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Cita Histórica


Puerto Rico • 21  al 27 de agosto de 2008

 

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La falsedad del autonomismo PDF Imprimir E-Mail
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Carlos Gallisá   

 “El autonomismo es la esclavitud con cadena larga”
Luis Muñoz Marín

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Desde los tiempos de España los colonialistas han pretendido usar el concepto autonomista para distanciarse del dominio político extranjero y ocultar su colaboración y apoyo al coloniaje. Decir “yo soy autonomista” en muchas ocasiones ha venido a aceptarse como algo distinto al coloniaje, ganando el autonomismo una respetabilidad que no merece. El autonomismo no es otra cosa que coloniaje. Aún cuando su discurso está enmarcado en un reclamo de mayores poderes políticos, siempre, desde Baldorioty hasta Luis Muñoz Marín, los autonomistas le otorgan el poder supremo a la metrópolis. Es precisamente quién detenta ese poder supremo sobre el país lo que define si un pueblo se ha liberado o no del coloniaje.

En estos momentos en que el Partido Popular ha adoptado como postulado programático el reclamo de soberanía para nuestro pueblo es necesario dejar con claridad incuestionable el significado político de autonomía y soberanía. Es imprescindible hacerlo porque todavía oímos a dirigentes Populares hablar indistintamente de soberanía y autonomía, llegando algunos hasta el disparate de proponer una autonomía soberana. Para ubicar el diferendo y entenderlo con mayor facilidad, en la autonomía el poder supremo sobre Puerto Rico lo tiene Wáshington mientras bajo la soberanía ese poder está en manos del pueblo puertorriqueño. Claramente, una diferencia enorme entre estas dos fórmulas políticas. En resumen, bajo la autonomía se mantiene el coloniaje y bajo la soberanía termina.

A lo largo de nuestra historia política el coloniaje ha encontrado su mayor apoyo en los llamados autonomistas. Sus principales líderes, sin excepción, han sido anti-independentistas a pesar de que las reformas coloniales que han alcanzado los autonomistas han sido resultado de la lucha independentista.

Román Baldorioty de Castro, reconocido como el padre del autonomismo y figura muy sobrestimada en nuestra historia, se negó a participar en el Grito de Lares hasta que no se contara con suficiente dinero y armas. A lo que Betances le ripostó: “Así hasta yo”. Y añade Betances: “Castro, pues no quiere ni que le escriban ni que lo mienten, mientras no hayamos reunido no sé yo cuantos millones”.

A pesar de la derrota militar del Grito, España tuvo que hacer concesiones políticas como consecuencia de aquella lucha. En los años siguientes se logró la abolición de la esclavitud, la eliminación de la libreta de los jornaleros y el reconocimiento de partidos políticos (excluidos partidos independentistas). Esto hizo posible la creación del Partido Autonomista que propulsara Baldorioty en la celebración de la Asamblea de Ponce y que diera inicio al movimiento autonomista organizado. A pesar de que Baldorioty era considerado la figura más radical del autonomismo de aquella época su propuesta autonómica él la definió como “descentralización” en el orden político y en el económico-administrativo “hasta el mayor grado compatible con la unidad nacional española”. No hay en Baldorioty demanda de soberanía, su propuesta es un reformismo colonial.

A Baldorioty le sigue como abanderado autonomista Luis Muñoz Rivera, quien logra la mayor expresión de autonomía en la histórica Carta Autonómica que negociara con el gobierno de Sagasta en España. La concesión de la Carta fue producto de la amenaza que significaba para el dominio español la unidad de cubanos y puertorriqueños en Nueva York al organizar el Partido Revolucionario Cubano para la conquista de la independencia de las dos Islas, las últimas dos colonias de España en América. Muñoz Rivera rechazó unirse al movimiento revolucionario capitaneado por Betances y Martí y optó por el reformismo colonial al igual que Baldorioty. A pesar de los poderes que la Carta le otorgaba al gobierno autonómico el Rey de España bajo la carta se reservaba el poder de anular la legislación que se aprobara en Puerto Rico. Otra vez más bajo España el autonomismo reniega de la independencia y se repliega en el colonialismo.

Bajo la dominación yanqui le tocó a Luis Muñoz Marín seguir los pasos de su padre y de Baldorioty. En este caso fue más costoso el rechazo a la independencia pues había una mayoría que la favorecía cuando Muñoz decidió renegar de ella para abrazarse a la reforma colonial que ha significado el estado libre asociado. Muñoz nunca quiso identificar el ela con la autonomía. Lo presentaba como algo nuevo y distinto en su afán de darle carácter descolonizador. La historia del 1952 hasta hoy habla con gran claridad de nuestra condición colonial.

Es incuestionable que el movimiento autonomista le ha servido bien a las dos potencias coloniales que han regido en Puerto Rico. En las tres épocas mencionadas y ante el empuje independentista el autonomismo le ha ofrecido a la potencia colonial de turno una salida reformista al coloniaje para frenar las fuerzas independentistas.

El manejo y manipulación del concepto autonomista se ha mantenido en el discurso del PPD aun cuando tal concepto como categoría política no existe en las estructuras constitucionales y políticas de Estados Unidos. En ellas sólo existe el estado, el territorio, la reservación indígena y el Distrito de Columbia como sede del gobierno central.
Una buena medida para determinar el compromiso y seriedad del PPD con el reclamo de soberanía es si descarta el uso del concepto autonomía de su discurso. Mientras lo sigan usando estarán en la defensa del coloniaje.

 
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