Aníbal Acevedo Vilá demostró el domingo 27 de abril su notable talento estratégico. Logró el respaldo unánime de una concurrida Asamblea de delegados a su candidatura para la gobernación. Su éxito principal ha sido consolidar, por lo menos aparentemente, la unidad del partido desde su base. Un importante ex presidente del PPD, Miguel Hernández Agosto, ha señalado el surgimiento de un “panorama nuevo”. El veterano dirigente relacionó ese nuevo panorama con la necesidad de la “refundación” del partido. El Gobernador habla ahora de la transformación del partido en un movimiento, con el fin de convertirlo en “la casa grande de todos los puertorriqueños”.
La acusación que le hizo la fiscalía federal al Gobernador, el pasado mes de marzo, ha provocado una transformación visible del discurso dominante en el PPD. Hasta el momento, Aníbal Acevedo Vilá ha logrado convertir los duros golpes recibidos en contragolpes efectivos a nivel político. Su mayor éxito ha sido conseguir, después de la acusación, que el debate social se haya desplazado de la evaluación crítica de su administración hacia una discusión centrada en torno a la cuestión del estatus. Es precisamente este logro del Gobernador lo que debe provocar en el movimiento independentista y socialista una reflexión cuidadosa. Hay mucho humo en la escena y mucho juego de luces con una clara intención de naturaleza electoral.
De entrada resulta muy sospechosa la metáfora del partido como la casa grande de todos los puertorriqueños. Viene al caso recordar una breve observación hecha por Rafael Hernández Colón en un artículo publicado en el Caribbean Business del primero de mayo de 2008. Frente a la nueva realidad del partido, el ex gobernador apunta que la economía tendrá en las próximas elecciones un peso mayor que el estatus. Aunque no profundiza en su observación, es evidente que le preocupa una peligrosa disyunción entre el discurso patriótico emocional de la coyuntura actual y el peso de la crisis económica en la vida diaria de la mayoría de los electores. Es muy temprano todavía para olvidar el cierre gubernamental del 1 de mayo de 2006 como resultado de una crisis fiscal que todavía ronda al gobierno con el mismo carácter siniestro. En aquel momento la mayoría de los que sufrieron el cierre gubernamental fueron maestros y maestras del sistema público. Tampoco puede olvidarse la huelga magisterial del pasado febrero de este año.
En esa casa grande de Aníbal Acevedo Vilá, ¿caben los maestros que han quedado sin convenio después de más de dos años haciendo sus reclamos? ¿Caben los trabajadores de la Autoridad de Energía Eléctrica que han sido dejados también, ilegalmente, sin la protección de un convenio? ¿Caben los trabajadores de la AAA que llevan más de tres años sin que la gerencia firme un convenio ya negociado y que han visto a más de doscientos de sus compañeros arbitrariamente despedidos? Cuando estos miles de trabajadores oyen la nueva retórica del Gobernador saben que ellos han sido excluidos de esa casa grande porque este gobierno sigue, y no retrocede, con su política neoliberal de consecuencias negativas para los asalariados puertorriqueños.
Acevedo Vilá no ha atacado a la clase trabajadora solamente a nivel de sus organizaciones sindicales. Lo ha hecho también a través del consumo de los servicios básicos: agua, luz, educación, salud, transportación, etc. Y por más que trate de quitarse el sanbenito del IVU, fue él quien luchó con ardor para imponerlo. Cuando hoy trata de vincular su posición política con la posición de los fundadores de su partido, no tiene la más mínima noción de lo que hace. En su proceso de fundación el PPD se alimentó de profundas corrientes que lo vincularon con el movimiento obrero más combativo y militante. En una coyuntura histórica en la que el liderato nacionalista había sido encarcelado, el nuevo partido tuvo la simpatía de innumerables luchadores que veían en sus propuestas una esperanza descolonizadora. Luis Muñoz Marín y otros dirigentes de su organización apoyaron la importante huelga de los trabajadores portuarios de 1938. Múltiples dirigentes comunistas, que ayudaron a fundar y fueron luego parte de la Confederación General de Trabajadores, tuvieron relaciones estrechas con el nuevo partido.
Cuando se consideran los sucesos de aquel momento histórico uno puede comprender por qué tantos militantes comunistas y nacionalistas apoyaron al PPD. Hoy la situación es totalmente distinta. De aquel partido no queda nada. En su proceso de formación histórica, el PPD creó la infraestructura necesaria para proveerle servicios básicos a la población trabajadora. Organizó la Autoridad de las Fuentes Fluviales, creó una red nacional de acueductos, impulsó la educación pública al alcance de los trabajadores y pobres del país, etc. El PPD de hoy es un partido gemelo del PNP. Ambos son hijastros del neoliberalismo y de la globalización. Lo que ha hecho es desmantelar su propia historia. Ayer Muñoz Marín creó un nuevo partido que se ganó la confianza de los asalariados, apoyó sus movilizaciones y luchó contra los viejos burócratas de la Federación Libre de Trabajadores y del Partido Socialista. Hoy, Acevedo Vilá está asociado con los peores burócratas sindicales y arremete contra los trabajadores que luchan por mantener sus conquistas históricas. Ayer, su partido creaba corporaciones públicas para servirle al país. Hoy, se privatizan las corporaciones públicas para que una burguesía rapaz, local y extranjera, se sirva del país. ¿A quién se le ocurriría comparar a Antonio Luchetti con Jorge Rodríguez?
Si se pretende hablar de refundaciones y se buscan raíces perdidas para avanzar en la historia, lo primero que debe hacerse es una autocrítica severa de los errores cometidos. Pero tal autocrítica no se ha visto, ni se verá, porque de lo que se trata es de un asunto estrictamente electoral. Se puede observar hasta en las cosas más superfluas. La vistosa metáfora de la casa grande se relaciona más con la ropa del Gobernador que con un proyecto descolonizador. El propio Acevedo Vilá reconoció que para la mencionada asamblea se vistió con la misma camisa utilizada para el cierre de su campaña electoral en 2004. Nadie mejor que él sabe la importancia que tuvo su gesto patriótico, al arroparse con la bandera puertorriqueña poco antes de las pasadas elecciones. En aquel cierre de campaña, así lo ha dicho él, ganó las elecciones. Ahora se prepara para el próximo noviembre de 2008.
En una economía en profunda crisis, sería verdaderamente inconcebible que independentistas y socialistas se dejaran seducir por un partido neoliberal políticamente acorralado que evidencia una total falta de proyecto político. Nadie debe tomarse en serio a un gobernante que, en una acción muy bien pensada políticamente, seleccionó a William Miranda Marín, en la misma asamblea en que logró imponerse, para cumplir con la tarea de desarrollar, a un plazo de meses, un nuevo proyecto político. La dominación colonial que sufre el país es tan compleja que durante décadas el PPD no ha podido salir con nada nuevo. Así será mientras no cuestione la dominación económica que sufre el país. No hay nada en la acción gubernamental de Acevedo Vilá que sea coherente con una crítica de la estructura profunda del coloniaje en Puerto Rico. Para colmo de las ironías, ahora en mayo se supone que Hacienda reparta alrededor de $1,300 millones federales para combatir una recesión que ha provocado honda preocupación en Estados Unidos. El que crea que apoya la descolonización de Puerto Rico dándole el voto a este mago de la gesticulación patriótica, tendrá que recoger, más temprano que tarde, la cosecha de su autoengaño.