En los últimos meses, los puertorriqueños no hemos tenido muchas razones para estar felices. Las alzas en el costo de vida, particularmente en los artículos de primerísima necesidad, el IVU, la salvaje ola de violencia que nos arropa, el ataque permanente de barbaridades cometidas por los políticos y los abusos de los federales, han destrozado la autoestima de nuestro pueblo y en el camino nos han robado la felicidad.
Esa realidad, que nadie puede negar, se agiganta con los titulares sensacionalistas y derrotistas de los diarios, noticiarios de televisión y los montones de programas radiales, en los que supuestos analistas asumen actitudes pesimistas y expresan posiciones de cínica complacencia con la realidad, en vez de plantear alternativas de cambio. La mayor parte de la gente que comenta las noticias en los espacios que se abren en la Internet refleja el lenguaje agresivo y burlón que plantean los políticos.
Los actos positivos y los logros, sean individuales o producto de gestiones colectivas de grupos, escuelas o comunidades, pasan desapercibidos o son menospreciados por los que tienen el poder de comunicar masivamente.
Toda esa situación colectiva tan peligrosa sirve para avivar el fuego de los colonialistas que por instinto piensan que todo lo que viene de afuera es mejor que lo nuestro. Lamentablemente, esa percepción acomplejada ha penetrado en la evaluación de las actuaciones de nuestros deportistas. Por eso, han surgido supuestos analistas deportivos que seleccionan a cualquiera por encima de los nuestros, no como conclusión de un análisis serio, sino simplemente por ser de otro país.
Las derrotas de Miguel Cotto y Carlos “El Indio” Quintana opacaron los triunfos espectaculares de Juan Manuel López y Daniel Santos. Del mismo modo, la incapacidad para lograr un espacio para los Juegos Olímpicos de nuestros equipos nacionales de ambos sexos de voleibol y baloncesto masculino, no permitieron que se celebrara el ingreso de nuestras Nenas a la Liga Mundial de Voleibol Femenino. Para completar, los atletas que nos representaron en los Juegos de Pekín se quedaron por debajo de las expectativas, lo que avivó el fuego de comentarios disparatados de analistas políticos y conductores de programas radiales.
En medio de ese panorama triste y con una terrible dosis de negativismo fue que Iván Calderón salió a defender su título de campeón mundial de las 108 libras y nuestro Equipo Nacional de Baloncesto se trasladó a México a participar en el Centrobasket. Hasta los apostadores, que generalmente son fríos y calculadores, se dejaron arrastrar por la ola de pesimismo y escogieron como favoritos al rival de Calderón, el poderoso mexicano Hugo Cázares y en baloncesto al trabuco de Dominicana.
Aunque objetivamente, en ocasiones “crea” que un atleta o equipo puertorriqueño es inferior a sus rivales, yo siempre “quiero” que ganen los nuestros. Aunque resulte difícil de aceptar, en los últimos meses me he encontrado con puertorriqueños que han “creído” y hasta “querido” que algunos de los que nos representan, pierdan.
Ésa fue una razón adicional para disfrutarme en grande la amplia victoria de nuestro Torero Nacional, Iván Calderón, sobre Hugo Cázares, quien era más alto, más pesado, más fuerte y más agresivo. En vez de intimidarse, el invicto campeón boricua le brindó una cátedra de boxeo y llevó de la mano a la escuela al mexicano. En una repetición de los primeros asaltos de su combate anterior, pasaban los minutos sin que Cázares pudiera siquiera tocar al nuestro, que se movía sobre el amplio cuadrilátero instalado en el Coliseo Rubén Rodríguez como “pez en el agua”. Con movimientos felinos y reflejos relampagueantes, Calderón lo hizo fallar una y otra vez, mientras el público coreaba ruidosamente “OLE” a cada abanicada de Cázares, que poco a poco fue perdiendo la compostura.
Un choque de cabezas accidental produjo una enorme cortadura en la frente del boricua de la que comenzó a manar sangre a borbotones en el séptimo asalto. Inmediatamente, el médico a cargo del espectáculo recomendó detener el combate, por lo que hubo que recurrir a las votaciones de los oficiales. Objetivamente, a nadie debe haber sorprendido que Calderón estuviera al frente en las tarjetas de los tres jueces.
El desenlace anticlimático del combate abrió las puertas a especulaciones sobre qué hubiera sucedido en lo que quedaba de pelea. Obviamente Cázares insiste en que hubiera ganado, mientras Calderón asegura que tenía suficiente gasolina en el tanque para moverse unos cuantos asaltos más y estámina para continuar haciéndolo fallar. Todo eso es especulativo, pero lo que es objetivo es que el boricua estaba al frente en los casi siete asaltos que duró el combate.
Mientras el boricua dominaba a su rival más alto y fuerte en Bayamón, en México nuestro equipo nacional doblegaba al potente equipo dominicano de basket, que también era más alto y fuerte. Encabezados por el pequeño José Juan Barea y la malicia de Angelo Reyes para dominar los tableros frente a jugadores que lo aventajaban en estatura y capacidad, allá también llevamos a la escuela a nuestros rivales.
En la noche del domingo, los Boricuas completaron la faena cuando vencieron al equipo de las Islas Vírgenes para capturar la medalla de oro del certamen. Esta vez los héroes fueron Carlos Arroyo, Carmelo Lee y Filiberto Rivera.
El torneo marcó el debut internacional adulto de Ángel Vasallo, a quien le deben reservar un espacio en el futuro inmediato, independientemente de que estén disponibles nuestros hombres grandes que no lo estuvieron en esta ocasión.
En el boxeo y en el baloncesto se comprobó que en ocasiones “más vale maña que fuerza”. Pero tal vez, más importante aún que el título de Calderón y el oro del baloncesto, ellos brindaron verdadera felicidad a un pueblo que la necesitaba… y la merece.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla