La campaña contra la República Popular China por parte de los medios estadounidenses y de ciertos países europeos, en víspera de los Juegos Olímpicos en Beijing, es tan obvia y tan política que no tiene precedente, excepto cuando se celebraron los de 1980 en la entonces Unión Soviética.
Desde The New York Times, The Washington Post, las revistas Times y Newsweek, las cadenas de televisión, hasta la publicación Foreign Affairs (del “Council on Foreign Relations”, que representa los más estables círculos de poder estadounidenses) hace meses han montado una intensa campaña para usar los Juegos Olímpicos como medio para atacar a China.
Y, por cierto, los medios estadounidenses que se autoproclaman “prensa libre”, “prensa independiente” y “prensa democrática” son parte y propiedad del capital corporacionista dominante.
La campaña contra China no es nueva, lleva ya mucho tiempo. Primero fue que los juguetes importados de China estaban contaminados, después fue la comida para los sagrados perros y gatos (que para muchos estadounidenses cuentan más que seres humanos), después fueron medicinas, luego pescados, ¿y qué más? Se intentó desprestigiar todo lo importado de China. En algunos círculos, incluso, se responsabilizó a China por problemas económicos en Estados Unidos y por la desaparición del sector manufacturero.
Se fueron acercando los Juegos Olímpicos y se acrecentaron las críticas a China. Ha sido obvio que el interés de los medios estadounidenses ha sido y es el de usar dichos juegos como una excusa para visitar a China y atacar a China.
La revista Foreign Affairs, que no le presta atención alguna a los deportes, en su edición de julio-agosto 2008 publicó un largo artículo titulado: “La pesadilla olímpica china”, escrito por dos personas del “Council on Foreign Relations”. Es impactante la poca diversidad que existe en la llamada prensa independiente estadounidense, las críticas contra China siempre son las mismas.
Dicho artículo, probablemente escrito hace más de dos meses, ya pronosticaba los supuestos serios problemas y adversidades a que se enfrentaría el gobierno chino. Con la soberbia que los caracteriza, estos dos académicos estadounidenses escriben: “Pocos dentro del liderato central (chino) parece que anticiparon la profundidad en que las Olimpiadas fomentarían los persistentes retos políticos a la legitimidad del Partido Comunista y la estabilidad del país”. ¡Tamañas predicciones! ¿Cómo es que estos dos estadounidenses conocen lo que entendían o no los dirigentes chinos? La dirigencia china siempre ha sido cautelosa y pensante y obviamente tuvo que haber anticipado la feroz campaña que se desataría contra ellos. ¿En peligro “la legitimidad del Partido Comunista y la estabilidad del país”? Eso es lo que en inglés llaman “wishful thinking”, o que uno predice lo que desea.
El absurdo no termina ahí. La revista Newsweek en su edición del 4 de agosto trae como portada la foto de un feroz Liu Xiang, el vallista chino, quien obtuvo medalla de oro en Atenas en 2004 en los 110 metros con obstáculos. Los medios estadounidenses han elevado a Xiang a la categoría del símbolo chino en los Juegos y por lo tanto, si éste no obtiene la medalla de oro, presentarlo como una humillación para China. Los chinos, que son más realistas, saben muy bien que Xiang tiene un rival tan bueno como él, Dayron Robles, un cubano de 21 años, que ha estado espectacular y este año le quebró la marca mundial a Xiang, aun cuando corrió con una enorme cadena en el cuello, pulseras y espejuelos de sol. Sin embargo, lo más absurdo de dicha edición es un artículo escrito por Orville Schell (recortado de uno más extenso publicado en el New York Review of Books –como se puede observar, un medio publica lo mismo que otros).
El autor alega que el interés chino en celebrar los Juegos Olímpicos y en obtener un mayor número de medallas es consecuencia de un “complejo de inferioridad” que padecen los chinos como consecuencia de las “humillaciones” sufridas desde mediados del siglo 19.
Tenemos entonces que los estadounidenses no solamente conocen cómo leer la mente de los dirigentes chinos sino que saben cómo analizar la siquis china.
La campaña contra China llegó a su punto máximo respecto a las protestas en Tibet. Esas manifestaciones de algunos monjes budistas fueron claramente organizadas para coincidir con el recorrido de la antorcha olímpica. Fueron violentas. Turbas dirigidas por los monjes atacaron e incendiaron establecimientos de chinos de origen Hen (la mayoría de chinos son de ese origen) Mataron varias personas.
Los medios estadounidenses y algunos europeos presentaron dichas acciones como un grito de libertad (“Free Tibet”) y la respuesta del gobierno chino como una represión comunista. La realidad no es ésa. Tibet ha sido parte integrante de China por más de 700 años. La gran mayoría de la población del Tibet fue ya liberada, por el Partido Comunista chino, del servilismo, la esclavitud, la pobreza extrema y la represión a que estaba sometida por los Lamas y monjes budistas entronizados en sus templos.
¿Desean los medios estadounidenses ir a China para informar respecto a los Juegos Olímpicos o a usarlos para atacar a China? Un artículo de primera plana en The New York Times del 31 de julio revela claramente sus intenciones. El Times argumenta que el Comité Olímpico Internacional (COI) no insistió lo suficiente ante las autoridades chinas en que se permitiera a los miles de periodistas que visitan China para cubrir las Olimpiadas en tener libre acceso al Internet y en poder “informar libremente”. Pero cuando se continúa leyendo dicho artículo se lee que la queja del Times es que China ha limitado el acceso a sitios electrónicos referentes a “asuntos tibetanos, independencia de Taiwán, la violenta represión contra las protestas en la plaza de Tian An Men, los sitios electrónicos de Amnistía Internacional, la edición china de la BBC, Radio Asia Libre y algunos periódicos de Hong Kong…”.
Entonces, la pregunta es: ¿los periodistas estadounidenses y algunos otros van a cubrir los Juegos Olímpicos o van a buscar algún monje supuestamente tibetano o algún “disidente” político, “amante de la democracia”, “activista de derechos humanos” para hacerle una entrevista, si posible en la plaza de Tian An Men? Porque todos los “activistas pro democracia” y “activistas pro derechos humanos” que presentan los medios estadounidenses son anti gobierno y sistema chino.
China garantizó libre acceso y reportaje a los Juegos Olímpicos. Si los periodistas estadounidenses quieren ir para escribir de otras cosas, entonces esperen a que pasen los Juegos y déjense de hipocresías.
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