“Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libro yo”, podrían (y deberían) decir los puertorriqueños sobre el presidente del Partido Nuevo Progresista (PNP) y candidato a la gobernación Luis Fortuño. Casi desde su elección como Comisionado Residente a principios del cuatrienio, Fortuño estuvo enfrentado a Pedro Rosselló por disputarle la presidencia del PNP y la candidatura a la gobernación. Durante ese tiempo se proyectó al país, –con el apoyo de El Nuevo Día, que contribuyó mucho en la proyección de esa imagen– como un líder de nuevos estilos, inclusivo, abierto al diálogo, por encima del partidismo y dispuesto a promover el cambio. Esa imagen se dramatizó con más fuerza ante la respuesta violenta y furibunda de Rosselló, Jorge Santini, Thomas Rivera Schatz y otros líderes rossellistas que le lanzaron una brutal campaña en contra a Fortuño que le ayudó a proyectarse como víctima.
Pero no bien aseguró la presidencia y la candidatura a la gobernación, Fortuño se deshizo de aquel ropaje de líder político de nuevo cuño, conciliador, de nuevos estilos. Fortuño se ha ido presentando ante el país como un político que, igual que su anterior líder y mentor, privilegia a su partido sobre el país, está dispuesto a llevar al país a una crisis económica mayor con tal de que sus legisladores no aprueben legislación que entienden que pudiera beneficiar electoralmente a la administración de Aníbal Acevedo Vilá, y al igual que Rosselló, prefiere dejar al Tribunal Supremo debilitado al no exigir de sus legisladores que atiendan seriamente los nombramientos que podría enviar el Ejecutivo, porque esperan quedarse con todo de prevalecer en las elecciones de noviembre: jueces del Supremo, Contralor, Oficina de Ética Gubernamental, Procuradoría de la Mujer, y decenas de nombramientos de jueces y fiscales, cuyas designaciones están hoy paralizadas en el Senado que preside Kenneth McClintock.
No defiende a Puerto Rico Si bien es cierto que el comisionado residente no tiene voto en el Congreso de Estados Unidos, para defender a Puerto Rico lo menos que se esperaría es que dejara constancia vocal de su defensa de los puertorriqueños. Pero en el caso de Fortuño, ha sido muy poco lo que ha defendido a la Isla durante los ya casi cuatro años en la citada posición.
Por el contrario, en las ocasiones en que Fortuño ha tenido la oportunidad de votar en comisiones sobre medidas que afectan a Puerto Rico de forma directa, éste se ha ausentado para no tener que enfrentar la oposición o no llevarle la contraria a sus colegas Republicanos, según constatamos de fuentes públicas del Congreso y entrevistas a conocedores de los procesos en Wáshington. En el año 2007 solamente, el Comisionado Residente se ausentó de muchas votaciones para no tener que tomar posición. La conducta más reciente fue a mediados de marzo cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos debatió el Presupuesto Federal para el año fiscal 2008-09. En ese momento el Caucus Republicano presentó enmiendas para recortar de manera drástica $26 millones anuales que recibe Puerto Rico para programas a la comunidad de servicios sociales para niños y familias de escasos recursos y otros programas de salud como Medicaid y $13 millones en otros programas. Aunque 38 congresistas Republicanos votaron en contra de esas enmiendas, Fortuño ni siquiera las repudió y se ausentó en el momento de la votación. Por otro lado, el Caucus Afroamericano y el Caucus Progresista (‘Progresive Caucus’), (ambos del Partido Demócrata), presentaron enmiendas al proyecto de presupuesto que aumentaban los fondos para programas relacionados a la salud y educación que hubiesen beneficiado a los residentes en Puerto Rico, y Fortuño les votó en contra. Otra acción en contra de los puertorriqueños fue su voto a favor de que redujeran los fondos de las Becas “Pell Grant”. Y hace unas semanas fue notoria su falta de gestión para que se incluyera a Puerto Rico en el llamado Plan de estímulo económico, alegando que por no ser estado los puertorriqueños no tendrían derecho a los reembolsos.
El carácter de Luis Fortuño Sobre su carácter ideológico, Fortuño es considerado uno de los pocos conservadores Republicanos en Puerto Rico que cree en la privatización total del Gobierno. Fortuño considera fuertemente que el sector privado, con el apoyo del gobierno y las instituciones religiosas, debe dominar al país. A Fortuño se le ha catalogado como “un Republicano conservador norteamericano que vive en Puerto Rico”.
