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Claridad en la Nación
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Manuel de J González/Claridad
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La “Ley de Incentivos Económicos para el Desarrollo de Puerto Rico”, aprobada ya por la Cámara de Representantes, a la que pronto se unirá el Senado, hace recordar el muy repetido dicho popular de cabros velando a las lechugas. Pero en esta ocasión no fue que pusieron a estos animales a velar su alimento preferido, sino algo más grave. Se les otorgó el poder de decidir qué hacer con las lechugas y obviamente decidieron comérselas.
Se suponía que un comité conjunto de la Cámara y el Ejecutivo elaborara el proyecto, pero estos funcionarios, de ordinario fieles guardianes de los intereses del llamado “sector privado”, en esta ocasión fueron un poquito más allá y convocaron a representantes de todas las organizaciones empresariales y patronales para delegarles la tarea. Estos a su vez convocaron a sus técnicos y abogados y el resultado fue un proyecto al estilo de los buenos costureros, hecho a la medida de los patrocinadores. Un amigo lo bautizó como “el proyecto de la jaibería” y realmente eso es.
Se suponía que la nueva ley les concediera el beneficio de bajos impuestos a las empresas incentivadas. Eso había que darlo por hecho porque realmente nadie podía esperar otra cosa. Pero los jaibas que la redactaron se las arreglaron para ir mucho más allá. En cuanto a los impuestos decidieron que los negocios elegibles, que ahora son casi todos, pagarían un máximo de cuatro por ciento como carga contributiva. Fíjese que es “un máximo”. Pueden pagar menos de esa cifra, llegando hasta un miserable dos por ciento, pero nunca más.
Para que puedan comparar lo que significa ese beneficio, sepa que cada individuo que tributa lo hace hasta un tope de 32%. Sepa también que en otros países donde existen leyes como la que nos ocupa el promedio de tributación de las empresas fluctúa entre diez y doce por ciento. Para los jaibas de aquí ése no es un incentivo suficientemente atractivo.
Y a ese dos o cuatro por ciento arribarán luego de una larga lista de deducciones, autorizadas por la nueva Ley o por el actual Código de Rentas Internas, que convertirán el ingreso neto sujeto a tributación en algo irrisorio. Luego de descontar lo que les es permitido deducir, el impuesto que pagarán terminará siendo una suma ridícula.
Pero lo más novedoso de esta Ley es su amplitud. Las definiciones que le aplican al concepto “actividad elegible” son realmente escandalosas. Los jaibas que la redactaron decidieron ser democráticos entre ellos y repartirle los beneficios a casi todo el mundo. De acuerdo con la nueva ley no sólo la actividad industrial, tal como de ordinario se define, estará exenta del pago de impuestos. También lo estarán muchos negocios relacionados con ésta, tales como el almacenaje, la distribución de productos, la reparación de equipos, la programación de computadoras y otra larga lista que incluye hasta “ingeniería de proyectos” y “esterilización de instrumentos”.
Esta amplitud cambia el enfoque que hasta ahora se había utilizado para justificar este tipo de legislación. La teoría detrás de este privilegio era que la industria manufacturera genera una cadena de otros negocios y, por tanto, se justificaba privilegiar el origen –la manufactura- para entonces obtener el beneficio contributivo de parte de la cadena de negocios que se crean. Pero ahora resulta que esos negocios también estarán exentos. En última instancia sólo los trabajadores de estos negocios se verán obligados a pagar impuestos y lo harán sin el beneficio de las deducciones de las que se aprovechan los empresarios.
Otra característica de esta ley es su inmutabilidad o, dicho de otro modo, que los jaibas se aseguraron de que el guiso, una vez autorizado, no pueda ser cambiado. Una vez se otorgue el beneficio de la exención éste se mantendrá inalterado durante quince largos años. También se prohíbe la revisión judicial de los decretos de exención. Una vez se conceda el privilegio ningún tribunal podrá intervenir para cambiarlo.
Otros beneficios para los empresarios, reseñados con amplitud en la pasada edición de CLARIDAD, son los relacionados con subsidios energéticos, además de la llave que abren para la futura privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). El subsidio lo pagaremos todos nosotros y en cuanto a la AEE lo que se crea es el mecanismo legal para que las empresas privadas puedan ir desarrollando sus propias fuentes energéticas, reduciendo el marco de operación de la entidad pública.
Otro aspecto muy discutido de la nueva ley es el llamado horario laboral flexible que colaron en el penúltimo artículo del proyecto, autorizando a los patronos a imponer jornadas de más de ocho horas diarias sin verse obligados a pagar el cargo adicional por la hora extra. En cuanto a esta medida, finalmente eliminada de la versión aprobada en la Cámara, se han hecho varios señalamientos. Unos dicen que es un ejemplo dramático de la jaibería desenfrenada de los empresarios, que no quieren respetar ni siquiera derechos laborales que han existido por más de un siglo. Otros apuntan que se trató de un señuelo para que el debate se concentrara en ese aspecto, pasando por alto todo lo demás. Esta última tesis parece ser la correcta.
Todos debemos recordar que cuando este proyecto se anunció como un ejemplo de unidad, se dijo que contaba con el aval tanto del PPD como del PNP. Así efectivamente ha sido. En la Cámara fue aprobado con el voto de ambos partidos, aunque un sector importante de la delegación del PPD rompió filas y le votó en contra. Ese esfuerzo tardío no fue suficiente para detener el proyecto como tampoco lo fue la presión ejercida por la UTIER y por los portavoces de otros sindicatos.
Parte del diseño de los padres de esta criatura fue aprobarlo de prisa para que los opositores no tuvieran tiempo de organizarse. Hasta ahora lo han logrado. Sólo la UTIER se movilizó, pero sus esfuerzos no prevalecieron.
Ahora el proyecto se mueve al Senado donde se espera un proceso más rápido que en la Cámara. La unidad entre patronos y políticos se mantiene sólida y en el Senado, donde medran figuras como Jorge de Castro Font y Kenneth McClintock, su poder es mayor.
El dinero pesa mucho, sobre todo cuando se está a sólo meses de las elecciones.
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