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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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Siete Dias
Manuel de J González/Claridad   

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Decía el otro día un periodista estadounidense que algunos políticos de su país se meten en problemas, no cuando dicen mentiras, sino cuando responden con candidez a una pregunta y dicen la verdad. Entonces es que se delatan y se ven obligados a dar explicaciones.

El comentario venía al caso tras la última metida de pata de un funcionario de la campaña del candidato Republicano John McCain, el cabildero Charlie Black. A pesar de ser cabildero o precisamente porque lo es, Black es uno de los principales asesores del candidato y con frecuencia habla por él. Recientemente, mientras era entrevistado por la revista Fortune, afirmó que su jefe y cliente se beneficiaría de ocurrir un nuevo atentado terrorista en Estados Unidos. No llegó a decir que gestionaría la agresión para obtener beneficio político, pero estuvo cerca.

El comentario colocó en primer plano la preocupación de muchos de que la derecha estadounidense, que actualmente controla las principales estructuras de poder, promueva alguna acción terrorista o provoque una nueva confrontación militar antes de las elecciones del próximo noviembre. Ellos saben que un incidente de ese tipo dispararía el miedo entre la población y alimentaría un ambiente de nacionalismo patriotero del que resultarían beneficiados políticamente, asegurando otros cuatro años en control del poder ejecutivo.
Desde septiembre de 2001 hasta el presente esa derecha ha vivido del miedo y se ha beneficiado de sus efectos. Durante ese periodo se le dio marcha atrás a avances históricos relacionados con los derechos de las personas y se alimentó el belicismo y el falso derecho a intervenir en los asuntos internos de otros países. El ambiente de inestabilidad que se ha creado, lejos de afectar la actividad económica, la ha beneficiado, particularmente la de aquellos que viven de la especulación. La ecuación de los últimos ocho años no pudo haber sido mejor para estos sectores: menos derechos civiles y más ventajas económicas. Ni el mismo paraíso sería tan bueno.

Las aventuras guerreras puestas en marcha por la administración de George Bush han dirigido cientos de miles de millones de dólares hacia las grandes empresas estadounidenses ubicadas en casi todos los sectores. El principal beneficiado ha sido el llamado “complejo militar – industrial”, pero el filón de oro se extendió hacia muchos otros sectores como el transporte, las comunicaciones y hasta los alimentos. Desde hace ocho años la Halliburton y otras decenas de empresas viven literalmente la danza de los millones.
Las acciones del gobierno estadounidense, además, han creado un ambiente de inestabilidad en todo el mundo facilitando un aumento continuo en el precio del petróleo y sus derivados. Las grandes empresas petroleras y los especuladores en su interior y su entorno, viven desde hace años en un estado de permanente éxtasis viendo cómo sus ganancias se multiplican todos los días.

Esas realidades económicas han creado también un ambiente de rechazo en el pueblo estadounidense que permitieron que el candidato más liberal (o menos conservador) dentro del grupo de pretendientes Demócratas, el afro norteamericano Barack Obama, ganara la postulación por ese partido, machacando precisamente en la necesidad de un cambio. Más aún, ahora mismo las encuestas de opinión indican que si las elecciones generales se celebraran en estos momentos, las ganaría con facilidad.

Nadie puede asegurar que Obama promueva de verdad cambios significativos en la política estadounidense. De hecho, algunas de sus recientes declaraciones lo ubican moviéndose más hacia el centro tradicional buscando tranquilizar a los sectores conservadores. Pero la posibilidad de un cambio en la política de los últimos ocho años es mucho mayor con Obama que con McCain. Por lo menos sería lógico pensar que importantes sectores del “establishment” de Wáshington –eso que algunos llaman “el gobierno permanente”– y de las grandes empresas, así lo concluyan y se movilicen a hacer todo lo posible para influenciar y alterar el posible resultado electoral.

Por eso es tan importante el último desliz de Charlie Black, porque hace público lo que muchos decían en privado. Además, no sería la primera vez que se gestionen o se manipulen crisis internacionales buscando afectar el ambiente electoral interno de Estados Unidos.

Las declaraciones de Black también nos ayudan a entender la creciente agresividad de la administración de Bush hacia Irán y sus esfuerzos por movilizar a aliados europeos, como Francia y Alemania, en esa misma dirección. Durante su reciente viaje a Europa ése fue el centro de su mensaje. Una nueva guerra con Irán, iniciada por Estados Unidos o por su estado proxi, Israel, tendría un efecto dramático en el ambiente electoral. Eso es lo que estaba en la cabeza de Charlie Black cuando habló con el periodista de Fortune.

 
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