Estoy tentado a proponer que los Juegos Olímpicos se celebren más a menudo, pues esperar cuatro años es demasiado tiempo para volver a disfrutar dos semanas de un banquete tan exquisito. Lo único que no me gustó de los Juegos Olímpicos de Pekín fue que a los boricuas que nos representaron no les fue bien y peor aún, regresaron sin medallas.
Pero NO; si los Juegos fueran más a menudo, también tendríamos que escuchar más frecuentemente la sarta de disparates, ignorancias, comentarios cínicos o expresiones que reflejan un terrible complejo de inferioridad, típicas de colonizados, de mantenedores de programas mañaneros, matutinos, vespertinos y hasta nocturnos, de faranduleros, politólogos, “disc jockeys” y algunos ciudadanos comunes y corrientes que escriben a los periódicos cibernéticos. Posiblemente también caeríamos en la defensiva para tratar de ubicar en justa perspectiva las aportaciones gubernamentales ante titulares irresponsables como uno reciente que afirmó que el costo de nuestra delegación a Pekín fue de $40 millones. Ojalá. Lamentablemente, también tendríamos que bregar con más excusas de algunos para intentar justificar las derrotas y la posición irrazonable de algunos supuestos dirigentes deportivos que aseguran que “todo está bien” y que lo único que necesitamos para elevar aún más nuestro nivel es más dinero.
Ni las hazañas de Michael Phelps y Usmain Bold y las extraordinarias ceremonias de apertura y clausura compensan tener que pasar por el suplicio descrito anteriormente más de una vez cada cuatro años. Así que no propondré cambio alguno. Aquí es necesario confesar que siempre he sido Pro Atleta a todos los niveles, especialmente en los deportes que no generan grandes ingresos y que no cuentan con apoyo popular masivo. En el profesionalismo, siempre he defendido los ingresos de los atletas, pues estoy convencido que los productores, manejadores, apoderados y los canales de televisión, siempre ganan mucho más de lo que les pagan. A los que practican los llamados “deportes menores” los admiro aún más, pues me consta el enorme sacrificio que tienen que hacer para poder llegar, por ejemplo, a unos Juegos Olímpicos.
ESTA VEZ NO HUBO TURISTAS OLÍMPICOS Para combatir el gigantismo de los eventos multideportivos, como son los Juegos Olímpicos, y permitirles a los países sede criterios mucho más precisos sobre la cantidad de participantes, ahora se celebran torneos preolímpicos para todos los deportes colectivos y de combate y también se han impuesto marcas mínimas para los individuales. Puerto Rico no logró clasificar en ningún deporte colectivo para estos Juegos, fracasando en los torneos de ambos sexos de voleibol y de baloncesto, que son los deportes de mayor impacto en nuestra población y los mejor servidos entre nuestros niños y jóvenes.
Aunque en repetidas ocasiones he escuchado que muchos de los nuestros fueron a Pekín sin llenar los requisitos mínimos, es importante recalcar que los 22 atletas que nos representaron prevalecieron en torneos clasificatorios en deportes de combate como boxeo, tae kwon do y yudo o lograron las marcas mínimas exigidas en los de medición como atletismo, natación y pesas. La gimnasia boricua se ganó un espacio individual por el nivel demostrado en las pruebas internacionales previas.
Las mejores actuaciones de nuestra delegación fueron los quintos lugares de Asunción Ocasio en tae kwon do y nuestro abanderado McWilliams Arroyo en boxeo, que se quedaron a ley de una victoria para asegurar medallas. Por su parte, el gimnasta Luis Rivera se ubicó catorce en la final de todos los aparatos (“all around”), sólo detrás de dos estadounidenses en América y por lo tanto, el primero en Centroamérica y el Caribe.
La forma más fácil de medir rendimiento es en los deportes de marcas, en los que se puede comparar los registros realizados en los Juegos con las marcas que le ganaron su clasificación olímpica, sus marcas personales, las marcas nacionales, su ubicación entre competidores de la región y en última instancia, la distancia con las de los ocho finalistas.
