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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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Ingrid Betancourt y la manipulación noticiosa PDF Imprimir E-Mail
Siete Dias
Manuel de J González/Claridad   

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El 19 de junio de 2008, un cable de la Agencia Francesa de Noticias decía textualmente, citando a autoridades del gobierno de Colombia: “... el Defensor del Pueblo, Wolmar Pérez, dijo que conocía información de acuerdo con la que (Ingrid) Betancourt, de 46 años, está gravemente enferma”. La noticia no abundaba en cuál era la enfermedad de la dirigente colombiana en poder de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC) aunque añadía que los vídeos y fotografías tomadas en la selva atestiguaban que estaba “visiblemente demacrada”.

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La misma Betancourt había dicho en una carta divulgada a principios de 2008 que estaba “desfalleciendo lentamente”. Esas informaciones crearon una alarma mundial sobre la salud de la política colombiana que sirvió de base a una campaña para “salvarla”. Desde todos los rincones del planeta crecieron voces a favor de su liberación. La sensación de todos era que nos encontrábamos en una urgente carrera contra el tiempo. O se lograba su inmediata liberación o moría.

Algunas semanas después de la divulgación de esas informaciones ocurrió el operativo de las fuerzas armadas colombianas que logró la liberación de Betancourt y otro grupo de personas. De inmediato todos los observadores se percataron de que las imágenes que transmitía la televisión no eran las de una persona que estaba a punto de fallecer. Ni ella ni ninguno de los otros liberados –todos ellos militares colombianos o estadounidenses– mostraban señales de que estaba padeciendo alguna enfermedad o de que se encontraba desnutrido ni maltratado. Ningún medio de prensa, sin embargo, comentó el hecho.

Tras su liberación Betancourt inició una intensa actividad en Colombia y luego viajó a Francia donde fue sometida a una detallada revisión médica. Buenos médicos con el mejor equipo disponible diagnosticaron que se encontraba en perfecto estado de salud. Ella misma confirmó la noticia y luego añadió que reduciría sus actividades no porque esté enferma sino para disfrutar con su familia.

Otra vez, ningún medio de la gran prensa del mundo, los que durante largos meses repitieron sin cesar que había que rescatar a Betancourt cuanto antes porque estaba a punto de fallecer, corrigió su error. Tampoco reconocieron que sus captores la estaban alimentando bien y cuidando de su salud ni que lo que se decía sobre ella era mentira o, al menos, exageraciones. Nada de eso. Siguieron machacando sobre el barbarismo de las FARC y continuaron la presión para la liberación incondicional de los otros detenidos.

Resulta natural la alegría por la liberación de Betancourt y aceptable que se rechace el secuestro de civiles para intentar canjearlos por guerrilleros presos. Lo que no es aceptable es que se monte una brutal campaña mediática fundamentada en la mentira y en la manipulación de informaciones. Sobre ese tipo de campaña se ha escrito mucho. Durante los años de la Guerra Fría las técnicas de desinformación y de manipulación se perfeccionaron. Los actores principales de aquel conflicto dedicaron enormes recursos para “vender” sus objetivos y taladrar los del enemigo. Durante las últimas décadas el desarrollo sin precedente de los medios de comunicación y su globalización, han permitido una utilización más refinada y altamente efectiva de esas técnicas manipuladoras. Lo que comentamos en torno al caso de Ingrid Betancourt es un buen ejemplo de ello. La enferma y casi moribunda salió radiante de la selva y los que se cebaron la mentira no hicieron el menor esfuerzo por rectificar. Todo lo contrario, celebraron.

El pasado domingo 20 de julio vimos otro ejemplo de lo que aquí comentamos. En ocasión de celebrarse el día de la independencia de Colombia se programaron manifestaciones por todo ese país y en las principales capitales de Europa y América para exigir la liberación de las personas que continúan detenidas por las FARC y condenando a esta organización. Los medios de prensa cubrieron esas manifestaciones y las difundieron a todo dar uniéndose al reclamo liberador.
Ninguno de esos medios comentó que en Colombia hay más de 500 guerrilleros encarcelados viviendo en las peores condiciones posibles. Ninguno se preocupó por la salud de estas personas ni de si estaban bien alimentados y recibiendo una atención médica aceptable. ¿Cuántos de ellos languidecen como supuestamente languidecía Betancourt?

Los medios noticiosos entrevistaron, con una frecuencia que resultaba cansona, a los familiares de los detenidos de las FARC y nos mostraron a sus hijos llorando y a las madres, esposas o novias sufriendo. Había camisetas con las imágenes de los “secuestrados” y carteles con las caras de sus hijos y de sus madres. ¿Y qué hay de las familias de los 500 guerrilleros que se almacenan en las cárceles colombianas? ¿Quién los entrevistó? ¿Alguien se preocupó por sus hijos? Las preguntas son retóricas y quienes leen estas notas conocen la contestación.

En ningún medio de prensa se dijo que la mayoría de las personas que permanecen detenidas por las FARC no son civiles sino militares. Son policías o soldados que combatían contra la guerrilla. En esos casos no se puede hablar de secuestros y por eso en el párrafo anterior la palabra está entre comillas.

La guerra mediática no se reducirá, todo lo contrario, incrementará buscando el objetivo de que las FARC liberen a sus detenidos sin que el gobierno colombiano haga lo mismo con los suyos. Recientemente esas mismas FARC, presentadas como insensibles, liberaron a 304 militares como un gesto de buena voluntad. ¿Podrá el gobierno de Álvaro Uribe imitar ese gesto?


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