Cita Histórica


“Nunca llegaremos a merecer el respeto de un pueblo libre como el americano
si seguimos pidiendo qué debe hacerse con nosotros…
la soberanía nacional es la creadora…”
                                                                                
  Juan Santiago Nieves

 

Puerto Rico • 15 al 21 de mayo de 2008

 

portadas



Buscar
El mar en la poesía de Palés: La esponja alegórica PDF Imprimir E-Mail
Portada
Rafael Rodríguez Cruz Especial para En Rojo   

Image
En ti ahora, mulata,
me acojo al tibio mar de las Antillas.
Agua sensual y lenta de melaza,
 puerto de azúcar, cálida bahía…
(Tuntún de pasa y grifería)
Al considerar la temática del mar en la obra de Luis Palés Matos, brota a la mente enseguida su poesía antillana y negrista. En ella, el mar no es sólo el contexto geográfico de la creación poética, sino también un elemento integral de la lírica. Lo antillano, hay que admitir, presupone por definición el Mar Caribe, tanto física como culturalmente.

No obstante, Palés Matos -al igual que muchos otros poetas de Nuestra América- también trató el tema del mar abstractamente; es decir, el mar como tal o, si se quiere, la pura idea del mar. El poeta argentino Jorge Luis Borges hace tiempo dio expresión maravillosa a esa inquietud que el mar ha provocado siempre en la musa de todos los grandes poetas del mundo: Antes que el sueño (o el terror) / tejiera mitologías y ¿cosmogonía?, / antes que el tiempo se acuñara en días / el mar, el siempre mar, ya estaba y era. / ¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento / y antiguo ser que roe los pilares / de la tierra y es uno y es uno y muchos mares / y abismo y resplandor y azar y viento? (El Mar, Jorge Luis Borges).

De particular importancia al respecto nos parece el poema Canción de mar, que Palés Matos incluyera en la segunda edición de su libro Tuntún de pasa y grifería. Este poema es un intento genuino del insigne poeta guayamés Luis Palés Matos de dar respuesta a la pregunta que se hace Borges: ¿Quién es el mar? Se trata de una inspiración de estilo épico, en que Palés toma al mar como punto de partida para una visión verdaderamente universal de las cosas que nos rodean.

La esponja alegórica
  Palés dividió su poema Canción de mar en tres partes primordiales. En cada una de ellas, el poeta guayamés desarrolla progresivamente la idea del mar como fundamento de una visión mito-filosófica de contenido universal. Se trata del mar considerado en tres dimensiones distintas: como semidiós soberano, como deidad desplegada y como fuerza universal. Consideremos cada una por separado.

(i) El mar como semidiós soberano. La primera parte o segmento de Canción de mar consta de tres estrofas cortas, con un fuerte sentido alegórico, en que Palés construye la imagen del mar como un semidiós originador de las cosas que nos rodean. La similitud con la mitología griega es aquí patente, pues el mar es proyectado enseguida como una deidad soberana que, si bien actúa como fuerza creadora, no escapa a la volición de Dios. La relación entre el mar y Dios es aquí similar a la de Poseidón con Zeus en la lírica homerista. Mas, ese principio creador que Palés Matos ve en el mar, adopta en su poesía la forma, no de un dios mitológico fantástico y tradicional, sino la de un trabajador humilde y laborioso. En una estrofa nos los muestra como el arquetipo del obrero industrial en overol azul; en otra, del jornalero agrícola que surca el campo; y más adelante, del minero que labora en las grutas de coral y madrépora. Es decir, aunque la influencia de la mitología griega es innegable, Palés crea una serie de imágenes originales que reflejan una visión contemporánea del mundo y escapan, así, a ser meras copias de la lírica homerista. Canción de mar es un poema épico escrito en primera persona para ser cantado por los aedos de nuestros tiempos:

Dadme esa esponja y tendré el mar
El mar en overol azul
abotonado de islas
y remendado de continentes,
luchando por salir de su agujero,
con los brazos empujando las costas.
Dadme esa esponja y tendré el mar.
Jornalero del Cosmos
con el torso de músculos brotado
y los sobacos de alga trasudándole yodo,
surcando el campo inmenso con reja de oleaje
para que Dios le siembre estrellas a voleo…
(ii) El despliegue del mar. La segunda parte del poema Canción de Mar está formada por dos larguísimas estrofas que Palés coloca entre paréntesis. Ambas están redactadas en un estilo muy semejante al de la poesía épica en obras clásicas como La Odisea. Es decir, Palés hace una especie de intermedio para brindarnos lo que él llama el despliegue del mar.

Estructuralmente hablando, esta interrupción se parece mucho a la que efectúa Homero en La Odisea (rapsodias 9 a la 12), donde el protagonista, Odiseo, narra en detalle a Alcinoo los lugares y fenómenos marinos que vio desde su salida de Ilión hasta la llegada a la isla Ogigia, morada de la diosa Calipso. Palés nos lleva ahora en un viaje imaginario por todos los mares y rincones del planeta, donde somos testigos, oculares y auditivos, de las diversas manifestaciones espectaculares de esa fuerza sobrenatural que es el mar.
 
