Cita Histórica


“Nunca llegaremos a merecer el respeto de un pueblo libre como el americano
si seguimos pidiendo qué debe hacerse con nosotros…
la soberanía nacional es la creadora…”
                                                                                
  Juan Santiago Nieves

 

Puerto Rico • 15 al 21 de mayo de 2008

 

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El campo de consentrasión de la colonia PDF Imprimir E-Mail
Quince
Joseramón Melendes   

La colonia es un campo de consentrasión de natibos imbadidos, lo qe en el méinland yaman Reserbasión. Algo así como un almasén de almas para qe buelen a los sielos extranjeros qe bisitan en sus gerras; para lo qe nos ‘consedieron’ la siudadanía (con color) cuando De Diego, muerto, ya no pudo aguantarlos. Mientras tanto nos benden colgada su basura, nos proíben comprar en otros sitios, nos posbenden lo mismo qe nosotros asemos acá, desde ayá, cobrando la plusbalía i la balía para eyos qe no lo isieron.
En las libretas de jornaleros qe son las tarjetas de crédito, detayan todo lo qe le debemos, por imbadirnos. Por imbadirnos, le debemos la casa, el carro, la educasión, la ropa, la comida. Algunos colaboradores también le deben las bacasiones qe cumplen ritualmente en el terreno sede –imbadido también– del imperio. Lo qe qiere desir, qe ni siqiera son jenerosos con los sátrapas.
En el campo de consentrasión de la colonia, cómo no iba a ser, muchos no resisten la presión. Como no se adabtan a ablar su idioma desde chiqitos, a aprender sus reglas, como no qieren repetir la esclabitú de sus projenitores; renunsian a entrar en la esfera económica —Se buelben lumpen: alcólicos, narcómanos, pedidores, manipuladores, deambulantes. Bendito: entrando en el sircuito económico impuesto de la colonia de la manera más dejenerada.
Cómo no iba a ser también, en el campo de consentrasión de la colonia, otros se asen colaboradores –no solo administradores del enfermatorio: Belan el ‘orden’, la sumisión, qe nadie exprese desabenensia con la jerarqía del amo, qe nadie se crea persona, sino imbentario. Teniendo el pribilejio descastado, ’dito, de amarrar a los sueltos qe qedaban para el ganado de sus compatriotas.
Reserbasión, reserborio, almasén, ospital, ospitaliyo, shelter; pero nunca Santuario, es el campo de consentrasión de la colonia. El santuario lo asemos los enajenados de ese campo de consentrasión de la colonia, qe todabía lebantamos en el biento del pecho un altar a la bida. En la tormenta del Yunqe de nuestro pecho, Yucajú i Uracán, Babuya, Opita, Bagua Maorocotí alrededor mojándonos de sal i de salitre limpios: limpian el ara.
Ai una fuersa, la misma qe palpita en los Siux i los Mapuche, enterrada con su espina de espiroqeta, qe nos ase una bomba. Ese aliento jenésico de la identidá está cargado de radioagtibidá. Su radio, su jálfláif, como el elio de idrójeno en el sol, no parará asta qe se agote su potensia en biyones de años. I, curioso qe los sabios del imperio no lo noten, se trata de Cultura.
Los escribas imperiales i sus copistas del patio an expendido con una seguridá abrumadora qe la defensa de la identidá se trate de un atabismo biolojista. En sus mismos manuales, sinembargo, definen la memoria de los jenes como un aprendisaje miyonario. El ombre ebolusiona, ba adabtando sus respuestas mejores a las urjensias de lo bibo, i las traspasa a su jenerasión atrabés de sus jugos.
De manera, qe el pianista no solo debe su aprendisaje a su maestra debota, sino al primer omínido qe tocó aqel tambor –el piano es instrumento percutibo. I la delicada jestualidá qe conosemos en chinos e indos, fue cosinada por miyones de jestos, fayidos i exitosos. Nuestra insistensia en ser nosotros, con Albizu, Tupac, Martí, Mariátegui, El Leñero, Bolívar; también está auspisiada por un aura enterrada qe no renunsia a iluminar.
Es rasismo, rampante i asqeroso, creer qe el indio qe en nosotros late, es una momia. No abía qe esperar qe en Mayaguez nos contaran los cromosomas. Alegría, pero ya lo sabíamos los qe sentíamos. Indios bibos, qe significa: ebolusionados ebolusionando. También los Taraumara i los Ojibua; porqe la istoria, el uniberso, la radiagtibá i la agtibidá no se detienen.
No es un regresionismo en la colonia respetar nuestra casa: La cueba de Caonabo de donde salimos tras aqeya tormenta, tumefagtos, a buscarnos de nuebo a segir explorando las islas en las canoas de las seibas qemadas. Emos entrado, desde qinientos años, a la cueba más grande de la Tierra; a explorar otras islas también bariadas de pájaros i ojas.
El omínido tiene más curiosidá qe el gato, qe embalsamaba junto al catafalco para qe lo acompañara al otro mundo, a belarle lo imbisible, como cuando bibos. Porqe también el omínido qiso explorar la muerte, lo otro, lo inconosido, asta lo inconosible. El umano tiene derecho a la diferensialidá, tiene derecho al encuentro, al mestisaje, al comersio de culturas; libremente. A eso bamos los enajen-ados del campo de consentrasión de la(s) colonia(s): Destrosando el abuso de los -ados.

 
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