-Reggaetón 74 ¡Música con calle!- es la identificación de una de las emisoras de radio FM dedicadas exclusivamente al fenómeno del reggaetón. Aquí el arco que da la redondez del negocio del reggaetón, tema que tratamos en la columna anterior. La especialización en la programación radial en un único género musical no es nada nuevo. Para finales de los años setenta (’70) ya se había establecido la tendencia con la salsa y la balada que gozaban de gran popularidad para entonces. Z-93 y Estereotempo son dos buenos ejemplos de ello. La movida responde a la búsqueda de la “Feli$idad” de los que viven dentro del círculo del negocio redondo que es el reggaetón: “cantantes”, casa disquera, dueños de emisoras de radio (hoy día en manos de consorcios extranjeros).
Unos y otros se favorecen, aunque algunos favores se otorgan por debajo de la mesa, para crear una tendencia, un mundo ficticio, una subcultura donde atrapar a toda una generación y meterle las manos en los bolsillos. Así el fenómeno suena, y suena duro, constantemente en las casas, en los radios de los autos que hacen vibrar los cristales del suyo, en las fiestas patronales, eventos multitudinarios y en cada festival que se ofrece en nuestro archipiélago. Claro que estamos hablando de la generalidad de los “cantantes” de reggaetón, de los que quieren asistir al baile de graduación y recibir el diploma sin aprobar los cursos necesarios.
Para la música puertorriqueña es una farsa creada por los mogules de la industria musical. La música, además de combinar sonidos y silencios, debe contener, como mínimo, elementos de ritmo, armonía y melodía, presentes o sugeridos, guiados por los conceptos del arte musical que la cultura de un país ha desarrollado y establecido. Debe quedar claro que no estoy defendiendo moldes ni encuadres rígidos en cuanto a la cultura musical se refiere. El o la que hace música tiene que reconocer una tradición en el oficio, un punto de partida, y tener las herramientas para darle vía a su creatividad, para desarrollarla al máximo de sus posibilidades. Entonces se expanden los moldes y la rigidez se convierte en una cuerda danzante. ¿Hacia dónde va y cuál es el propósito de esa creación abstracta que llamamos música? Va hacia el recinto donde reside la sensibilidad, para transitarla, activarla, humanizarla y ofrecerle preferencias para mirar e interactuar con el mundo a su alrededor. Va a ofrecer, a alimentar, a provocar reflexiones, a estimular acciones. La música no va dirigida a degradar o insensibilizar al ser humano. Lamentablemente la mayoría de las líricas que ofrece el reggaetón no cualifican para alimentar o exaltar los mejores elementos de la humanidad que llevamos dentro. De las excepciones vamos a ocuparnos de lleno en otros escritos.
¿Música con calle? No creo que el estribillo defina o describa lo que es la generalidad en el reggaetón. Música con calle eran y son los soneos de Ismael Rivera con Cortijo y con los Cachimbos. Música con calle eran y son las plenas de Canario, los pies forzaos de Chuito el de Bayamón. Música con calle eran y son aquellos boleros en las velloneras de nuestros barrios donde Rafael Hernández, Pedro Flores y demás compositores de la época narraban las historias de corazones “partíos”. Música con calle eran y son las guarachas, la bomba y los géneros bailables que proponían el desafío en movimiento de una posible seducción. Música con calle eran y son las danzas de Morell. Música con calle es la de Gilberto Santarosa hasta los noventa. El Pillo buena gente de Roy Brown, la libre plena de Plena Libre y sus grupos pares, el sabor a cante jondo de Andrés Jiménez, el Wanabí de los Fieles, la música sin palabras de William Cepeda, el llamado de Andy Montañez –¿Quién no se siente patriota?-. El swing del Gran Combo, Así Somos, Tego Calderón y Calle 13, eso es música con calle, a mi entender. Todos, y otros que me faltaron, han montado su propuesta musical reconociendo un punto de partida en el trabajo musical de sus compatriotas y le han dado sentido, contenido y dirección. Éstos son los que quedarán para la historia.