Image
El uso alegórico de la esponja es aquí de un gran poder a la imaginación del poeta. Las esponjas naturales –uno de los utensilios de limpieza más comunes en la historia de la humanidad- son en realidad remanentes o esqueletos de animales prehistóricos.  Cuando están vivas, los biólogos marinos las llaman poríferos, pues se alimentan filtrando el agua del mar –vía sus canales radiales o cámaras internas- para obtener la alimentación consistente en bacterias y otras partículas orgánicas. Han estado en el planeta por cerca de 600 millones de años, no obstante su apariencia insípida en la labor de limpieza doméstica. La mitología griega antigua, sin embargo, fue más noble con las esponjas. Homero le atribuye ojos, cualidad que Palés les confiere también en sus imágenes poéticas.  Las esponjas nos dan el mar con tan sólo mirarlas. Han estado en todos los lugares del mundo submarino y del planeta. A veces nadan; a veces se adhieren a la profundidad de los océanos. Cada esponja filtra, en 24 horas, agua de mar equivalente a doscientas mil veces su volumen físico. Por ellas pasan los mares y océanos del mundo, dejando quizás no sólo bacterias sino recuerdos y experiencias.

Al igual que en todo gran poema épico, el viaje que hacemos junto a Palés tiene varios trayectos o porciones. En un tramo inicial vamos desde los mares de China y Asia hasta el Caribe nuestro. Esto nos permite conocer, entre otros fenómenos naturales, los tifones, el monzón asiático y los huracanes:
   
(Ved el tifón oblicuo y amarillo de China,
con su farolería de relámpagos
colándose a la vela de los juncos.
Allá el monzón, a la indostana,
el pluvioso cabello perfumado de sándalo
y el yagatán del rayo entre los dientes,
arroja sus eclécticas bengalas
contra el lujoso paquebote
que riega por las playas de incienso y cinamomo
la peste anglosajona del turismo.
Sobre su pata única, vertiginosamente,
gira y gira el tornado mordiéndose la cola
en trance de San Vito hasta caer redondo.
Le sigue el huracán loco del trópico
recién fugado de su celda de islas,
rasgándose con uñas de ráfagas constantes
la camisa de fuerza  que le ponen las nubes.
 
Nótese que aquí Palés toma como punto de referencia a todos los mares del planeta y no solamente el Mar Caribe, como -por el contrario- sí lo hace en su poesía antillana. El mar que le interesa aquí como objeto de la creación lírica es lo que Borges llama el mar que es uno y muchos mares, o sea, el mar universal. Es decir, en la poesía épica de Palés, el Mar Caribe tiene tanto valor como cualquier otro mar del mundo. Es tan sólo un momento diferenciado del gran despliegue o exhibición.

El otro tramo del viaje mágico en Canción de mar nos lleva desde África y el Oriente Medio hasta los polos extremos del planeta. Palés habla aquí del final despliegue del mar, como queriendo insistir en que se trata de una secuencia de fenómenos e imágenes marinas fabulosas. Así, logramos junto a él conocer ahora al simún africano, la cellisca de Egipto y el iceberg que viene del norte polar:
   
En el final despliegue va el simún africano
-seis milenios de arena faraónica-
con su reseco tufo de momia y pirámide-
la cellisca despluma sobre el agua
su gigantesca pájara de nieve.
Trombas hermafroditas
con sombrillas de seda y voces de barítono
cascan nueces de trueno en sus gargantas.
Pasa el iceberg, trono al garete,
del roto y desbandado imperio de los hielos
con su gran oso blanco
como un Hakoón polar hacia el destierro,
levantando el hocico cual si husmease en la noche
la Osa Mayor rodada del ártico dominio…).

No debe pasar inadvertido al lector o lectora, la mención que hace Palés del tema de la política y el medio ambiente natural. En una estrofa se trata del lujoso paquebote que riega la peste anglosajona del turismo. En otra, del roto y desbandado imperio de los hielos. Y es que Palés, como pensador profundamente sensible al medio ambiente natural, no podía sino sentir una gran preocupación por el deterioro de la naturaleza bajo el régimen de dominación imperial en todo el planeta. El iceberg es un trono al garete. Sobre él viaja nada más y nada menos que un gran oso blanco -como Haakón polar- hacia el destierro. La imagen resulta fabulosa no sólo por el significado de los cambios climáticos sobre las especies, sino porque Hakoon era el nombre del monarca noruego que resistió los avances del fascismo en ese país durante la Segunda Guerra Mundial y devino símbolo de la independencia de los pueblos. 