En este sentido resaltan otras posturas adoptadas por el candidato del PNP. En unas vistas públicas en el año 2005 fue el único Republicano que defendió la iniciativa del presidente George W. Bush de que el dinero que se otorga a las organizaciones no gubernamentales (ONGs) para su trabajo comunitario se les diera a las llamadas comunidades de base de fe, es decir religiosas. Esto va en sintonía con su activismo en la organización de extremismo religioso del Opus Dei.
Para Fortuño, el fin justifica los medios. Siempre está dispuesto a lo que sea si entiende que lo va ayudar en algo. En esa misma línea están los sectores económicos en el país que apoyan su candidatura, orientados hacia lo que les beneficie económicamente, no al interés patriótico, ni a la solución del estatus. Este señalamiento se lo hicieron incluso correligionarios suyos que apoyaban en la campaña primarista a Rosselló, quienes le calificaban de entregado a los “grandes intereses” y con poco o ningún compromiso con el ideal anexionista.
El trabajo de Fortuño como comisionado residente de Fortuño ha sido descrito como pobre, “un desastre y sin ninguna agenda”. Aunque en realidad, por la condición colonial de Puerto Rico, esa posición no tiene poder, se espera que quien la ocupe al menos siga de cerca toda la legislación congresional que afecte a Puerto Rico y que defienda los intereses del país. Hasta el mismo Fortuño ha dicho públicamente que no mantiene comunicación con el Gobierno de Puerto Rico y por ende, tampoco con la Oficina del Gobierno de Puerto Rico en Washington (PRAFA).
¿A quién representa Fortuño? En cuanto Fortuño llegó a Wáshington a principios del 2005, se alineó con el ala más conservadora. Ni siquiera le mencionaba a los Republicanos de que favorecía la estadidad para Puerto Rico, pero buscó que se le reconociera como una cara joven entre los líderes Republicanos, que pudiera ser utilizado en las campañas dirigidas a los sectores hispanos en Estados Unidos, pero también con dominio del inglés como para codearse con los sectores reaccionarios de los Republicanos, que miran con desdén todo lo que les huela a “Latinoamérica”. En esa alienación Fortuño ha sido el portaestandarte de los congresistas estadounidenses anti Chávez y anti Fidel Castro. Fue él quien en una ocasión sometió una resolución contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela. En el caso de Cuba, su rol ha sido para proyectar que no son solo los exilados cubanos quienes hacen denuncias contra el liderato y el gobierno de Cuba y poder proyectar así mayor credibilidad a las posiciones del exilio cubano.
Otra página que pertenece a este examen fue cuando Fortuño le votó en contra a una resolución que él mismo había endosado. La resolución en cuestión tenía el propósito de condenar el genocidio de armenios en 1915 cometido por el Imperio Otomano. El cambio de postura de Fortuño no fue por convicción, sino porque según alegó, recibió una llamada telefónica del presidente Bush, quien le pidió que cambiara su voto porque la resolución afectaba las relaciones de Estados Unidos con Turquía, estrecho aliado de Estados Unidos. Hay que recordar que en sus expresiones públicas, Fortuño le dio más importancia al hecho de que el Presidente le llamó personalmente a su teléfono celular, a los motivos del pedido que le hizo. En su llamada el Presidente “aprovechó” para decirle que sabía que el grupo interagencial sobre Puerto Rico se estaba reuniendo en relación al futuro político de la Isla. Los resultados de esas reuniones ya son historia sin consecuencias. Pero esa no es la única ocasión en que el sujeto aquí examinado cambia de posición sin fundamentos convincentes. Recordarán nuestros lectores que la candidata de Fortuño para ocupar la jefatura de la Fiscalía Federal en Puerto Rico originalmente no era Rosa Emilia Rodríguez, sino Sonia Torres. ¿Qué le hizo cambiar de parecer? No se sabe públicamente, pero a juzgar por los desarrollos posteriores relacionados con las acciones de Rodríguez en Puerto Rico, podrían especularse los motivos con bastante precisión.
Los donativos Las relaciones de toma y dame de Fortuño en cuando a dar y recibir donativos son materia de observación y seguimiento, incluso por autoridades gubernamentales de Estados Unidos.
