El pasado 21 al 27 de enero asistí en Caracas a un histórico evento: el “Encuentro Abya Yala: Expresiones de poder popular, procesos constituyentes; estudios y prácticas jurídicas alternativas, populares y comunitarias”. Abya Yala era como los indígenas Kuna del Panamá nombraban a esa gran extensión geográfica que luego del proceso de conquista, colonización e independencia se dio a conocer como la América Latina. José Martí la denominó en la alternativa Nuestra América, recogiendo así el cántaro complejo de mezclas e identidades, luchas, saberes y realidades desde las cuales debíamos construir nuestros auténticos cimientos políticos, sociales y económicos.
La convocatoria al Encuentro Abya Yala estuvo inicialmente a cargo del Programa de Formación de Grado en Estudios Jurídicos de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Coauspiciaron el magno evento la Carrera de Abogacía de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo (Argentina); la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia); el Grupo Pensamiento Crítico Latinoamericano (Venezuela); la Red de Justicia Comunitaria (Colombia); el Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos (Colombia); y la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos (Puerto Rico).
Según la convocatoria, el Encuentro tuvo como propósito la articulación continental de “movimientos, actores sociales, intelectuales, gobiernos locales y nacionales que luchen desde, y/o, por el poder popular en diferentes espacios y ámbitos para la emancipación, descolonización e instauración de procesos constituyentes”. Al mismo tiempo se propuso contribuir a “generar desde nuestras diversidades e identidades, acciones articuladoras que faciliten la construcción de redes y planes de acción en las que se puedan inscribir - como un ámbito más de la lucha - los estudios y las prácticas jurídicas comprometidas con los poderes y soberanías populares, como expresión y derecho esencial de los pueblos”.
El Encuentro estuvo organizado a base de mesas de discusión y trabajo, en las que participaron activamente sobre 150 representantes de programas de estudios jurídicos, proyectos de defensa de derechos humanos, organizaciones comunitarias, indígenas y populares, de medios alternativos de comunicación, de los siguientes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico y Venezuela.
“Apuntamos a generar espacios para la construcción de una plataforma articulada y diversa, que se concrete en espacios de lucha, frente a las agresiones del modelo civilizatorio neoliberal militarizado y a las pretensiones hegemónicas de orden mundial”, puntualizó la convocatoria.
Venezuela se ha dado a la tarea de promover una serie de iniciativas unitarias de esta índole. Sin embargo, esta es la primera que se insta para la refundación del Derecho y del Estado, a partir de los focos locales de poder, los nuevos sujetos que, más allá del Estado, constituyen las nuevas fuentes materiales de otro Derecho y otro Estado desde abajo, desde el pueblo, desde la comunidad, a partir de lógicas ascendentes, democráticamente apoderadas, y no lógicas descendentes, controladas por las tradicionales elites políticas y sociales.
Estamos ante una ambiciosa agenda de articulación de la amplia constelación de resistencias y construcciones contrahegemónicas que se escenifican en la actualidad a través de toda la América nuestra. Por ejemplo, en la mesa en la que me tocó participar, se habló sobre la necesidad de refundar la cultura política de Nuestra América desde nosotros mismos, a partir de la pluralidad de voces, espacios, culturas y posiciones desde las cuales se van forjando las transformaciones actuales. En ese sentido, se tiene que superar las visiones sectarias y excluyentes que a veces nos han caracterizado en el pasado. La revolución es el arte de sumar fuerzas a favor de las aspiraciones emancipadoras de nuestros pueblos.
Esta nueva política debe apuntalarse en el pueblo como poder constituyente. Hay que activar el poder popular constituyente que permita refundarnos y en los casos que como Venezuela en que ya se ha potenciado inicialmente dicho poder constituyente, hay que ampliar sus espacios de acción más allá del poder constituido que aspira a representarlo. En este último caso, se insistió en que el poder constituyente no puede diluirse dentro del poder constituido, aunque tampoco debe verse separado de éste. Debe mantener una autonomía relativa que le permita asegurarse que la marcha del poder cotidiano responde efectivamente a sus intereses en todo momento. El poder constituyente es el que constituye, es decir, es el único que puede realmente transformar la situación de fuerzas actual a favor de la construcción de una nueva hegemonía, la del bloque de fuerzas populares.
