No es nada nuevo, la crítica especializada del poeta español de la Generación del 27, Pedro Salinas, lo advierte. (Salinas, Pedro. El Contemplado, Todo Más Claro y otros Poemas. Clásicos Castalia, España, 1996. Edición y Prólogo Francisco J. Diéz De Revenga). En su magno poema “El Contemplado” (1946), al observar el mar de Puerto Rico, en su exilio eterno por la Guerra Civil Española (el poeta vivió hasta su muerte en Puerto Rico, donde está enterrado, frente del mar Isleño); el poeta atraviesa y describe una experiencia místico-marina, hija quizás de su conocimiento y estudio del místico español y poeta, San Juan de la Cruz.
Como bien apunta la intelectual boricua Margot Arce de Vázquez, el gran poema saliniano, puede dividirse en dos partes iguales. (Hay que recordar que el poema se estructura en un Tema inicial y Catorce Variaciones). La primera de las dos partes, es la que transita las vías de la mística: Variaciones I, (Purgativa o de búsqueda inicial a tientas), (II Transición hacia la luz o Vía Iluminativa), (III. Descanso y entrega al disfrute de la presencia de “el Contemplado”) y (IV, Vía unitiva; unión gozosa con el Mar, “amado”, deseado).
Existe un camino místico-marino en la Variación V. (Pareja muy desigual), objeto de estas reflexiones que continúa en la VI, donde el amante se gusta y regusta en “el confín” del mar, donde todo secreto místico le es develado y culmina en la VII. Variación; que describe una cópula feliz amante-amado en un arrebato eterno y se sitúa en el clásico y garcilasiano “locus-amoenus”, donde “no hay soledad, es todo compañía”. (Salinas, de acuerdo con la crítica, conoce la obra del poeta clásico español Garcilaso de la Vega).
La variación V. En la que nos detenemos aquí, evoca y recrea claramente el poema místico “Noche Oscura”, de San Juan de la Cruz, cuando describe la unión transformada en un solo ser amado, en nuestro caso, la del Mar-Contemplado y su amante, (el actuante o voz poética).
La estructura “mística” seguida por Salinas en su poema, no es, sin embargo, una estrictamente religiosa, aunque sí la emula. Para Salinas, el mar será el vehículo para, en una contemplación marina (al igual que hace Fray Luis de León en su Oda con la música de “Salinas” el músico), sumergirse en un mundo espiritual añorado e inmanente, que lo aleje del engañoso mundo materialista, cotidiano y lo lleve a un encuentro consigo mismo elevándolo a su realidad última, la salvación en su amado contemplado: “y de tanto mirarte, nos salvemos”. Al igual que el Lorca de “Poeta en Nueva York”, Salinas desprecia y contrasta un universo materialista con el mundo espiritual anhelado; asesinado por el hombre deshumanizado y sus entornos. (Variación X).
Tal como el Santo, Salinas trabaja una metáfora amorosa de pareja: el Amado (el mar), contemplado por la Amada (la voz) poética humana, en arrebato místico:
“¡Qué pareja tan hermosa // esta nuestra, Contemplado!...” Dice San Juan en su “Cántico Espiritual”- “gocémonos, Amado,...”. En su “Noche Oscura,” dialoga: (el alma) “...ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía”. Salinas mira y se mira en “La mirada de mis ojos, (amada) y tú (el amado, contemplado) que te estoy mirando”.
La luz que, al iluminar guía, es símbolo común en ambos poemas: “A tu resplandor me entrego, igual que el ciego a la mano; se siente tu claridad hasta en los ojos cerrados”,...
dice Salinas. Para Juan de la Cruz, la luz-guía que arde es el corazón que le dirige, “más cierto que la luz del medio día”. Ambas parejas de amantes, la de Salinas y la de Juan de la Cruz, viajan a puerto seguro para abandonarse sin cuidado en los brazos seguros del amado; y no querer regresar jamás a un mundo, solitario e inhóspito de aspereza materialista:
“Por tanta luz tú no puedes // conducir a nada malo... Sale de mis ojos... se me marcha por tus campos, coge...las dádivas de tu espacio. Cuando vuelve, vuelve toda // encendida de regalos... ¿ Conservar // un amor entre unos brazos?” (Salinas) “En mi pecho florido que entero para él sólo se guardaba allí quedó dormido... Quedéme y olvidéme...cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado”. (San Juan). “Lo que se ha mirado así, día a día, enamorándolo, nunca se pierde // por que ya está enamorado”. (Salinas).
La vía unitiva, o la unión gozosa y eterna de los amantes, se evidencia en metáforas similares entre los dos poetas: “El mirar no tiene fin: si ojos hoy se me cerraron... mañana se me abrirán, cuando el alba te rescate, otros ojos más amantes, para seguirte mirando “. (Salinas). “...ni yo miraba cosa sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía”. (Juan de la Cruz).
La contemplación del “Mar” de Salinas participa de un arrebato místico y de un clima amoroso, similar al de Juan de la Cruz:
“... y todos mis sentidos suspendía...”. “Porque estás hecho de siglos me curaste de arrebatos; se aprende a mirar en ti por tus medidas sin cálculo...” (Salinas)
Finalmente, ambos poetas acopian símbolos similares: así; la sensación de goce real, el viento que adormece y despierta a realidades anticipadas, las dádivas de los amantes, un camino presentido y añorado hacía la contemplación, la unión y la transformación última:... ¡Qué pareja tan humana esta nuestra,...! - dos nada más: día y noche-gozosamente despacio”. (Salinas).¡Amado con amada, amada en el amado transformada! (Juan de la Cruz).
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