Fortuño recibió un “donativo” del ex senador Robert Torricelli (ahora cabildero) y de su cliente corporativo Aveta Holdings, que opera en la Isla como PMC Medicare Choice (PMC) y su subsidiaria Medicare y Mucho Más. Los donativos se recibieron a la vez que Aveta firmaba un contrato por más de $43 millones en la Isla con la Administración de Seguros de Salud (ASES). Los donativos sumaron a $16 mil dólares. El propio Torricelli visitó a Fortuño en su oficina del Congreso para entregarle su donativo, de $4 mil. El resto, $12 mil, fue de Aveta. Torricelli se encuentra bajo investigación del FBI.
Otros que han contribuido a su campaña están identificados con la extrema derecha de los Republicanos. Entre ellos, destacan el otrora líder de la mayoría Republicana Tom DeLay, el congresista por Ohio Bob Ney y el cabildero Jack Abramoff, convictos por sus actuaciones. Cuando el caso de DeLay cobró notoriedad y se supo que Fortuño había recibido donativos de ese congresista, éste reclamó que devolvería el dinero si se probaba la culpabilidad del político. Eso ocurrió pero Ortuño no cumplió con su palabra.
De otra parte, los que recibieron dinero de su Comité de Acción Política (PAC, siglas en inglés) no tuvieron éxito en su reelección. Ese es el caso de Mark Foley, de la Florida, Max Burns de Georgia, Michael Fitzpatrick de Pensylvania, Nancy Jonson de Connecticut, Ralph Norman de Carolina del Sur, y Michael Sodrel, de Indiana. Sólo tres candidatos que eran incumbentes, Deborah Pryce, de Ohio, Thelma Drake de Virginia, y Maryling Musgrave de Colorado, ganaron por poco margen. Los Republicanos que apoyó, aunque no les dio dinero, también perdieron. Otro flanco problemático que se ha señalado a los comités de acción política de Fortuño es que su ex encargado, Christopher Ward, está bajo investigación federal por alegados manejos turbios con miles de dólares de comités de acción política Republicanos.
Según la página en Internet CampaignMoney.com, una organización no gubernamental que recopila este tipo de información de los políticos en Estados Unidos, entre los contribuyentes al PAC de Luis Fortuño en el 2007 se encontraban Marriott Internacional, la Asociación Americana de Agentes de Viajes, el Comité Nacional Congresional Republicano, la compañía Pfizer, la compañía Smith Kline Beecham, AFLAC, Coca Cola y Johnson & Johnson. En años anteriores su campaña recibió donativos de empresas de construcción como Mora Developments.
Esta semana comenzaron a conocerse los hallazgos de una investigación periodística de la emisora de noticias Red 96.5 FM, realizada por la periodista Aura Colón Solá, sobre actividades irregulares con donativos y fondos de los comités de acción política de Luis Fortuño. Los señalamientos incluían algunos esquemas similares a los que se les imputaron a Aníbal Acevedo Vilá y por los cuales fue acusado criminalmente por la fiscalía de Estados Unidos. También incluían canalizar fondos a su candidatura a la gobernación cuando originalmente fueron recaudados para sus campañas como comisionado residente o para apoyar a otros candidatos del Partido Republicano de Estados Unidos, algo que no puede hacerse si no se cuenta con autorización de las autoridades electorales estadounidenses. Igualmente se revelaron reembolsos a su esposa por gastos de viaje ascendentes a varias decenas de miles de dólares, sin que se sepa que estuvieran justificados según exigen las normas. Al cierre de edición, Fortuño aún no había respondido personalmente a estos señalamientos.
Se desinfla Una vez Fortuño quedó al mando del PNP y aseguró su candidatura a la gobernación, sus acciones le han ido desinflando la imagen que pretendió proyectar de político distinto de nuevos estilos. Su liderato sobre la conferencia legislativa del PNP no ha representado nada distinto del que ejerció Rosselló, con la excepción de que se aseguró que los legisladores se comportaran apropiadamente cuando el Gobernador ofreció su mensaje de presupuesto, para no cargar en la campaña con la imagen de circo que protagonizaron cuando Acevedo Vilá ofreció su Mensaje de Situación del Estado del País. Pero en sustancia, el país no se ha beneficiado de que la legislatura bajo el liderato de Fortuño haya rendido trabajo o medidas que atiendan sus serios problemas sociales y económicos. Eso sí, Fortuño y sus legisladores sí pueden vanagloriarse de haber beneficiado a los grandes intereses que le han engordado sus cuentas, con el proyecto de ley de incentivos recién anunciado.
Ese desinflar de Fortuño explica, en gran medida, por qué rechazó participar en un próximo debate de los candidatos a la gobernación que organizan los estudiantes de periodismo de la Universidad de Puerto Rico, al que otros candidatos aceptaron.
|