El nuevo Estado que se aspira a constituir es en primer lugar aquel que está encarnado en su pueblo y que responde efectivamente a los intereses de su pueblo. Tiene que ser un Estado democrático, pluralista e incluyente, es decir, pluricultural, plurinacional, comunitario. Su principal base de poder está a nivel de la comunidad y es a partir de ésta que consigue su legitimidad y asegura su pertinencia.
El nuevo Estado tiene que asimismo educar y descolonizar la conciencia, construir nuevos sujetos ciudadanos emancipados y apoderados de sus destinos, tanto individuales como colectivos.
Por otra parte, al final del Encuentro se adoptó un importante Pronunciamiento que constituye un brillante y apasionado apalabramiento del sentido de las resistencias y construcciones que se emprenden en la actual coyuntura histórica: “Nuestra Abya Yala, se encuentra en un escenario de ruptura con las cadenas del coloniaje y el capitalismo neoliberal, luchando por la consolidación y el fortalecimiento de procesos populares procedentes de luchas históricas libertarias de pueblos y naciones con sus propias dinámicas reivindicativas, cuyas banderas son las resistencias permanentes y la construcción de una pluralidad de poderes de carácter eminentemente popular que subviertan las estructuras de dominio, opresión y explotación que se preservan en nuestro continente”.
Ahora bien, se aclara lo siguiente: “No podemos equivocarnos en que si bien la lucha es contra el capitalismo y el neoliberalismo actual, este sistema económico tiene una base material histórica y cultural llamada colonialismo, nuestro principal enemigo histórico perpetuado a través de toda una estructuración jurídica, política, educativa y comunicacional”.
Al respecto abunda: “El colonialismo para nosotros no es una etapa superada. Al contrario, perdura internalizado en nuestras conductas cotidianas y vidas personales. Nos hemos convertido en seres de almas encadenadas. El Ser colonizado, el Ser una identidad colonial es nuestro principal enemigo interno.”
Nos habla de un colonialismo cuya peor expresión no es la jurídica sino la humana, la personal, la más íntima, es decir, nuestra subjetividad y cuerpo. “Por tanto, no es sólo a través de las formas tradicionales del dominio económico y político sino sobre todo en la producción de un sujeto social pasivo, cuyo comportamiento normativo es la sumisión ante todas las formas de encadenamiento de nuestra voluntad de libre autodeterminación”, declara.
“Nuestros países proceden de luchas históricas libertarias de siglos. Con las luchas de independencia logramos la emancipación formal pero no real de nuestros pueblos. A partir de ella se crearon fronteras artificiales y la continuidad de políticas coloniales enmarcadas en el modelo republicano de fragmentados Estados-Nación; e incluso la continuidad del dominio territorial absoluto como es el caso de las Islas Malvinas y Puerto Rico.”
Precisamente, en torno a Puerto Rico se manifiesta el Encuentro por “un pronunciamiento solidario y contundente a favor de la independencia total del pueblo puertorriqueño, exhortando a todos los diversos movimientos sociales y gobiernos a expresarse a favor de su libre determinación”. Igual expresión de solidaridad hace a favor de la lucha por la liberación de nuestros prisioneros políticos.
El Pronunciamiento concluye con la afirmación de que “el imperativo en nuestros pueblos es la lucha por la descolonización, la liberación social y la emancipación cultural y territorial. La pelea central es desmantelar todo para volver a construirlo a partir de un nuevo NOSOTROS”.
Y continúa: “Desde nuestra identidad construida en la lucha somos uno y muchos, un solo territorio en diversidad de culturas y pueblos. Somos Abya Yala… Somos los comunes, los que nada tenemos pero todo hacemos, capaces de construir una y mil veces si es necesario el mundo que vive en nuestro sueños. ¡El grito sigue siendo el mismo, Hasta la Victoria Siempre, Venceremos!”
De esa manera, quedó apalabrada la fuerza constituyente de lo nuevo a partir de la multiplicidad de singularidades, ese movimiento de movimientos que habita en el seno de la América nuestra.
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