Puerto Rico ante el fin de los alimentos abundantes a bajo precio
Claridad en la Nación
Gladys M. González Martínez*/Especial para Claridad
Por décadas hemos venido diciendo que los precios reales de los alimentos han experimentado disminuciones aun ante la reducción del tamaño del sector agrícola. Esa realidad ha sido cierta en economías con niveles de ingreso más altos y también para grupos de ciudadanos privilegiados en otras partes del mundo. En el caso de Puerto Rico, vivimos ante la pérdida sostenida y dramática de los terrenos agrícolas por las presiones de otras actividades económicas y un sector agrícola cada vez más pequeño, tanto en su aportación a la economía general como en el volumen de producción física. Pero aún aquí hemos visto abundancia en los abastos de alimentos pues hemos tenido la capacidad de importar.
La situación, sin embargo, ha estado cambiando. La Organización de Alimentos y Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) ha venido informando aumentos sostenidos en los precios de alimentos desde 2006 y proyecta que en lo sucesivo los aumentos continuarán de manera más drástica. Las proyecciones son que los precios de granos y cereales básicos continuarán subiendo más rápido que en 2006 y 2007. La llamada “agflación” o inflación agrícola se atribuye a los factores que teóricamente conocemos: aumento en demanda y disminución – o menor crecimiento- en la oferta de los alimentos. El efecto no se mantiene a nivel de productor de granos, productor de ganado o mayorista. Las alzas se traducen en aumentos en los precios de la mayoría de los alimentos que compramos cotidianamente, tales como carne, leche, huevos y pan.
La creciente demanda ha provenido del crecimiento económico que han experimentado las economías emergentes que también se caracterizan por altas tasas de crecimiento poblacional. A modo de ejemplo, según la revista The Economist, el consumidor de China, que en 1985 comía 20 kg de carne, en el 2008 comerá 50 kg del alimento. Eso trae consigo un aumento en la demanda de granos para alimentar el ganado. Adicionalmente, la presión para usar los granos como materia prima para la llamada energía verde ha traído aumentos en los precios de éstos. Esta presión aumenta dado el hecho que los gobiernos promueven la sustitución de combustibles fósiles para bajar la dependencia de éstos. En el caso de los Estados Unidos, el gobierno subvenciona los biocombustibles, particularmente el etanol.
Otra circunstancia que explica el aumento en el precio de los alimentos ha sido la reducción en oferta. La situación ventajosa en términos de precios de los granos destinados a ser usados para biociombustibles ha puesto a los granos alimentarios en desventaja. Los terrenos dedicados a variedades apropiadas para consumo humano o para alimento de ganado han cedido ante la presión por usar los terrenos para maíz que se usa para etanol. Se estima que el maíz necesario para llenar el tanque de combustible de un vehículo sub-urbano (SUV, por sus siglas en inglés) podría alimentar un ser humano por un año.
Un elemento adicional a tener presente es específicamente el cambio climático. En estos momentos expertos en el tema discuten los posibles efectos adversos en la producción de alimentos debido al cambio climático que está causando el calentamiento global. Se anticipa que los centros de producción de alimentos se transformen. Existe incertidumbre de precisar con exactitud la manera y extensión de las transformaciones en las áreas de producción agrícola. Pero definitivamente existe algún consenso sobre la nueva realidad y su efecto en los precios de los alimentos.
Ante el panorama del fin de una era de alimentos abundantes y a precios bajos, la agricultura debe ganar mayor importancia ante los ojos de todos los ciudadanos. La agricultura es una actividad económica esencial para la vida humana. Su importancia absoluta radica en el hecho de que es la fuente de origen de la casi totalidad de los alimentos que los seres humanos necesitamos, los cuales no tienen sustitutos. En Puerto Rico ingerimos alimentos por lo menos tres veces al día, aunque tenemos un déficit en la producción de éstos. Aunque difícil de precisar, hay quienes se animan y estiman en cifras y porcentajes la dependencia que tenemos en la Isla de las importaciones de alimentos. No tengo ese dato pero sí conozco que producimos mucho menos de lo que consumimos, tanto en términos de productos frescos como de alimentos elaborados. Mi experiencia profesional me lleva a estimar que producimos localmente menos de una tercera parte de los alimentos que consumimos. Esto ha sido el resultado de, entre otros, aumento poblacional en el siglo XX, aumento en los niveles de ingreso de la población, migración del campo a las zonas urbanas en el pasado, reducción de la actividad agrícola en el país y la disminución de nuestra base agrícola.
En Puerto Rico se ha relegado la actividad agrícola a un plano inferior. Hay razones sociales y económicas que nos pueden ayudar a entender el fenómeno, pero en gran medida la política gubernamental ha contribuido y hasta se ha dirigido a que eso suceda. Resulta extraño entender cómo en una isla con tan alta densidad poblacional no se conciba a la agricultura como una de sus principales actividades económicas.
Estamos en un momento en que resulta necesario que todo el país entienda la importancia de la agricultura. Los alimentos son un bien tan estratégico como el petróleo y el agua. Vemos cómo algunos países se han dirigido a proteger los abastos internos para su población, al punto de limitar sus exportaciones. Los gobiernos de países poderosos la incentivan y en casos extremos la protegen.
Resulta esencial que se comience por proteger los recursos necesarios para la producción de los alimentos. El proceso de producir los alimentos consiste en la transformación de ingredientes entre los cuales tiene un papel predominante el recurso tierra, entre otros. En Puerto Rico el recurso tierra se ha administrado como si su oferta fuera infinita, o por lo menos no escasa y sin considerar la dimensión del factor tiempo que hacen más complejas las decisiones sobre su uso. De acuerdo con datos del Censo Agrícola Federal entre los años 1978 al 2002, en Puerto Rico se perdió alrededor del 30% de las tierras en uso agrícola (1,084,404 cuerdas en 1978, 690,687 cuerdas en 2002). Dentro de ese periodo, en los últimos cuatro (4) años se perdió el 60% del total (865,478 cuerdas en 1997 a 690,687 cuerdas en 2002). De continuar la tendencia, se estima que Puerto Rico podría perder la totalidad de sus tierras agrícolas en el transcurso de las próximas dos décadas. Este recurso presenta otra característica que debe considerarse explícitamente cuando se toman decisiones sobre el uso o cambio en uso de los terrenos. Se trata de la irreversibilidad en uso que constituyen aquellos usos que incluyen poner cubierta artificial sobre los terrenos. Cada vez que se permite que los terrenos agrícolas, que estén en uso o en barbecho, sean cambiados a usos urbanos tales como construcción de estructuras y pavimentación de vías, estamos propiciando que la base sobre la cual podemos sostener la producción de alimentos se reduzca de manera irreversible y se limiten las opciones futuras. Los terrenos se tornan difícilmente recuperables por impedimentos técnicos o económicos.
Para determinar la cantidad de tierras que se deben proteger debemos recurrir a criterios relacionados con la seguridad alimentaria. Al utilizar criterios de seguridad alimentaria podemos identificar la cantidad de tierras en uso agrícola necesarias para satisfacer con producción en la Isla la mayor cantidad de alimentos posible. Usando como base estimados que presumen diferentes dietas, se proyecta una necesidad de tener en producción agrícola entre 750,000 cuerdas y 5 millones de cuerdas. Nuestra realidad es que ya Puerto Rico no cuenta con el cuerdaje necesario para satisfacer el estimado más conservador. La base de terrenos agrícolas es condición necesaria para proveer seguridad alimentaria a nuestra población.
* La autora es Catedrática de Economía Agrícola y Decana Asociada del Colegio de Ciencias Agrícolas, Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez.
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