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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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Por sus braguetas los conoceréis PDF Imprimir E-Mail
Siete Dias
Manuel de J González/Claridad   

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Otro escándalo sexual sacude a la política estadounidense. En esta ocasión la noticia salió desde Nueva York, gracias otra vez al buen ojo periodístico de reporteros del New York Times. Como todos saben, el personaje de ocasión es Eliot Spitzer, gobernador de dicho estado hasta el pasado lunes 16 de marzo. En esta ocasión el pecado de Spitzer es bastante más serio que el de otros políticos porque envuelve prostitución, vulgar explotación de muchachas jóvenes y la utilización de dinero público para alimentar su vicio.

Pero lo realmente noticioso es la frecuencia con que este tipo de escándalo aparece en Estados Unidos, país que desde hace más de 25 años tiene muchos centros de poder bajo control de la llamada “derecha cristiana”. En las últimas décadas los fundamentalistas religiosos han incursionado exitosamente en la política estadounidense, imponiendo sus normas morales y arropando con su retórica tanto instituciones de gobierno como medios de comunicación. De manera simultánea con ese despliegue de supuesta moralidad pública, se multiplican los escándalos y casi siempre los autores de éstos son los propios cruzados de la moral.

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Los ejemplos abundan y el más comentado durante los últimos días, a raíz de conocerse el caso de Spitzer, fue el enredo amoroso del ex presidente Bill Clinton con la estudiante Mónica Lewinsky, quien había sido enviada a la Casa Blanca a aprender política pública y Bill quiso darle lecciones más íntimas. Pero hay más, muchísimos más, donde junto con el enredo sexual-amoroso sobresale la hipocresía y la falsa moral.

Mientras en la Cámara de Representantes de Estados Unidos se conducía el procedimiento para residenciar a Clinton por haber mentido bajo juramento sobre su relación con la Lewinsky, quien dirigía ese proceso, Newt Gingrich, entonces presidente del organismo, andaba enredado en relaciones extra maritales con una subalterna de nombre Callista Bisek. Es decir, mientras Gingrich se enjuagaba la boca con la moral, hacía en privado lo que le condenaba al Presidente.

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Otro caso más reciente es del senador Larry Craig, Republicano por Idaho y quien también alardeaba de moralidad y valores familiares. Este individuo era, además, un homo fóbico militante que no perdía oportunidad para descargar contra los defensores de los derechos de los homosexuales. Y resulta que fue descubierto precisamente haciendo lo que criticaba, buscando favores sexuales de otro hombre. En similar faena fue descubierto Mark Foley, entonces un congresista de Florida, también Republicano, aunque tal vez la actuación de éste es condenable, no sólo por la doble moral, sino porque sus avances fueron hacia muchachos adolescentes, también enviados al Congreso a aprender política pública mientras ejercían como ujieres.

Lo realmente condenable en estos casos no son los actos mismos, sino la hipocresía de quienes se arropan con la moral de los fundamentalistas cristianos mientras hacen lo que dicen rechazar. Porque pecadores hay muchos, pero no todos intentan repartir latigazos de virtud mientras pecan.

Larry-Craig
En el caso de Spitzer, sin embargo, la situación es aún más seria. Aquí volvemos a encontrar otra vez al cruzado a favor de la ética porque el renunciante Gobernador se volvió famoso persiguiendo a los empresarios de Wall Street que traqueteaban con dinero de sus clientes o del pueblo. Una vez se convirtió en el campeón de la ética corporativa y de la moral pública, el exitoso fiscal se dirigió hacia la política partidista buscando la nominación por los Demócratas y gracias a la fama ganada consiguió ser electo al cargo.

Además de la hipocresía que se desprende de esa historia hay otros dos asuntos aún más serios. En primer lugar, todo indica que Spitzer utilizó fondos públicos o de su comité de campaña para financiar sus actividades. Sus vicios los costearon otros. En segundo lugar, el pudoroso gobernador neuyorquino andaba patrocinando y estimulando la explotación de mujeres, llenando los bolsillos de quienes se lucran con el cuerpo de jovencitas. No hay más que ver la foto de la muchacha de Nueva Jersey que acudió a su última cita, para que la figura del líder Demócrata se corone en asco.
Y ese individuo que patrocinó y estimuló la vulgar explotación de esta muchachita de Nueva Jersey, pretendía seguir como Gobernador luego de “limpiar” sus penas, con la esposa al lado, en un acto de exorcismo público. En sus planes no estaba renunciar porque, según sus propias palabras, se trataba de “un asunto privado”. Fue la amenaza de un juicio político lo que precipitó la renuncia. ¡Y pensar que este individuo fue fiscal del gobierno federal! Ya ustedes ven lo que se produce por esos lares. Para este ex perseguidor de criminales explotar muchachitas es asunto privado.

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Finalmente, es necesario hacerles un reconocimiento a los periodistas del Times que destaparon la olla de gusanos. Lo primero que se anunció por parte de la fiscalía federal en Nueva York fue un rutinario operativo contra una red de prostitución de lujo, algo bastante común en esa ciudad repleta de millonarios y de hombres de estado. Pero a los periodistas del diario neuyorquino les llamó la atención que quienes presentaron las acusaciones no fueron los fiscales de la división que ordinariamente atiende ese tipo de investigación, sino los que investigan la corrupción entre figuras públicas. Ese mero dato les sugirió que tenía que estar envuelto algún miembro destacado del Gobierno y se dispusieron a investigar hasta encontrar lo verdaderamente noticioso: que había un “Cliente número 9” que resultaba ser un funcionario electo. Muy pronto averiguaron quién era el tal número 9.

Apenas unas semanas antes el mismo diario había dado a conocer la relación del senador Republicano John McCain con una cabildera. Ahí lo verdaderamente noticioso no era la aparente relación extramarital – que en última instancia sólo compete a quienes integran el triángulo- sino el pago de favores sexuales con favores políticos. Es otro tipo de prostitución, en este caso para beneficiar a ciertas corporaciones.

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Como vemos, en Estados Unidos la doble moral no discrimina por razones políticas. Por las braguetas los conoceréis, tanto a Demócratas como a Republicanos.

 
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