En ese sentido, nadie puede sentirse satisfecho con las actuaciones de nuestros nadadores, pesistas y atletas de pista y campo en general. Ninguno llegó siquiera a la final de su evento. El único que adelantó a semifinales fue el vallista Javier Culson, pero con registros bastante lejos de sus mejores marcas. Culson llevaba varios meses sin participar en una prueba oficial. ¿Por qué?
De los once atletas que caen en esos deportes de marca y medición, el único que mejoró el registro con el que clasificó a los Juegos fue el nadador Dan Vélez, quien también rompió la marca nacional. A pesar de su mejoría relativa, quedó 30 entre 68 competidores, pero séptimo en América y primero en Centroamérica y el Caribe. Los también nadadores Vanessa García y Douglas Lennox estuvieron muy cerca de sus mejores marcas, pero sus rivales no se conformaron con repetir sus tiempos, sino que los mejoraron considerablemente, dejando a los boricuas muy lejos de la aspiración de meterse entre los mejores.
En atletismo, Carol Rodríguez hizo la marca mínima de 400 metros hace unos meses en una competencia entre universidades estadounidenses donde estudia. El mes pasado corrió un segundo más lento en los Centroamericanos de Atletismo celebrados en Colombia. En Pekín tardó otro segundo más en darle la vuelta al óvalo. Con tiempo de 53.08, llegó 36 entre 50.
Algo similar le sucedió a Félix Martínez, quien se lesionó en las Justas de la LAI y desde entonces no pudo siquiera repetir los tiempos con los que clasificó para 400 lisos.
Héctor Cotto adelantó a segunda ronda en los 110 con vallas y con 13.73 quedó fuera de las semifinales, mientras David Freeman mejoró sus tiempos de 1,500 metros de eventos recientes, pero no pudo superar sus mejores registros. La pesista Geralee Vega llegó novena entre doce en su división, aunque no pudo repetir sus mejores alzadas. ¿Por qué ella no viajó a Pekín junto a su entrenador, mientras el espacio lo ocupó un directivo de la Federación? El tirador Lucas Bernazar quedó 17 entre 19 competidores en su especialidad. Cuatro años antes, en Atenas había arribado 23 entre 25.
Aparte de McWilliams, otros dos boxeadores boricuas ganaron combates, mientras los restantes dos se eliminaron en su primera confrontación. Nuestros boxeadores fueron bien preparados, pero el nivel de la competencia fue altísimo y muchos de sus rivales demostraron mejor preparación para sacarle provecho a la forma olímpica de evaluar.
Nuestro otro competidor de tae kwon do se fue en la primera pelea, al igual que los tres yudokas.
Poner la conquista de medallas como la única forma de evaluar rendimiento y hasta desarrollo deportivo es un error peligrosísimo. No hay duda de que es la forma más sencilla, pero no es la única y ni siquiera la más precisa. Por eso me pregunto, ¿si McWilliams o Asunción hubieran ganado los combates que les aseguraban medallas, estaríamos satisfechos entonces por el rendimiento de nuestra delegación y el nivel del deporte puertorriqueño? Yo no. Por eso, continuaré con el tema en la próxima edición.
Mientras tanto, independientemente del sistema de evaluación utilizado, nuestra delegación fracasó en los Juegos Olímpicos de Pekín, pues no obtuvimos medallas, sólo uno de once mejoró su marca en deportes de medición (natación, atletismo, tiro y pesas), mientras en los deportes de combate (boxeo, tae kwon do y yudo) ganamos cinco peleas y perdimos doce. El único en deporte de apreciación (gimnasia) pudo elevar nuestro nivel, pero todavía muy lejos de los mejores del Mundo.
Finalmente recordemos que el rendimiento de nuestra delegación en Pekín fue similar al de otras experiencias olímpicas. En sólo cinco de los 16 Juegos Olímpicos en que hemos participado, hemos ganado medallas (seis), todas en boxeo y ninguna de ellas de oro (una de plata y cinco de bronce).
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