Mitológicamente hablando, en este intermedio Palés nos brinda al mar de una forma un poco distinta a las primeras tres estrofas de Canción de mar. Allí era una deidad soberana que seguía el arquetipo del trabajador común. Aquí, los distintos fenómenos naturales conectados con el mar aparecen no como dioses primarios, sino como la personificación misma del mar, semejante al ponto de que nos habla Homero en La Odisea, lleno de monstruos y deidades subordinadas a Poseidón. El mar tiene vida propia, queda personificado, pero no es deidad suprema. Lo mismo ocurre en la poesía homérica, donde el mar es, simultáneamente, deidad soberana (Poseidón), dios menor (Proteo), mar personificado (el alborotado ponto, que abunda en monstruos) o, simplemente, ambiente físico natural en que discurre la gran epopeya (mero mar).
 
 (iii) El mar como fuerza universal. La tercera, y última parte, de Canción de Mar comienza de manera semejante a todo el poema, con una imagen del mar como un semidios que adopta la forma corpórea de un minero. Sin embargo aquí no se trata del mundo de la superficie acuática, sino de lo sumergido, de las junglas submarinas y floras de trasmundo. Es éste un lugar en que, al igual que en el reino del dios egipcio Proteo, el anciano de los mares, operan reglas particulares de lo hermoso, de la luz y los sonidos. Es un mundo igualmente fabuloso, pero invertido: Dadme esa esponja y tendré el mar. / Minero por las grutas de coral y madrépora / en la cerrada noche del abismo / - Himalaya invertido- / le alumbran vagos peces cuyas linternas sordas / disparan sin ruido en la tiniebla / flashes de agua de fósforo / y ojos desmesurados de escafandra…

Una vez mostrada la unidad diferenciada de la superficie y lo sumergido, Palés nos conduce al clímax de su poema épico. Se trata de la séptima estrofa de Canción de Mar,  donde se nos muestra al mar, no ya como ente mitológico creador del mundo físico que nos rodea, sino como instrumento en manos del poeta para dar origen a pensamientos universales. El mar, dice Palés, vive un conflicto entre su sino de forzado eterno y su naturaleza infatigable y rebelde. Pero en manos del poeta es también herramienta de creación de todos los grandes fenómenos: el día, las lluvias, las tinieblas, la comunicación humana y, en particular, las visiones místicas y religiosas que aspiran a la preservación del mundo y de los seres humanos. Por eso, el peso de la estrofa y de la lírica lo lleva en adelante el uso repetitivo de la preposición para, vocablo que denota el fin o término a que se encamina una acción:

Dadme esa esponja y tendré el mar.
El mar infatigable, el mar rebelde
contra su sino de forzado eterno
para tirar del rischa en que la Aurora
con rostro arrociblanco de luna japonesa
rueda en su sol naciente sobre el agua;
para llenar las odres de las nubes;
para tejer con su salubre vaho
el broderí intangible de las tinieblas; 
para lanzar sus peces voladores
como últimas palomas mensajeras
a los barcos en viaje sin retorno;
para tragarse –hindú maravilloso- 
la espada Vishnú de la centella;
y para ser el comodín orfebre
cuando los iris, picaflores mágicos,
tiemblan libando en su corola azul,
o cuando Dios, como para distraerse,
arrójale pedradas de aerolitos
que él devuelve a las playas convertidas
en estrellas de mar y caracoles.
 
Canción de mar trata, pues, de la universalidad de la experiencia humana. De ahí que Palés invoque, en la misma estrofa, al Dios cristiano y a la mitología griega, a las creencias budistas y al pensamiento divino hindú. Particularmente significativa, pensamos, es la mención de Vishnú, la deidad suprema de India y Asia, que vela por la preservación de la raza humana. Vishnú, que reencarnó nueve veces, carga en una de sus manos el caracol marino con que anuncia la victoria sobre los demonios. La mitología hindú también nos la muestra como la deidad restauradora del equilibrio moral en tiempos de crisis y desolación. Rischa, por su parte, es el nudo que ata los dos extremos de la constelación Piscis. Desatándolo, se da comienza al día. ¿No acaba acaso todo gran poema épico con un llamado a la paz y al comienzo de un nuevo día? ¿Por qué no ha de concluir Canción de mar, como las grandes creaciones épicas, con el ser humano alcanzando sus objetivos más nobles y razonados, aunque sea al amparo de los dioses?   
 Dadme esa esponja y tendré el mar. / Hércules prodigioso / tallado a furia de aquilón y rayo / que hincha el tórax con ansia de infinito, / y en gimnástico impulso arrebatado / lucha para salir de su agujero / con los brazos tendidos empujando las costas…

 
Claridad en la Nación
Claridad en Nuestra América
Claridad en el Mundo
Comentario
Siete Días
Mirada Laboral
Claridad en los deportes
Las canto como las veo
Opinión Libre
Me mudo a la Esquizofrenia
Claridades
Breves Históricos