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El tiempo está a favor de los pequeños |
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Creo en lo pequeño, en la reducción, en la intimidad. Los espacios enormes amenazan, hallo en ellos una violencia casi insostenible. La Tarima Estrella del Festival de Claridad es un espacio alternativo dentro de la propia estridencia que supone cualquier festival. Un lugar distintivo donde llegan los interesados, donde ojo, oído e intuición se funden en una experiencia.
Aquí están plasmados algunos de los momentos clave de la Tarima Estrella el pasado fin de semana. La presencia de los grafiteros de la Galería Guatibirí, quienes crearon en una noche un homenaje plástico moderno a Juan Antonio Corretjer, en el centenario de su natalicio. La versatilidad del grupo Jóvenes del ’98 afianzando su arte junto a su maestra y guía Maritza Pérez Otero. La increíble vigencia y flexibilidad de Una de cal y una de arena, del grupo teatral Agua, sol y sereno, que celebró junto a nosotros en su décimo quinto aniversario de vida. La feroz inspiración del guitarrista clásico puertorriqueño José Antonio López, quien ofreció un concierto breve acompañado del sonido insistente de la lluvia y de la gente que subió hasta donde él para desafiar el mal tiempo con una guitarra a veces tajante, a veces frágil, a veces fugaz, a veces eterna.
El taller de máscaras de Lowell Fiet, con el propósito de que los niños y las niñas aprendan a fantasear, a imaginar y crear sus propios héroes y heroínas, o acaso esos personajes que alguna vez querrían ser.
Terminamos el domingo con la presentación de Jorge Arce y su espectáculo Afrocaribeño, donde cada persona del público tenía un espacio para crear música y bailar, aunque fuera por una sola vez en la vida.
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