|
Claridades
|
A secas España. Peor terremoto en 30 años en China. Decenas de miles de muertos por ciclón en Myanmar. Devastadores tornados azotan Estados Unidos. Estos son sólo algunos de los dramáticos titulares que en los pasados días han ocupado los primeros lugares en las noticias del mundo. La naturaleza viva vuelve por sus fueros a revertir el desafuero que la mano humana le ha causado. Son todos signos inquietantes de la realidad que advierten los científicos y que muchos no quieren encarar. Se calienta nuestro planeta y se alteran las zonas climáticas, provocando cataclismos de gran poder destructor. Ninguna zona está exenta y ningún país a salvo. Como siempre, los pobres del mundo llevan la peor parte del castigo por el crimen que la industrialización sin controles ha perpetrado contra la atmósfera de la tierra. Sin duda, el calentamiento global, y su secuela, el cambio climático, está en la palestra del mundo. Y sólo con medidas drásticas se puede comenzar a remediar el daño. Multas millonarias a las industrias por las emisiones de carbón a la atmósfera, como por ejemplo las petroleras, la industria automotriz y de otros medios de transporte, las fábricas y chimeneas de todo tipo; procesar criminalmente a los desarrolladores que alteren los litorales costeros y el curso natural de los cuerpos de agua; penalizar la poda indiscriminada de árboles; invertir con seriedad en el desarrollo de fuentes alternas de energía amigables al ambiente son parte de las medidas urgentes que los pueblos del mundo tenemos que impulsar si deseamos comenzar a equilibrar un poco lo que nosotros mismos, ya por acción u omisión, hemos desequilibrado. Todos tenemos que hacer nuestra parte y asumir actitudes de moderación y respeto por el ambiente que nos rodea. Sobre todo, nos conviene aprender que lo que mal se usa y se abusa, a la larga se acaba, como parece estarse acabando la paciencia de la naturaleza.
|