Cita Histórica


“Nunca llegaremos a merecer el respeto de un pueblo libre como el americano
si seguimos pidiendo qué debe hacerse con nosotros…
la soberanía nacional es la creadora…”
                                                                                
  Juan Santiago Nieves

 

Puerto Rico • 15 al 21 de mayo de 2008

 

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Carta de Géigel Polanco PDF Imprimir E-Mail
Cápsula Histórica
Preparada por: Carlos Gallisá   

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El 9 de febrero de 1940 Vicente Géigel Polanco le escribió la siguiente carta a sus compañeros en el Partido Popular, Samuel R. Quiñones, Ernesto Ramos Antonini, Víctor Gutiérrez Franqui y Francisco Susoni expresando su sentir ante la decisión tomada por Luis Muñoz Marín del eliminar el status político del programa del PPD para las elecciones de 1940. De esa decisión de Muñoz surge la célebre consigna “el estatus no está en issue” y a la cual se aferró Muñoz para frenar toda discusión de independencia dentro del PPD.
“Mis queridos amigos y compañeros:

El miércoles de esta semana almorcé en San Juan con Muñoz Marín, en compañía de Fernando Sierra Berdecía y Manuel Rivera Matos. Muñoz invitó. Sabía de nuestra protesta contra sus recientes manifestaciones sobre el programa de la independencia del partido, y evidentemente quería explicar su posición.
Habló con absoluta claridad por espacio de dos horas, haciéndonos conocer su determinación de descartar la independencia del programa y limitar la labor del partido a la gestión de proyectos de rehabilitación económica y social dentro del régimen vigente.

Hizo constar sin rodeos que ya no se trata simplemente de silenciar la propaganda independentista como una táctica política aconsejada por las circunstancias del momento, sino de no comprometer al partido en forma alguna en cuanto a soluciones políticas.

En este particular, saben ustedes que en las declaraciones que autorizó para El Mundo del martes llegó a afirmar que no interpretará los votos que se den a favor del Partido Popular como votos a favor de ningún estatus político específico. Conocida la plataforma del partido, esto es, sin duda, un absurdo, monstruoso e inmoral, no sólo porque todo voto a favor de un partido implica endoso a sus postulados básicos, sino porque el Partido Popular ha declarado categóricamente que es ‘su propósito demandar el reconocimiento inmediato de la soberanía de Puerto Rico’. Desde luego que Muñoz Marín no cree que su manifestación sea absurda, monstruosa  e inmoral porque, para todos los fines prácticos, él ya da el programa por enmendado a base de la eliminación de la independencia.

¿Es así como se cumple el programa del partido? ¿Puede acaso el Presidente de la colectividad, por su cuenta y riesgo, dar un puntapié al programa de la independencia, que es lo fundamental en la plataforma de este partido? ¿Es así como se acata la voluntad soberana de la asamblea de Arecibo? ¿Es así como esta colectividad va a realizar sus postulados? ¿Es ése el sentido democrático que este partido pretende incorporar a la política puertorriqueña? ¿Imagina que con estas tácticas va a sanear el ambiente de podredumbre que hay en Puerto Rico? ¿No fue precisamente porque otros líderes políticos hicieron caso omiso de los ideales de independencia, volviendo la espalda al programa y a la voluntad de las asambleas, que se fundó el Partido Popular Democrático para hacer respetar y cumplir ese programa y hacer respetar y acatar la voluntad de esas asambleas?

Muñoz Marín cuenta con nuestro cariño, nuestro respeto y nuestra estimación, pero él no tiene autoridad para descartar, como ha pretendido hacerlo, las aspiraciones políticas de este partido, que se ha creado fundamentalmente para demandar el reconocimiento de nuestra soberanía. Que en las circunstancias actuales no fuera prudente hacer intensa propaganda independentista -porque el partido está aún en vías de organización, porque los sucesos ocurridos en Puerto Rico durante los últimos años hayan dado margen para que muchos tengan un concepto equivocado de la independencia, porque la situación internacional no brinde la más favorable coyuntura para tal movimiento- se explica, se comprende y acaso hasta podría justificarse. Pero, de esperar mejor oportunidad para luchar abiertamente por la independencia, a descartar esa aspiración del programa, media un trecho tan considerable como el que va de la prudencia a la claudicación.

Sin una parte del país teme a la independencia; más aún, si el pueblo no la quiere porque no la comprende, es deber del partido y de todos los que sinceramente anhelan el reconocimiento de nuestra soberanía nacional, enseñar a los puertorriqueños a comprenderla para que aprendan a quererla y se dispongan a luchar por ella.

Yo no sé, mis buenos amigos, cuál es la actitud de ustedes. En lo que a mí respecta, entiendo que es mi deber denunciar públicamente esta situación, no tanto con ánimo de influir en la opinión de los populares para que eviten la desorientación de un partido que se ha organizado con la enorme fuerza moral que da la dedicación a un ideal de libertad y de justicia, como para que quede constancia de que no me hago solidario de una política, que sería tan colonial en sus realidades y en sus alcances como la que propulsan los demás partidos. ¿Están ustedes comprometidos a defender esta política? ¿Están ustedes igualmente decididos a eliminar la independencia de la plataforma del partido? ¿Creen ustedes acaso en la posibilidad de asegurar la felicidad de nuestro pueblo dentro de las férreas limitaciones de este régimen? ¿No creen que el alto aprecio que sentimos por Muñoz Marín nos obliga a todos sus amigos y compañeros a agotar los recursos a nuestro alcance para convencerle de que ha tomado un falso derrotero, por el que necesariamente ha de desorientarse el partido y malograrse la eficacia de su gestión pública?

Estamos en tiempo de hacer algo por el amigo, por el partido y por el país. Los invito a actuar.

Cordialmente,

Vicente Géigel Polanco
[firmado]

Tomado de: La Independencia de Puerto Rico. Sus bases históricas, económicas y culturales.



 
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