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Cita Histórica


“El control de la campaña lo tengo yo ahora”
Jorge de Castro Font

 

Puerto Rico • 4  al 10 de septiembre de 2008

 

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Julio Pinto Gandía PDF Imprimir E-Mail
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Rafael Cancel Miranda / Especial para Claridad   

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En el centenario de su nacimiento (1908-1976)
No puedo dejar pasar este momento sin escribir algo acerca de una de las personas más patriotas y revolucionarias que he tenido el privilegio de conocer. Desde mi niñez, su nombre tuvo un gran significado para mí. Me refiero al patriota licenciado Julio Pinto Gandía, hijo de Manatí, y cuyo centenario se cumple el próximo 9 de julio.  Sabemos que fue desaparecido –y de seguro asesinado– el 18 de septiembre de 1976.
Julio Pinto Gandía fue el abogado de Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, Clemente Soto Vélez, Erasmo Velásquez y otros nacionalistas enjuiciados por el tribunal estadounidense en Puerto Rico en 1935. En el primer juicio que se le celebró a Albizu Campos, éste fue exonerado por un jurado puertorriqueño. Ante ese desenlace, el juez Robert Cooper y el fiscal Cecil Snyder constituyeron un segundo jurado formado por diez estadounidenses y dos puertorriqueños atados a los intereses yanquis. Es en ese momento que llegan a Puerto Rico los primeros dos agentes del FBI con la encomienda de fabricarles un caso a don Pedro y los demás nacionalistas. Este segundo jurado dicta sentencia contra Albizu y sus compañeros nacionalistas, y todos son enviados a la prisión federal en Atlanta.

Con el encarcelamiento de Albizu y el resto del alto liderato del Partido Nacionalista, le corresponde a Julio Pinto Gandía dirigir el Partido como presidente, puesto que ocupaba al momento de la Masacre de Ponce, el 21 de marzo de 1937.

Para la década de 1940, Pinto Gandía se traslada a vivir a Nueva York, ciudad donde trabaja incesantemente por la liberación de su patria. Es él quien, junto a don Juan Antonio Corretjer, viaja a Atlanta para recibir a Albizu Campos a su salida de prisión en 1943. Es Pinto Gandía, además, quien en ese mismo año le presenta a Albizu a la norteamericana Ruth Reynolds en el Hospital Columbus de Nueva York, donde éste convalecía. Por su solidaridad con la lucha por la independencia, Reynolds es encarcelada en Puerto Rico de 1950 a 1952. Durante ese tiempo, mantuvo correspondencia con varios líderes nacionalistas, entre ellos, el licenciado Pinto Gandía.

En una entrevista que publica el periódico The Militant, el 16 de junio de 1945, le preguntan a Pinto Gandía por qué evade al servicio militar obligatorio estadounidense. Su respuesta fue categórica:
“Yo no evado nada. Sencillamente me niego a pelear como esclavo de una potencia imperialista. Lucharé cuanto sea necesario, pero solamente por la libertad y la independencia de mi pueblo. Sé que hay muchos jóvenes de Puerto Rico en el ejército de Estados Unidos… Ellos piensan que están luchando por la libertad y la democracia. Pero ya aprenderán… que esa clase de lucha comienza en casa.”

En días cercanos a esa entrevista, el 26 de junio de 1945, se reúne por vez primera la Liga de las Naciones –precursora de la Organización de las Naciones Unidas– en San Francisco. Hasta allá viaja el licenciado Pinto Gandía, en representación del Partido Nacionalista, para entregar un documento sobre la situación colonial de Puerto Rico. Cabe señalar que Puerto Rico tuvo una observadora en la ONU desde los inicios de la organización hasta 1950, cuando se intensifica la represión contra el movimiento de liberación nacional puertorriqueño. Durante esos años, Telma Mielke, otra neoyorquina del círculo de Pinto Gandía, ocupó la silla de observadora por Puerto Rico.

El 1 de noviembre de 1950, Oscar Collazo y Griselio Torresola atacan la Casa Blair, residencia temporal del presidente Truman en Wáshington, D.C., y Pinto Gandía y otros nacionalistas son arrestados inmediatamente y encarcelados por varios días.

Llego a Nueva York en diciembre de 1952, y como la persona de mayor confianza que conocía en esa ciudad era Julio Pinto Gandía, le cito para tener una conversación privada, que sostuvimos en un parque neoyorquino. Allí le explico algo que sólo él supo: mi intención de regresar a Puerto Rico para llevar a cabo una lucha que se estaba planificando. En Nueva York, Pinto Gandía y yo nos vamos conociendo más, asistimos a reuniones, me uno a la Junta Nacionalista de Nueva York y vamos cultivando aún más nuestro compañerismo. Siempre pensé en Pinto como un hombre vertical que no sabía ser hipócrita; mientras más lo iba conociendo, más seguro estaba de eso.

En diciembre de 1953, al año de mi llegada a Nueva York, el gobierno estadounidense y sus compinches en Puerto Rico inician gestiones para que se remueva a Puerto Rico de la lista de territorios dependientes del Comité de Descolonización de la ONU. Los nacionalistas dimos una fuerte batalla para impedir lo que considerábamos que era un fraude y un engaño al mundo. Fue Pinto Gandía quien organizó y dirigió esa campaña. Recuerdo que una delegación del Partido Independentista Puertorriqueño, dirigida por don Gilberto Concepción de Gracia, también se encontraba en la ONU luchando contra ese fraude. La decisión final del Comité fue de 26 votos a favor de la posición estadounidense, 16 votos en contra y 18 abstenciones.

Así las cosas, el Partido Nacionalista consideró que era imprescindible hacer algo para llamar la atención del mundo a la verdad colonial de Puerto Rico. Decidimos hacer una demostración armada en el Congreso de los Estados Unidos, en Wáshington, D.C., lo cual hicimos el 1 de marzo de 1954. El gobierno yanqui nunca pudo vincular a Pinto Gandía con el ataque, aunque, como a otros nacionalistas, lo acusaron de conspiración y lo sentenciaron a seis años de prisión. De 1954 a 1960, me aislaron en la prisión de Alcatraz y perdí el rastro del compañero y hermano Julio Pinto Gandía. Años más tarde, me enteré de que lo habían desaparecido el 18 de septiembre de 1976 y, con toda certeza, lo habían asesinado.

Trascurrieron 50 años sin que se revelara el rol del licenciado Pinto Gandía en el ataque al Congreso de los Estados Unidos de 1954. En el 2004, cuando se cumplió el cincuentenario de la acción armada, finalmente revelé que el patriota licenciado Julio Pinto Gandía había sido el principal organizador de la acción.
Conociendo la verticalidad del nacionalista Julio Pinto Gandía, sé que murió de pie, como el valiente que era. La historia no debe olvidarlo. Recordarlo enaltece y fortalece.

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