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Cita Histórica


Puerto Rico •  1 al 7 de enero de 2008

 

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“Una bofetá pa’ que hable…” PDF Imprimir E-Mail
Me mudo a la esquizofrenia
Fiquito Yunqué / Especial para Claridad   

“DCCLXXXI-MMMMMDLV… DCCLXXXI-MMMMMDLV…”

…¡y veinte pa’ que se calle!” Irvin, esos cachetes no los vende Latin Percussion, ¿verdad que no?
Perdonen la aparente incoherencia, mis queridos lectores, pero si no se han dado cuenta, acabo de hacerle una sugerencia a uno de los monstruos sagrados en mi libro de héroes musicales, el compañero Irvin García. Le pido a Irvin que, en vez de ir a la tienda de música a cambiarles los cueros a sus congas luego de una sesión de repartir maceta, considere entrar en negociaciones con Jorge de Castro Font para que le sirva de instrumento de percusión ambulante.

Yo intento escribir columnas que resistan el paso del tiempo –sobre todo, porque con lo que ha pasado durante años en Puerto Rico basta para escribir una enciclopedia, y porque hablar de las boberas que hacen políticos individuales cada semana no merece ni la tinta ni el papel (o los bits, si usted nos lee por Internet). Sin embargo, se podrán imaginar que esta semana he tenido que hacer una excepción. Hoy estoy haciendo una labor social a ver si le conseguimos trabajo a un futuro desempleado. Con un micrófono enfrente, el proverbial Ñañito puede ganarse la vida haciéndole homenajes póstumos a Luciano Pavarotti mientras Irvin (y medio Puerto Rico, si nos ponemos en fila) le hace un solo de cachetes, a ver si a fuerza de pescozones la viva imagen del personaje cumbre de Armando Roblan se lleve en banda a toda la zahorria política de los dos partidos principales de este país.

Y es que oír a Ñañito cantar es un guilty pleasure más obsceno que un independentista ligarse a Sarah Palin, la candidata Republicana a vicepresidenta de Estados Unidos, cariñosamente conocida en su estado nativo de Alaska como la G.I.L.F. (Usted me puede escribir a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla si necesita un mapita para deletrear el acrónimo). Si por nosotros fuera, mandaríamos a las Islitas al Noroeste de Mauricio al susodicho, por tantas razones. Pero el reprimirnos el deseo de colgarlo de la grúa por los calzoncillos cuando las protestas de Paseo Caribe estaban en su apogeo, aparte de demostrar una mesura y firmeza de carácter de parte nuestra, propició los eventos que hoy reseñaremos en esta columna. Bravo, mi gente.

No que nos sorprenda lo que relata este personaje, así sea real o ficticio. No sé si es que estamos en negación en Puerto Rico, porque uno honestamente se resiste a creer cuán bajo han caído la política partidista y la administración pública en este país. Sin embargo, lamentablemente, ya las alcantarillas de Puerta de Tierra son el Hotel Ritz de París comparado con lo que sale de los antros del poder público en Puerto Rico.
Resumamos el cuadro de espanto que ha insinuado o afirmado el coche bomba favorito de Ignacio Rivera. No vuelen al mensajero:

De Castro habla de negociaciones para colocar, eh, amiguitas de políticos colegas en cargos de juez, donde luego el ente nominador no sabe cómo puede aparecerse a la juramentación sin que coincidan su amiga y su esposa (!) Eso sin mencionar las imposicio… perdón, nominaciones de amigos, parientes y dolientes de otros Hermanos en el Idearrr. Negociaciones de rascada de espaldas que exigían la cuota de cinco jueces penepés confirmados por cada candidato popular. Negociaciones de confirmar o no confirmar a candidatos a puestos de gabinete, irrespectivamente de sus credenciales profesionales o personales.

Negociaciones para suplementar el ingreso del Comisionado Residente, que por no poder vivir con $146 mil al año en Guásinton necesitaba ganarse cuatro veces eso. Ah, y desde luego, de lograr obtener esos ingresos suplementarios en cuestión de horas, mediante el uso de contactos que envidiaría cualquier profesional desempleado en Puerto Rico. De alguien manteniendo un “cache” de cincuenta y dos armas aparente y alegadamente ilegales (¿quizá para cuando monten el Grito de Guaynabo City?) Y disculpen la velada referencia a la santa patrona del político que lo está cantando.