Por otro lado se me ocurrió imaginar el Dem-Bow, como se nombró a la combinación rítmica del reggaetón, tocado por panderos de plena. El resultado imaginado fue un toque de plena similar a los acentos y golpes sincopados del Dem-Bow. Golpes sincopados son aquellos que se producen en medio de los tiempos de un compás. Un compás de 4 tiempos se tocaría: un, dos, tres, cuatro, marcados con un tiempo igual o regular entre cada número. La repetición regular da paso a más compases ejecutados igual que el primero. Esto es 1, 2, 3, 4 | 1, 2, 3, 4 etc., recordando volver al 1 después del 4 con el mismo ritmo y velocidad que vienes. La síncopa podría ocurrir entre el 1 y el 2, entre el 2 y el 3, entre el 3 y el 4 y hasta entre el 4 y el 1 del próximo compás. Una forma fácil de entenderlo es añadiendo una y griega después de cada número de nuestro conteo. Así entonces marcaríamos 1y, 2y, 3y, 4y (cuatry). La síncopa sucedería en las y después del número, antes de llegar al próximo. Una forma de ilustrarlo sería contar el número en silencio y sonar la y. Esto es: (1)y, (2)y, (3)y, (4)y. Para efectos del Dem-Bow que acentúa el primer tiempo y el tercero, la síncopa sucede en la y del dos. Esto sería:
y así sucesivamente. En el ejemplo anterior añadimos un golpe en el cuarto tiempo que no es característico en el Dem-Bow pero sucede en ocasiones y que resulta en el patrón de plena. Resulta interesante anteponer esta posible relación con uno de nuestros ritmos autóctonos ante la búsqueda de justificaciones para declarar el reggaetón música puertorriqueña.
Volviendo al asunto que nos ocupa, soy de los que piensa que la falta de educación musical en nuestro sistema educativo deja a nuestros jóvenes sin las herramientas para discriminar y formar juicios estéticos en cuanto a la música se refiere. En los pasados veinte años se han relegado los programas de Bellas Artes al mínimo, sólo manteniéndolos en las pocas escuelas especializadas, lo que deja a los medios de comunicación la formación musical de nuestros jóvenes. ¿Y qué música disfrutamos en los medios de comunicación? La que los mogules de la industria musical deciden. Para ellos no hay diferencia entre pasta de dientes o música. Por otra parte, las pocas emisoras que podrían educar musicalmente no pueden tocar la música que está registrada por ACEMLA, la Asociación de Compositores y Editores de Música Latinoamericana. Ahí están las casi dos mil composiciones de Catalino “Tite” Curet Alonso las cuales no escucharemos por radio ni en voz de los cantantes que las hicieron famosas. Ahí están los cientos de mazurcas, valses y seises del Maestro Ladí, maestro de maestros en la composición para el cuatro puertorriqueño. Las composiciones de Don Felo –Estando contigo me olvido de todo y de mí-, están fuera de las ondas radiales. Los poemas musicalizados de nuestro poeta nacional Juan A. Corretjer también están secuestrados. Ramito, Germán Rosario y Pepito Lacomba son algunos más de la larga lista de compositores puertorriqueños a quienes ACEMLA dice que protege y cobra sus regalías autorales. Décadas de historia musical boricua acallada por la insistencia de ACEMLA en vender su catálogo a un precio que las estaciones de radio se niegan a pagar porque es tan alto que se sale de los parámetros con que compran los derechos de otras casas editoras. Así es que nuestra juventud se educa musicalmente, por la oferta de pasta de dientes y la ausencia de nuestra música en la radio.
Es un hecho indiscutible que la música ha sido y es un bastión que ha resistido los ataques a nuestra identidad cultural por 110 años. Tampoco se puede negar el talento contemporáneo que trabaja a favor de dicha identidad cultural. Pero estamos ante una competencia desbalanceada. Ante este fenómeno comercial no se puede ofrecer resistencia, o más bien, no podemos agotar nuestra fuerza creativa en aras de detenerlo. Tampoco nos vamos a unir si no los podemos vencer, como reza el dicho “si no los puedes vencer, únete”. Lo más que podemos hacer es dejar pasar el fenómeno. Ya el tiempo se encargará de preservar a los que mantengan una actitud artística que resulte valiosa a nuestro devenir. Ya llegaremos al punto donde nuestra música sea primero, como en la mayoría de los países del planeta.
Por último, no podemos dejar fuera la información suplida por amigos en cuanto a la conexión panameña del reggaetón. La misma sostiene que la popularidad del raggae jamaiquino en el itsmo dió paso a variaciones bailables como el reggaehall y el reggemuffin, popularizado por el afro-panameño conocido como El General. Además de confirmar la evidencia tiene sentido para mí la conexión panameña. Puerto Rico y Panamá han sido ocupados por la fuerzas del ejército de los Estados Unidos (EU) y penetrados por la industria cultural norteamericana. No es de extrañar entonces que tomemos un ritmo caribeño (reggae) y lo mezclemos con los ritmos norteamericanos del rap y el hip-hop, para ponerle una lírica en español con la actitud desafiante y violenta de los géneros del norte. ¿Los colonizados imitando a los de la metrópoli?
En nuestro próximo escrito abordaremos unas categorías, unas pajas separadas de los granos que merecen atención, como lo son Tego Calderón y Calle 13. No me canso de invitarlos a compartir el tintero. El correo electrónico es el de mi jefa
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a cargo de ¡Oye Cómo Vá! /Irvin García.
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