Cita Histórica


Puerto Rico •  2 al 8 de julio de 2009

 

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Sin futuro el nuevo llamado de la sotana PDF Imprimir E-Mail
Manuel de J González/Claridad   

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Las recientes amenazas de líderes religiosos contra ciertas figuras políticas que no se han plegado a su campaña contra los homosexuales, no debiera asustar a estos políticos. Las experiencias conocidas, tanto en Puerto Rico como en otros países, indican que el impacto real de esos llamados es pequeño y que la gran mayoría de los electores, aun aquellos que profesan alguna religión, no mira hacia los prelados a la hora de orientar sus preferencias electorales.

Esta última incursión política de los fundamentalistas religiosos boricuas se produjo en torno a la llamada “Resolución 99”, aún debatiéndose en nuestra Legislatura. El propósito de la medida es enmendar la Constitución a los fines de establecer que el matrimonio sólo puede ser entre un hombre y una mujer. Con tal enmienda se pretende cerrarle el paso a toda acción futura dirigida a reconocer, mediante legislación o jurisprudencia, el matrimonio entre dos personas de un mismo sexo. Medidas similares se han aprobado en muchos estados de Estados Unidos y en una ocasión se produjo un movimiento, hasta ahora fracasado, para incorporar el dictamen en la Constitución de ese país. En Puerto Rico los fundamentalistas religiosos pretendieron aprovecharse del ambiente preelectoral, cuando los políticos son más susceptibles de ser presionados, para promover la resolución que convoca a la consulta constitucional. Ya lograron que el Senado diera su aprobación, pero el proyecto se ha estancado en la Cámara ante las objeciones de juristas y defensores de los derechos civiles. Tras el estancamiento, los religiosos han amenazado con desatar la ira divina contra los políticos objetores, convocando al pueblo a votarles en contra.

Si esos políticos conocieran la historia sabrían que no tienen porqué preocuparse. Experiencias recientes y pasadas indican que, en política electoral, el poder de convocatoria de esos grupos es muy limitado.

La experiencia más reciente fue en las elecciones de 2000 cuando estos mismos grupos lanzaron una campaña abierta contra Margarita Ostolaza, aspirante a senadora por San Juan por el PPD. El esfuerzo fue intenso y amplio, pero Ostolaza salió victoriosa. Posteriormente perdió en 2004 porque resultó arrastrada por el aluvión desatado contra el pobre gobierno de Sila Calderón, y no porque los ataques fundamentalistas jugaran un papel importante.

Más hacia atrás en nuestra historia – específicamente en 1960 - hay un evento mucho más importante que los escarceos electoreros de los fundamentalistas de ahora. En aquella ocasión los jerarcas principales de la muy poderosa Iglesia Católica se lanzaron abiertamente contra Luis Muñoz Marín y el Partido Popular llamando a votar contra ellos y promoviendo la inscripción de su propio vehículo electoral, el Partido Acción Cristiana (PAC).

Como ahora, fue un proyecto de ley lo que provocó la ira de los jerarcas católicos, en particular de dos que nos habían llegado desde Estados Unidos, James McManus y James Davis, obispos de Ponce y San Juan, respectivamente. El proyecto, presentado por el representante José Luis Feliú Pesquera, pretendía obligar al Departamento de Instrucción Pública a separar la última hora de un día de la semana para instrucción religiosa, la que estaría a cargo de curas y ministros. Muñoz Marín, quien era gobernador, se manifestó contra el proyecto por considerar que atentaba contra la cláusula de la Constitución que decreta la separación de Iglesia y Estado.

El asunto desató una cadena de eventos nunca antes vistos en Puerto Rico. La jerarquía católica promovió la inscripción del PAC y luego se inmiscuyó abiertamente en la campaña electoral redactando homilías de claro corte político que se leían desde los púlpitos. El 22 de mayo de 1960 convocaron a una manifestación con una asistencia que la prensa, con algo de exageración, calculó en 125 mil personas. El 30 de junio, todos los obispos de Puerto Rico suscribieron una carta pastoral, leída en las iglesias y reproducida por el diario El Mundo, donde solicitaban “negarles el voto” a partidos “que desdeñan la voluntad del pueblo” y convocaban a organizar “un partido que satisfaga sus ideales y aspiraciones”. El 18 de octubre, a semanas de las elecciones, publicaron otra carta pastoral que abiertamente condenaba el programa del Partido Popular y llamaba a votarle en contra. Tras condenar “la filosofía del PPD en cuanto a religión y moral” se convocaba a todos los católicos a no votar por ese partido.

Los obispos estaban convencidos de que, dado el poder de la Iglesia Católica en el Puerto Rico de 1960, serían capaces de derrotar al PPD o, al menos, de restarle votos a tal nivel de que luego pudieran obligarlo a aceptar sus deseos fundamentalistas en materia de educación religiosa.

Los resultados, como sabemos, fueron desastrosos para los obispos. A pesar de haber convertido las iglesias en centros de campaña política y a los curas en cuadros electorales, el PAC se quedó en 53 mil votos, mientras el PPD volvía a arrasar por todo el País. La gente iba a las iglesias a escuchar la misa, pero cerraba sus oídos cuando venía la diatriba electoral.

Es cierto que el PPD era una fuerza formidable en aquel momento y, sin duda, ése fue un factor importante para el fracaso de la cruzada en su contra; pero también es cierto que nuestro pueblo siempre ha rechazado la mezcla entre la religión y la política electoral.

Lo mismo ocurre en otros países también religiosos y mayoritariamente católicos. Ahora mismo en España, donde se celebran elecciones el próximo 9 de marzo, la jerarquía católica llamó de manera abierta a votar contra el gobernante Partido Socialista por asuntos también relacionados con el laicismo en la educación pública. El llamado, lejos de debilitar al PSOE lo ha fortalecido, y la oposición de derecha está tan molesta con el llamado religioso que ni siquiera quiere comentarlo.

Volviendo al principio, creemos que el llamado de los fundamentalistas religiosos contra los legisladores que se resisten a aprobarles su “Resolución 99” no tendrá efectos en el futuro político de éstos. Si ganan o pierden será por otros factores y no porque en esta ocasión el pueblo esté dispuesto a escuchar el llamado de la sotana.

 
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