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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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“La prensa tiene la culpa” PDF Imprimir E-Mail
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Elliott Castro Tirado / Claridad   

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Los puertorriqueños somos muy dados a generalizar. Uno o dos ejemplos son suficientes para extender las conclusiones a colectivos completos, independientemente del comportamiento del resto y en ocasiones sin siquiera intentar averiguarlo. Eso lo considero un defecto, porque en demasiadas ocasiones al generalizar se cometen errores de juicio que nos llevan a injusticias. “Los trabajadores de Energía Eléctrica trepan palos y no por eso son lagartijos”, era uno de los refranes preferidos en mi adolescencia.

Tan fácil que es añadir un “muchos”, “algunos” o aun “prácticamente todos”, en vez de empujar el absoluto genérico. Lo más peligroso es que casi siempre que se hacen esas generalizaciones es para destacar defectos o fallas colectivas.

Si piensa que este artículo es defensivo ante los ataques a “la Prensa” hechos recientemente por deportistas que culminaron con las quejas de Miguel Cotto… tiene razón. Aunque coincidiera en sus señalamientos, su generalización es injusta, pues no es “la Prensa”, sino “algunos periodistas” o en todo caso, “algunos sectores de la Prensa”.
En el deporte se trabaja con informaciones y hasta opiniones antes de la competencia, la descripción de lo que ocurre en el evento y luego los por qué. En todo el proceso también están las entrevistas directas, en las que se buscan citas directas, especialmente de los atletas. Ésa es, posiblemente, la parte más difícil de la profesión, pues tienen que enfrentar al entrevistado y muchas veces hacerle preguntas sobre temas incómodos. Pero en la inmensa mayoría de las ocasiones, los periodistas no se inventan los temas. Lo más fácil sería publicarlos, como hacen algunos. Los más serios buscan las opiniones directas de los afectados.

Contrario a los compañeros de oficio que cubren otras áreas, la inmensa mayoría (por aquello de no generalizar) de los periodistas deportivos sentimos pasión por lo que hacemos, pues en última instancia somos seguidores de deportes, de equipos o de atletas en particular. Eso dificulta nuestro trabajo, especialmente si pretendemos ser rigurosos con el primerísimo dogma de la profesión, que es mantener la objetividad en todos nuestros trabajos.

OBJETIVO, PERO NO IMPARCIAL
Ser objetivo no es otra cosa que describir la realidad como es y no necesariamente como uno quisiera que fuera. En la parte descriptiva de la actividad deportiva es relativamente fácil mantener la objetividad, pues en casi todos los deportes basta con relatar lo ocurrido. Por décadas el periodismo deportivo puertorriqueño, principalmente el escrito, se limitó a describir lo acontecido con las citas directas (entre comillas) de las opiniones de los participantes una vez concluida la competencia.

Sin echármelas de más, pero en justicia, fue en las páginas deportivas de CLARIDAD cuando era diario, que consistentemente se comenzó a emitir opiniones de lo que iba a suceder. “Pronósticos” los llamaban, posiblemente en tono de burla al hacer una especie de asociación con los supuestos parasicólogos, videntes y todos los que viven de los incautos que les creen lo que dicen que va a suceder.

En mi caso, lo más difícil es mantener la objetividad cuando se trata de competencias internacionales en las que participan nuestros equipos nacionales o peleas de boxeo en las que se enfrenta un boricua con algún rival de otro país. Les confieso que no hay mayor satisfacción que haberme equivocado, pues pensaba que Paul Williams le ganaría a “El Indio” Quintana. La segunda vez que pelearon volví a escoger al estadounidense para ganar y lamentablemente, en esa ocasión acerté. Como he dicho tantas veces, una cosa es quién uno quiere que gane y otra quién uno cree que va a ganar.

Algunos deportistas puertorriqueños, incluyendo atletas, entrenadores y directivos, parece que no entienden nuestra función, pues piensan que el periodista tiene algo en su contra si se atreve hacer un pronóstico previo o un análisis posterior desfavorable.

Hay una gran diferencia entre las responsabilidades de ser periodista con las de relacionista público. Los bajos salarios y la dura situación económica del país han llevado a muchos de nosotros a realizar más de una tarea, lo que nos ubica en posiciones muy peligrosas de potenciales conflictos de interés. Hay que ser un Wallenda de la vida para pasearse sin caerse de la cuerda floja cuando uno tiene que analizar (antes o después de la competencia) la actuación de un atleta o equipo para el que uno también trabaja como narrador o presentador. Lo más fácil es abstenerse de comentar y limitarse a describir lo ocurrido.

Los compañeros que viven de “josear” las noticias enfrentan el problema adicional de que algunos atletas y deportistas sólo quieren que se publiquen informaciones positivas. Tampoco quieren que se les pregunte sobre situaciones conflictivas o temas en los que tienen que asumir posturas que pueden incomodar a algunos sectores.

Por otro lado, soy el primero en reconocer que hay un sector en el país que aparenta disfrutar las derrotas de los nuestros. Son los mismos que creen que todo lo que viene de afuera es superior. Lamentablemente, unos cuantos compañeros periodistas han caído en esa tendencia. Son los que aparentan disfrutar de golpear en el piso y en sus ataques incluyen golpes bajos. Ésos están tan dañados que aunque el vaso esté casi lleno hasta el tope, se fijarán en el pedacito que está vacío. Para ellos, lo importante son las manchas que tiene el sol y no lo poderoso que es.
Pero como señalé al principio, son “algunos” y no todos. Aquí también la generalización es injusta.

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