Cita Histórica


Puerto Rico •  2 al 8 de julio de 2009

 

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Con arroz con pollo terminó la guerra en Puerto Rico* PDF Imprimir E-Mail
En Rojo
Kino García   

Algunos afi rmamos que el arroz
con pollo es nuestro verdadero
plato nacional (yo lo digo con el
convencimiento de comer el mejor de
Puerto Rico en el Colmado Wilmer
cuando llevo CLARIDAD) - bueno,
al menos es uno de nuestros platos.
Pero más allá de nuestros gustos
gastronómicos puedo afi rmar que ha
tenido su presencia en nuestra historia. La última acción bélica en Puerto
Rico durante la Guerra Hispanocubano-
americana tuvo como punto
fi nal un almuerzo de arroz con pollo
entre españoles, puertorriqueños y
americanos. El cese al fuego vino el
12 de agosto de 1898 - Miles recibió
el telegrama a las 4:23 p.m. de ese día
- pero las últimas acciones militares se
dieron el día 13, en el río Guasio entre
Las Marías y Lares y en Ciales, donde
un grupo armado puertorriqueño se
apoderó brevemente del pueblo.

La acción que nos atañe fue el
bombardeo a las tropas españolas -
unos 1,400 soldados - que cruzaban el
Guasio; la avanzada yanqui había sido
retrasada por las acciones guerrilleras
del capitán Juan (Juancho) Bascarán,
que al decir del ofi cial español Coronel
Soto, “...sus guerrilleros pelearon con
gran valor, y después del combate
pasaron toda aquella noche ocultos en
el monte y a retaguardia del enemigo...”.
La tropa norteamericana quería trabar
combate como fuera, aun cuando la
guerra estaba llegando a su fin.

La noche del 12 de agosto la
tropa española había partido de Las
Marías rumbo a Arecibo, vía Lares,
para lo cual tenían que vadear el
crecido río Guasio. La marcha fue
penosa. Ya de madrugada, tuvieron
que esperar que las aguas bajaran.
Citando el libro Crónica de la Guerra
Hispanoamericana del Capitán Angel
Rivero, “...vadeando el río, comenzó
el movimiento, sosteniéndose
mutuamente infantes y jinetes...”.
Habiendo cruzado gran parte de la
columna se escucharon los truenos de
la artillería norteamericana, situada en
la loma de La Maravilla. La confusión
y el pánico fueron grandes y la
retaguardia se echó al río, cruzándolo
con desespero y ocultándose en la
arboleda de la otra rivera. Pocos
soldados
al mando
del Coronel
Osés y el teniente
Lucas Hernández
resistieron por un cuarto de
hora con sus fusiles. Dispersados, cada
cual tomó refugio donde pudo.
Osés y Hernández llegaron a
la casa de un campesino, a quien
pidieron algo de comer, olvidando ya
el campo de batalla. El campesino,
Gerardo González, comenzó a
preparar un arroz con pollo para los
inesperados visitantes. Humeaba su
delicioso aroma la cazuela del manjar
sobre la mesa y ya, cucharas en
manos, fueron sorprendidos por un
grupo de soldados norteamericanos
que nerviosos les dieron el “hands
up” (manos arriba). Los ofi ciales
españoles no hicieron ningún intento
de resistencia e incluso convidaron al
enemigo. En eso llegó Eduardo Lugo
Viña, jefe de los escuchas del general
Schwan, quién sí aceptó la invitación
compartiendo el arroz con pollo con
Osés y Hernández.

El estruendo de los cañonazos
se había escuchado tan lejos como
San Sebastián. El alcalde de dicha
población envió a los doctores Cancio
y Franco, miembros de la Cruz Roja, al
lugar del combate para que prestaran
sus servicios. Al primer sitio que
llegaron
fue a la casa
de González,
antes que llegasen
los norteamericanos,
donde encontraron a los
ofi ciales españoles y, añaden, “a un
sargento y varios soldados”. Los
facultativos ofrecieron a Osés guiarlo
a él y sus hombres a San Sebastián,
a lo que el coronel se opuso (tal vez
esperando ansioso el arroz con pollo
que se cocinaba). Incluso Osés pidió
a los médicos que encontraran a
los soldados norteamericanos y les
avisaran sobre su posición, ya que
quería rendirse. Los facultativos se
negaron por ser miembros de la Cruz
Roja, es decir, personal neutral. Los
soldados sí siguieron a los médicos y
se entregaron, quedando solos los dos
ofi ciales.

Lugo Viña llegó media hora
más tarde a la casa de González, ya
informado, para lograr la rendición,
encontrando que Osés y Hernández se
habían rendido al grupo de soldados
norteamericanos mencionado.
Poco después, de regreso al río
Guasio, ambos médicos vieron como
amigablemente Osés, Lugo Viña, el
teniente Hernández y el buen jíbaro
González, compartían en la mesa
dando fi n a la cazuela de arroz con
pollo y a la guerra.

Para Rivero, esa desastrosa
retirada española plagada de errores
fue la única mancha arrojada sobre
el “limpio” historial del ejército
español en esa campaña en la isla. Los
españoles sufrieron 5 bajas, numerosos
heridos y 55 prisioneros, incluyendo a
los dos ofi ciales.

Mientras a muchos kilómetros
de allí, las tropas españolas de Manatí
retomaban el pueblo de Ciales donde
por un día ondeó la bandera de
Puerto Rico. Fue la mañana del 14 de
agosto cuando llegaron las órdenes
del cese de hostilidades a las tropas
norteamericanas en Las Marías. La
guerra había terminado.

* Tomado de Crónica de la Guerra
Hispanoamericana de Angel Rivero

 
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