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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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De Maravilla a la Guerra Contra el Terrorismo PDF Imprimir E-Mail
Claridad en la Nación
Félix I. Aponte-Ortiz*/Especial para Claridad   

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Esta semana el País recuerda los detestables sucesos ocurridos en el Cerro Maravilla de Villalba el 25 de julio de 1978. Ya han pasado tres décadas desde el asesinato por parte de policías estatales de los jóvenes Arnaldo Darío Rosado Torres, trabajador de 24 años, y Carlos Soto Arriví, estudiante de 18 años.
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La versión oficial que el gobierno de Carlos Romero pretendió validar señalaba que estos jóvenes armados con “una mecha, fósforos y bloques de carbón” se proponían, junto al agente policíaco encubierto, Alejandro González Malavé, derribar una torre de transmisión del entonces canal 7, Rikavisión. Existe otra versión que señalaba que los jóvenes tenían como misión divulgar un mensaje a través de ese sistema de comunicaciones alusivo al recordatorio de la invasión norteamericana de Puerto Rico el 25 de julio de 1898. El gobierno alegó que los policías en el Cerro Maravilla fueron atacados por los “terroristas” y que les dieron muerte a los jóvenes en legítima defensa propia. Como sabemos, el caso resultó ser un acto de entrampamiento y encubrimiento de las autoridades gubernamentales de Puerto Rico y del gobierno federal.

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Esta masacre que produjo tanto dolor y repudio de la mayor parte de los sectores del país se debe examinar en un contexto más amplio puesto que representó la implantación de una política del gobierno de los EE.UU. para mantener control del orden institucional en el sistema colonial puertorriqueño. Treinta años después de estos sucesos esta política de intervención se ha profundizado a la luz de la llamada “Guerra Contra el Terrorismo” (Global War on Terror).

“…el operativo puntual de la Policía y el FBI en el Cerro Maravilla formaba parte de una estrategia más amplia diseñada y promovida por altos funcionarios del Gobierno de Puerto Rico, incluyendo La Fortaleza, y sectores de la inteligencia norteamericana.”

Al examinar las circunstancias en que ocurrieron los hechos del Cerro Maravilla es importante recordar que el agente González Malavé actuó como un ente para hacer operacional una estrategia dirigida a criminalizar la lucha por la independencia y justificar la intervención policíaca contra todos aquellos individuos que se clasificaron como “terroristas”. El agente González Malavé influyó en Arnaldo Darío y Carlos Soto para crear el autodenominado Movimiento Revolucionario Armado (MRA). Llevando a cabo varios actos violentos en días previo al 25 de julio, incluyendo un atentado contra la Oficina de Seguridad de la Guardia Universitaria en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y un atentado contra la residencia de Luis Muñoz Marín en Trujillo Alto. La intervención en el Cerro Maravilla era parte de la agenda del MRA, para adelantar la lucha por la independencia. Ahora sabemos que la División de Inteligencia de la Policía, de la que formaba parte González Malavé, adiestrada y coordinada por el FBI, respondía a un proyecto político anexionista del entonces Gobierno de Puerto Rico y que a su vez respondía a una estrategia más amplia del gobierno federal dentro de la política de la llamada “Guerra Fría”. Es decir, el operativo puntual de la policía y el FBI en el Cerro Maravilla formaba parte de una estrategia más amplia diseñada y promovida por altos funcionarios del Gobierno de Puerto Rico, incluyendo La Fortaleza, y sectores de la inteligencia norteamericana. Tanto Arnaldo como Carlos movidos por un legítimo fervor patriótico ignoraban este drama, y esto les costó la vida.

La Guerra Fría que mantuvo el gobierno de los EE.UU. durante décadas contra la Unión Soviética supuso la intervención constante de agentes norteamericanos en prácticamente todos los países del mundo. El objetivo era debilitar y desacreditar la influencia y la capacidad político-militar de la Unión Soviética y la promoción que ésta hacía del modelo socialista. Esta gestión de la Guerra Fría fue transformándose con los años hacia la Guerra Contra el Terrorismo. Desde el ataque a la influencia soviética, la inteligencia norteamericana consideraba como actos terroristas prácticamente cualquier expresión de lucha, tanto política como armada, independientemente de su legitimidad. Paradójicamente las agencias de inteligencia federal por décadas han organizado, adiestrado y financiado individuos y grupos que usan el terror como arma para adelantar o sostener sus ideologías e intereses. Así lo han hecho en Puerto Rico; la experiencia del Cerro Maravilla es uno de estos casos.

La transición de la Guerra Fría, una vez colapsado el Bloque Soviético, hacia la llamada Guerra Contra el Terrorismo, comenzó desde principios de la década del 80 con la administración Ronald Reagan. La hegemonía del sistema político y económico norteamericano requiere una atmósfera de ‘guerra’ para justificar su existencia. El aparato militar-industrial requiere de escenarios de conflictos que justifiquen su extraordinaria producción de armamentos y nuevas tecnologías de destrucción humana. No existiendo “socialistas” que amenazaran al “capitalismo”, se hacía necesario construir otros “adversarios” y a éstos se les llama genéricamente “terroristas”. En años recientes los terroristas por excelencia, según los norteamericanos, los constituyen algunos pueblos árabes y musulmanes, dondequiera que éstos estén en el Mundo. La guerra contra el terrorismo se agudizó en EE.UU. a partir de los incidentes del 11 de septiembre de 2001 y el concepto se ha adoptado en la mayor parte de las potencias económicas globales. En el caso de los EE.UU. el presidente Bush hizo una declaración formal de “guerra al terrorismo” el 20 de septiembre de 2001 cuando comparó dicha guerra con la anterior “Guerra Fría”.

