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Cita Histórica


Puerto Rico •  27 de noviembre al 3 de diciembre de 2008

 

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Rivera Cruz: Maravilla le abrió los ojos a Puerto Rico PDF Imprimir E-Mail
Claridad en la Nación
Cándida Cotto / Claridad   

Hay momentos y reflexiones en la historia de los pueblos que perduran. La experiencia de los asesinatos de los jóvenes independentistas Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví en el Cerro Maravilla un 25 de julio hace 30 años, es uno de ellos. Cuando se conmemoró el 25 aniversario de aquellos sucesos, Claridad entrevistó a la persona que tuvo a su cargo la primera investigación que llevó a cabo el Senado de Puerto Rico y que descubrió verdad que ya la mayoría del pueblo intuía. A continuación presentamos algunos fragmentos de esa entrevista al licenciado Héctor Rivera Cruz porque mantienen su vigencia y es dable repasar. Como veremos, todavía hay cosas que no cambian en nuestro país.

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Lo que logró la investigación
“Para mí, la satisfacción más importante de la investigación sobre el caso del Cerro Maravilla fue lograr que la interrogante colectiva que había producido cuestionamientos electorales, de los fiscales, del sistema completo de procesamiento legal en Puerto Rico, lograra esclarecerse. Durante esos cinco años, en gran cantidad de puertorriqueños estaba la convicción moral de que había habido unos asesinatos y, por primera vez, un proceso legislativo en Puerto Rico produjo el resultado que sabemos”.

La investigación del Senado
“Los primeros meses fueron terribles, unos meses donde la investigación no podía llegar a nada. No se entregaban documentos y todo el mundo se negaba a comparecer ante la comisión. Una de las grandes cosas de este proceso fue afianzar el poder constitucional de la Legislatura para fiscalizar e investigar a la Rama Ejecutiva, pero al principio fue muy confrontacional con el Superintendente de la Policía, con el propio Secretario de Justicia, con el Gobernador. Pasamos meses peleando en los tribunales. Hubo un montón de casos, a nivel federal y a nivel local, pero al final se clarifica el poder y la autoridad de la Legislatura”.

Con Maravilla se perdió la inocencia
“Como resultado de Maravilla, empezaron a aflorar denuncias sobre policías que robaban, que hurtaban, que apaleaban a ciudadanos, que le llevaban la cartera, que le ponían la droga, todas estas cosas. Vinieron una serie de casos de muchachos que les habían fabricado casos, que tuvimos que bregar con ellos y excarcelarlos y radicar los casos, porque hasta lo confesaron los policías: los (teniente Julio César) Andrade y todos esos tipos aceptaban que les habían puesto cosas ilegales para poderlos arrestar.”

“Es muy difícil pensar que haya habido otro evento de naturaleza legal-social que tuviera el impacto del Cerro Maravilla. Todavía al día de hoy, la mayoría del pueblo de Puerto Rico tiene presente, en su conciencia y en su vivir, lo que significó esa investigación y miran el resultado de las vistas como algo positivo”.

“Creo que a nivel social, Maravilla le abrió cuatro ojos a cada ciudadano en Puerto Rico: no dos, sino cuatro. Ahora hay que tener cuidado, porque la gente mira de manera diferente al Estado. Esa conciencia de ese ciudadano común, se levantó”.

Policía y FBI encubridores
Que la Policía de Puerto Rico está estrechamente vinculada al Buró Federal de Investigaciones (FBI) del Gobierno de Estados Unidos y que éste último tuvo una participación activa en los hechos quedó evidenciado en las investigaciones senatoriales. Pero Como señaló Rivera Cruz en el momento de la entrevista, cuatro investigaciones oficiales, dos federales y dos estatales, sólo tuvieron el objetivo de encubrir los asesinatos.

“El enlace que tenía la Policía con el FBI era Ángel Luis Pérez Casillas, que a su vez dirigía la Oficina de Inteligencia, bajo la superintendencia de Desiderio Cartagena. No me cabe duda alguna de que previo a Maravilla, el hecho de marcar a todos estos movimientos de naturaleza independentista y catalogarlos como elementos terroristas era una inteligencia compartida con el FBI”.

“En este caso a través de un gran jurado, el FBI hacía investigaciones y luego las cerraban, porque entendían que no había evidencia, que no había prueba sobre asesinatos, que éstos eran compatibles con la famosa defensa propia que reclamaba la Policía”.

Para poder superar esa confabulación de la Policía y el FBI, el licenciado Rivera Cruz tuvo que llevar entre 15 y 20 casos contra los gobiernos de Puerto Rico y Estados Unidos para que liberaran información indispensable para la investigación.
El empeño en ocultar la verdad se extiende a lo que el investigador describió como una subcultura de silencio en la Policía. “Si había que cortarle la lengua a alguien para que no hablara, se hacía”; “La gente de Inteligencia estaba detrás de los testigos, amenazándoles y presionándolos. Un tropel de ellos llegaba a presenciar las vistas”.
Tras la investigación del Senado de 1983, agentes de la División de Inteligencia de la Policía aceptaron que durante el proceso de vistas públicas hubo reuniones para planificar el asesinato de Rivera Cruz.

“Un día me pusieron un carro al frente y uno detrás y yo me dije: ‘aquí llegó el día’. Le di con mi carro a uno de ellos y los tiré por la isleta. Dije ‘bueno, si me van a tirar (a matar) por lo menos me tienen que chocar primero”.
Uno de los momentos más difíciles fue cuando estuvo a punto de que le secuestraran a su hijo.

 “Por poco secuestran a mi hijo y se lo llevan. Tuve que alquilar unos guardias privados y dejarlos dormir en mi casa por dos días porque lo iban a secuestrar por instrucciones de (Desiderio) Cartagena”.

Romero cargará la culpa de Maravilla
“Romero cayó con la marca de la historia como el gobernador de los asesinatos y encubrimiento de Maravilla. A nivel de la justicia y la ética moral del pueblo, ésa fue su responsabilidad. Aunque quisiera quitársela de encima, lo marcó para toda la vida, y sus actos, de seguir en la política, son una defensa contra esa responsabilidad histórica. Para comprobarlo sólo basta con mencionarle Maravilla después de 25 años y ver las reacciones impetuosas y frenéticas que tiene y que lo alteran”.

“Es más, no puedo concebir a un Romero que hoy en día pueda decir que se siente satisfecho porque los asesinos de Maravilla fueron convictos. Si los cuerpos no hubieran aparecido, todavía Romero estaría diciendo que el que dijo que los mataron miente”.

Aunque dijo que legalmente no se llegó a aprobar que fue Romero el que fraguó los asesinatos y llevó a cabo el encubrimiento, “sí hubo una serie de elementos que, en su conjunto, determinaron que había causa para investigarlo por encubrimiento”.

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