Con motivo del noventa cumpleaños del gran líder de Sudáfrica y el mundo, Nelson Mandela, circuló una foto suya rodeado de sus nietos que es, en sí misma, el más elocuente testimonio de lo que significa la gesta emprendida y culminada por él para acabar con el “apartheid”. Ese régimen de segregación racial significó, para los negros sudafricanos, una de las peores injusticias y atropellos que sufrió pueblo alguno durante el siglo XX. Los nietos de Mandela, chicos y chicas jóvenes, de apariencia saludable y sonrisas chispeantes, simbolizan hoy la promesa del futuro para unos países y un continente donde aún prevalecen gobiernos, prácticas y situaciones tan inenarrables que amenazan la propia existencia de sus pueblos. Contra todos esos males, libró Mandela la lucha más extraordinaria, utilizando todos los métodos que las condiciones le exigieron y padeciendo estoicamente la prisión por más de 25 años. Por su ejemplo y liderazgo, el “apartheid” se derrumbó y los negros de Sudáfrica- entre ellos, sus nietos- tienen ahora la posibilidad de un mañana mejor. Pero él sabe que la lucha a la que ha entregado su vida aún no termina. Que son gigantescos los problemas que todavía enfrentan su pueblo y todos los pueblos africanos. Por eso, aprovechó su cumpleaños para lanzar el peso de su ejemplo en un llamado a las naciones e individuos ricos a compartir con los pobres los frutos de su riqueza. Mandela sabe que sólo una enorme inversión en educación comenzará a crear las nuevas oportunidades que necesitan África y otros pueblos para su desarrollo. De ahí su llamado de conciencia. Nelson Mandela sigue iluminando al mundo con su presencia preclara y su aura de santo. Tiene buenas razones para sonreír junto a sus nietos al celebrar sus noventa.
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