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Frío caluroso en Nueva York |
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Rafael Cancel Miranda / Especial para Claridad
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Respondiendo a una invitación de los movimientos de lucha en Nueva York, llevamos el calor puertorriqueño al frío neoyorquino del 24 al 28 del pasado enero. Participé en varias actividades, todas muy nutridas y de mucho entusiasmo.
A las 6:30 de la mañana del viernes 25 de enero, participé en el programa radial Despierta Boricua, cuyo tema central fue la persecución del FBI contra el independentismo puertorriqueño. Este tema fue de mucho interés en todas las actividades en que participé.
Por la tarde de ese mismo día participé, junto a mi compañera, en una demostración masiva frente a la Embajada de Israel en defensa del pueblo de Palestina. Se me invitó a que dijera unas palabras, lo que hice con gran satisfacción. Antes de partir, los compañeros palestinos nos regalaron la bandera de su patria.
En la noche de ese mismo día, asistí a la iglesia Santa María en Manhattan, para participar en una actividad organizada, entre otros, por el compañero Pedro Colón Almenas. Mi participación consistió en responder a preguntas acerca de la situación puertorriqueña. La concurrencia se componía de personas de las comunidades, de diversas edades, especialmente jóvenes, quienes en todo momento demostraron un gran interés en saber más y más acerca de Puerto Rico y su lucha. Cuando dije que nosotros no dependíamos de los Estados Unidos, sino que los Estados Unidos dependía de nosotros, expresaron sorpresa pues siempre se les había dicho que somos unos mantenidos.
La siguiente actividad fue un homenaje al patriota y revolucionario cubano Luis Miranda Rivas que se celebró el 26 de enero en el Centro Martin Luther King de Nueva York. Luis Miranda fue uno de los fundadores de Casa Cuba y más adelante de Casa de las Américas, así como del Movimiento 26 de Julio, y su obra revolucionaria le costó varios atentados contra su vida. También fue un dedicado defensor de la independencia de Puerto Rico. Ante un auditorio lleno a capacidad, se destacó la presencia de los fundadores de Casa Cuba, Casa de las Américas y el Movimiento 26 de Julio, invitados especiales a la actividad. Por ellos habló Arnaldo Barrón. Cuando me tocó el turno para hablar, miré al grupo, todos con su pelo blanco, y dije que alguien faltaba allí. Ese alguien era Filiberto Ojeda Ríos, quien también fue uno de esos fundadores. A la mención del compañero, la concurrencia respondió con un caluroso aplauso. Hablaron, entre otros, el embajador de Cuba ante la ONU, el compañero Rodrigo Malmierca; Martin Koppel del Partido Socialista de los Trabajadores; Roger Wareham del Movimiento 12 de Diciembre; Carlos Rovira del Partido por el Socialismo y la Liberación; Frank Velgara del Comité ProLibertad y Bonnie Massey de la Brigada Venceremos. También se dirigieron a los presentes familiares de Luis Miranda. En la parte cultural, participaron Los Pleneros de la 21 y dos compañeros guitarristas. Cerró el acto artístico un compañero que interpretó Cuando un amigo se va, tocando las emociones del público pues era una despedida a Luis Miranda, un gran amigo que se fue. La actividad comenzó con el himno nacional de Cuba y finalizó a los acordes de la Internacional Socialista.
El domingo 27 de enero, participé, junto a mi compañera, en una misa en solidaridad con Puerto Rico celebrada en la Iglesia de San Romero. Ahí me pidieron que diera un testimonio acerca de mi participación en la lucha por la independencia de Puerto Rico, lo cual hice. Se nos otorgó el privilegio de servir la comunión a los feligreses y recibimos de regalo una Biblia que había roto el bloqueo a Cuba, pues había entrado y salido de la patria hermana. Podemos decir que hablé a iglesia llena y que el entusiasmo era contagioso.
De ahí partimos a cumplir con una invitación a la cena anual para los presos políticos afro-estadounidenses. A algunos de esos presos los conocí cuando estuve encarcelado. Uno que otro lleva más de 30 años preso. Se les acusaba de ser parte del Black Liberation Army.
Al concluir la cena, regresamos tarde en la noche al apartamento donde nos alojábamos. Al bajar del automóvil, un policía nos abrió la puerta del edificio. En el vestíbulo, vimos a cinco policías uniformados sentados en la escalera al lado del ascensor. Sabiendo como están las cosas allá y acá ya pueden imaginarse nuestra primera reacción. Por varios minutos nos miramos unos a otros sin decir palabra. Llegó el ascensor y subimos. Nuestras anfitrionas nos aseguraron que eran policías que hacen rondas a pie y el frío era tan intenso que se estaban calentando en el vestíbulo del edificio. Haga cada quien su interpretación.
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