La nueva guerra responde a un diseño cuidadosamente articulado que incluye conjuntamente medidas militares, políticas y legales. Se formuló y se implanta para contener la alegada amenaza terrorista, para prevenir actos terroristas y para eliminar o contener la influencia política y militar de “organizaciones terroristas”. El gobierno de los EE.UU., según las circunstancias, define y alista individuos, organizaciones y Estados a los que cataloga como “terroristas”. Contra ellos va dirigida esa guerra. Como resultado de esta estrategia EE.UU. ha intervenido bajo el esquema de “guerra preventiva” en Irak, Afganistán y otras regiones del mundo; se le ha atribuido múltiples y serios abusos a los derechos humanos y violaciones a la Ley Internacional. Esto ha incluido el secuestro, arresto y tortura de cientos o miles de personas de múltiples países del mundo. Como es de todos conocidos, incluye el denominado “Patriot Act” a través de la cual el gobierno federal tiene capacidad, y legitimidad para intervenir con cualquier individuo, organización o corporación en los EE.UU., incluyendo la intervención de sus comunicaciones. De este proceso, otros dos boricuas han sido víctimas: José “Pucho” Padilla y Filiberto Ojeda Ríos.

“En los tiempos de Maravilla se percibía principalmente al sector independentista como una amenaza a la seguridad nacional, de manera que la represión, intimidación y el proceso de criminalizar la lucha afectaba a este sector que entonces se consideraba minoritario en relación con el resto del país. El asesinato de Arnaldo Darío Rosado Torres y Carlos Soto Arriví fue el producto de esa visión.

Durante esta semana se pone a la venta en los EE.UU. un libro muy interesante y pertinente de la escritora y reportera Jane Mayer. El libro se titula The Dark Side: The Inside Story of How the War on Terror Turned Into a War on American Ideals. La reseña que se hace del libro señala que la teoría de la autora va dirigida a demostrar la manipulación e intervención del Vicepresidente Dick Cheney y su asesor legal, actualmente “Chief of Staff “, David Addington para centralizar el poder constitucional de los EE.UU. en el Presidente. La “Guerra Contra el Terrorismo” se plantea como la cubierta para ese control político. Según Mayer, ir a la guerra siempre beneficia a la Rama Ejecutiva pues tradicionalmente en la gestión de Comandante en Jefe, el Presidente requiere y recibe deferencia, tanto del Congreso como de las Cortes. La visión de Cheney y de Addington va dirigida a fortalecer una especie de Ejecutivo Unitario donde se centraliza el poder político y se subordinan aspectos constitucionales, sobre todo de derechos civiles, así como del Derecho Internacional, al capricho o interés de ese “Presidente Imperial”. Estoy convencido de que los incidentes del 11 de septiembre de 2001 contaron con un alto grado de preparación, diseño y tolerancia de funcionarios de gobierno y de otros intereses particulares para crear las condiciones que facilitaran la ejecución del poder político a través de una “presidencia imperial”.

Puerto Rico está claramente influenciado y afectado por estas políticas de control de parte del Gobierno del sistema prevalente. En los tiempos de Maravilla se percibía principalmente al sector independentista como una amenaza a la seguridad nacional, de manera que la represión, intimidación y el proceso de criminalizar la lucha afectaba a este sector que entonces se consideraba minoritario en relación con el resto del país. El asesinato de Arnaldo Darío Rosado Torres y Carlos Soto Arriví fue el producto de esa visión. Aunque el proceso de investigación y de enjuiciamiento de algunos de los responsables de estos asesinatos esclareció los hechos concretos ocurridos en el Cerro Maravilla, nunca se ha logrado profundizar la investigación para identificar los actores intelectuales, norteamericanos y nacionales que diseñaron y pusieron en vigor ese operativo. El pueblo debe estar alerta dado que esos actores intelectuales ahora tienen más poder y mayores recursos para reprimir al independentismo y a cualquier individuo de nuestra sociedad que objete, cuestione o amenace los intereses del “Presidente Imperial”. El movimiento independentista tiene que estar conciente de ese gran poder al que nos enfrentamos para lograr la soberanía nacional.

Mirando al Cerro Maravilla treinta años después me hago conciente de que la ingenuidad y la falta de educación política puede ser utilizada para poner en práctica medidas de represión y control diseñadas por los sectores que ostentan el poder. Debemos cuidarnos de que en el fervor patriótico para enfrentar y vencer la actitud imperialista del gobierno federal no seamos manipulados por los González Malavé, División de Inteligencia, gobernadores, agentes federales y los Cheney y Addington de la vida. Es imprescindible que mantengamos conciencia de las estrategias que sostienen al nuevo imperialismo norteamericano. Entonces no tendremos otros Maravilla y sí una Patria Soberana.

* El autor es profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico y fue miembro de la Junta de Planificación de Puerto Rico.

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