Negociaciones para entregar escaños legislativos a cambio de contratos sin fondo como asesor legislativo. Y, consecuentemente, contratos de $100 mil sobre la cabeza del denunciante, porque sabe mucho y habla mucho más todavía. Si de verdad él se prestó para todo esto, para mí no vale ni diez chavos, pero eso es lo que él dice.
Y esto, señores, es lo poco que sabemos. Frenillo operado o no, esa lengua es un mortero calibre 90 milímetros. Y eso es cuando no dice malas palabras. Y no ha dicho mucho de sus anteriores panas, los populares…

Luego de esto hemos visto, sobre todo, al otro niño símbolo del síndrome de Tourette, don Tomito Rivera Schatz, tirar sus usuales barrecampos al protagonista de la versión boricua del libro Profiles in Courage (sí, Pepe, ya quisiera él…) Tomito le ha hecho a Ñañito unas cuantas insinuaciones, incluyendo ataques a la condición mental del atacado (¡lo que yo tomo a ofensa, porque como el más reputado paciente mental de este país, tengo que exigir respeto para todos nosotros!) Pero han sido poquitas. Del resto, como dice el tango, Silencio en la noche. O como dice otro tanguero, don René Pérez Joglar: ¡Coquí! ¡Coquí! ¡Pío! ¡Pío! Al lado del silencio sepulcral que ahora se escucha en el comité de campaña del Entry de Maristas, un mosquito volando enfrente del Sorbeto ahora provoca más vibroacústica que la que provocaban las prácticas del club de niños escuchas de John McCain en Vieques, marrayo los parta.

Eso sí, ahora no se les pueden violar sus derechos a los 275 mil adictos al corazón del rollo de alambre de púas que votaron por él en las primarias (¿ven que los pacientes mentales somos mayoría en este país?). Ahora no se le puede expulsar del partido, porque se le violan sus derechos según la Primera Enmienda de la constitución gringa (¡Quien a hierro mata, a hierro muere!) Ahora hay que nombrar un comité de conciliación, con los elder statesmen del partido (“cohetes quemaos,” le llaman allá en Leguísamo), para que le pasen la manito por encima. De momento las Turbas Republicanas estudiaron modales. Sí, y yo soy fraile franciscano con votos de castidad eterna.

De un bandazo, De Castro Font ha sacado una pequeña muestra de la podredumbre en la que viven nuestros desgobernantes y aspirantes a serlo, y a la vez les ha callado la boca. Estos dos efectos sobre el país, detesto decirlo, son esperanzadores. Sé que viniendo de quien vienen, lo único que falta es buscar pastillas de carbonato de litio y tomárselas como M&M’s de ahora en adelante. Si como dicen nuestros confinados parafraseando el lema del Oso Blanco, “odia al chota y compadece al delincuente”, ¿qué sucede cuando el chota es el delincuente?

Y perdemos de perspectiva cómo surgió todo esto. Los tocayos empezaron toda esta vaina (mucha gente me pregunta que cuándo me voy a cambiar mi segundo nombre, y yo no sé qué decir, porque cuidao que ahora ser Federico está de moda, pero por las razones incorrectas…). Mi teoría muy personal es que con allanarle hasta el clóset del baño a Ñañito los federales quieren neutralizarlo de la misma forma que neutralizaron a Víctor Fajardo cuando empezó a cantar. Al minuto que le radiquen un solo cargo al tipo, oficialmente quedará como un embustero ante los ojos de los fotuteros partidarios. Incautándose de cualquier evidencia que tenga, limpiarán la escena, y quizá tomando la evidencia obtenida ante el confesionario en la reunión del directorio penepé el pasado 29 de agosto, irán corriendo a la Chardón a pedirle a gritos a Rosa Emilia, al Fratricida y a la Fuerza de Brutos Inmorales que se lo saquen de encima.

Pero en lo que eso pasa, es hora de buscar los audífonos y escuchar a Cheo Feliciano: “Canta, si olvidar quieres, corazón… Canta, si aliviar quieres tu dolor…” Y si me lo permite mi esposa la Colorá, le pido a Rebeca Muñoz Vega, Fiquito Groupie, que me conceda el honor de bailar el cha-cha-chá de Cheo durante el solo de cachetes…

* Fiquito Yunqué es el pseudónimo de un músico, escritor y loco, oriundo y residente de Mayagüez. Sus opiniones son las suyas propias. O eso él dice.

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