naturales son aquellos que crecen naturalmente de su contacto con los vecindarios donde vivimos.
Existen varios núcleos urbanos donde sería posible aprovechar las dinámicas sociales y urbanísticas ya existentes para estimular el fortalecimiento de los centros comerciales naturales. Para viabilizar los centros comerciales naturales, tendríamos que mejorar nuestros sistemas de transportación pública. En San Juan, por ejemplo, sería necesario establecer un tren ligero o tranvía que vincule Santurce con el Viejo San Juan, etc. También, en el corazón de Santurce se están construyendo condominios con apartamentos de varios cientos de miles de dólares. Creemos que estos nuevos condominios probablemente no contribuirán al desarrollo de centros comerciales naturales en Santurce. En vez, hay que priorizar el establecimiento de comercios apropiados para el área y estimular a las comunidades ya existentes a comprar ahí. Con un programa bien diseñado de cooperación entre el sector privado, las comunidades, y el gobierno podemos empezar a ver nuestros vecindarios con nuevos ojos.
* El autor realiza una estadía pos-doctoral en el Instituto Universitario Europeo, Florencia.
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