Reggaetón: El mejor negocio de la industria musical Primero de una serie
¡Oye como va!
Irvin García Especial para En Rojo
Me tiro al ruedo de la convocatoria hecha la semana pasada para intercambiar ideas acerca del reguetón o reggaetón (como quieras escribirlo AM), fenómeno que ha venido levantando varias ronchas desde que Velda González, siendo senadora, denunció como impropio para después terminar moviéndose a su ritmo (perreando diría mi amigo AM) en una tarima pública.
El origen de este fenómeno hay quienes lo trazan a los años 70 en la voz del cantante y compositor Glenn Monroig, quien “rapeó” en una de sus canciones. El doctor Pérez Rolón, catedrático y creador del Programa de Música Popular de la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, le adjudica el origen a dos puertorriqueños en una esquina del South Bronx que entre rumba y rumba rapeaban su realidad. De otra parte, muchos opinan que el Mr. con macana, de Roy Brown fue el comienzo del controversial fenómeno (lo sé AM, ¡‘pérate! Por ahora quiero llamarle así, fenómeno solamente, al final de las reflexiones y los intercambios de ideas llegaremos a darle nomenclatura, ¿Okei?) . Dónde o a quién adjudicar sus inicios, para efecto de este “rapeo” no es tan importante cómo explicarnos este fenómeno que ha roto con todos los esquemas del ambiente musical local e internacional en los últimos 15 a 20 años.
Recuerdo una época donde, en la ya desaparecida tienda de discos Casa de los Tapes, se agrupaban jóvenes, en su mayoría menores de edad, al fondo de la tienda para adquirir el más reciente cassette de lo que llamaban underground y que la tienda trataba de vender clandestinamente, ya que no eran producciones profesionales de audio. El underground era una producción casera que aprovechó la apertura de la nueva tecnología de audio al alcance del consumidor promedio en la cual sus exponentes venteaban a viva voz, de forma retante, agresiva, con un vocabulario florido, con todas las palabras que en su casa, la escuela y la sociedad no le permitían decir. Hay un desafío al orden que ellos perciben establecido: la pobreza, la marginación, la violencia autoinfligida, la opresión, el hastío de ser catalogados como los condenados de la tierra. Entonces encuentran una identificación caribeña en el movimiento del reggae caribeño. Comienza una tendencia a llamarle reggae al recitativo libre con una pista de ritmo y sonidos a lo que están haciendo, aun cuando las características musicales y de ritmo no responden al reggae jamaiquino. El llamado reggae local tiene sus acentos rítmicos en los tiempos uno y tres. Esto es: bum, 2, bum, 4. Mientras el raggae jamaiquino acentúa el ritmo en los tiempos dos y cuatro. Esto es 1, páh, 3, páh. (OK AM, cuenta cuatro consecutivamente y acentúa el uno y tres en el primer caso, y el dos y el cuatro en el segundo). Mientras tanto figuras como Vico C ya habían hecho un nombre en el estilo del “rap” creado en los ghettos de las grandes ciudades de los Estados Unidos. Surge entonces una mezcla evolutiva entre el rap y el reggae cuyo producto es el fenómeno que conocemos hoy como reguetón, que ha generado toda una subcultura sin restricción de clases sociales y edades.
Mientras tanto, desde Vico C, la industria disquera le venía echando el ojo a la creciente aceptación de los jóvenes hacia este tipo de expresión que no sólo decía cosas fáciles de entender sino que ofrecía acceso a un baile fácil y sensual. Más temprano que tarde se avalanzaron como pulpos las compañías disqueras ofreciendo villas y castillas a los llamados cantantes del reggaetón. Encontraron la gallina de los huevos de oro. Una forma de producir discos con costos ridículamente bajos; el DJ prepara y programa una pista con el ritmo genérico del reggaetón, se va al estudio de grabación y el “cantante” recita sus “versos” leyéndolos de una libreta Superior, con las tablas de multiplicar al dorso ignoradas. Quedaron fuera los costos de arreglos musicales, músicos y los costos de largas horas de grabación en búsqueda de una excelencia artística y musical. Las ganancias elevadas a un 300% por ciento o más se fueron de aquí a las arcas de estas compañías extranjeras (-tranquilo AM- mi amigo se agita con sobradas razones,. Hubo un tiempo en que existieron compañías disqueras locales pero la globalización llegó temprano a este negocio y la actividad de intercambios y negocios de música de la Parada 15 quedó desierta. Un gran “vakium cliner” de varias mangas se los chupó a todos.) . Negocio redondo cuando vistes y adornas esa subcultura con la ropa y accesorios que les crearán un sentido de pertenencia artificial a sus componentes.
Negocio redondo también para los intérpretes que de la noche a la mañana, se encuentran viajando en vehículos sobre el nivel de altura del carro promedio que circula en nuestras calles. Negocio redondo cuando en una noche, viajando en limusina, con los “goodies” a su antojo, recoges unos cuantos miles de pesitos en efectivo presentándote a “cantar” de discoteca en discoteca hasta que llega el alba. Negocio redondo cuando, con el salto a la fama, te tratan con deferencia y te montan en aviones, primera clase, para “media tours” y presentaciones fuera del archipiélago borincano. Aunque todos los costos se los deduzcan luego de sus ganancias por la venta de discos, es tan bueno el negocio que aún así se recibe buen dinero.
El resultado es que la industria disquera creó el fenómeno del reggaetón Se saturaron todos los medios de comunicación masiva con el mismo ritmo, variados adornos sonoros y temas desde lo sexual a la violencia, sin faltar la “tiraera”, (la misma mierda con distinto palito- explota AM-) que a mi entender es otra forma de promocionar el fenómeno. Fenómeno que no sólo tiene a una joven generación cautiva sino también a la que pertenecen sus padres, a jóvenes y no tan jóvenes profesionales. El espectro es más amplio de lo que suponíamos.
Ahora bien, el efecto que el fenómeno ha causado a la clase artística musical del país es un golpe al “centro ‘el pecho” que ha dejado a muchos sin respiración y a otros ha obligado a tirarse al charco a tratar de alcanzar la ola. El resentimiento ha calado en los músicos profesionales quienes, tras mucha preparación y disciplina, son desplazados en los estudios de grabación y en presentaciones personales. Aunque el fenómeno ha venido usando músicos en sus presentaciones, su participación es un “frostin” de tercer o cuarto plano. Lo que va al frente es el ritmo grabado al que tienen que someterse y tocarle encima. Las preguntas obligadas entonces son: ¿Cómo es posible que a esta jeringonza con ritmo repetitivo en cada compás pueda llamársele música? ¿Cómo es posible que a una gente que lo que hacen es hablar aparentes incoherencias rápido y a aquellos que hacen un coro o mingüe melodía de cuatro compases desafinados pueda llamárseles cantantes? ¿Cómo es que tengo que aceptar que invadan nuestro campo de trabajo y sean protegidos por la ley para la protección de la música autóctona puertorriqueña, pues el reggaetón ha sido cualificado como música autóctona puertorriqueña?
Estas son las preguntas que nos proponemos abordar en esta serie de artículos. Recuerda que si tienes opinión formada estás convocado a remitirla a la dirección electrónica de la jefa
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Mi amigo AM me señala que todavía estoy muy rosita para tener una dirección electrónica en En Rojo.