Debe respetarse la integridad territorial de Georgia, declaran el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el vicepresidente Dick Cheney. La afirmación se produce como consecuencia de la determinación de Moscú de reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia del dominio de Georgia. Esto siguió por unos días la entrada de tropas rusas a Osetia del Sur, además de las que ya allí estaban estacionadas como parte de un contingente de paz sancionado por la comunidad internacional.
Los rusos incursionaron militarmente en Osetia del Sur porque el presidente de la república de Georgia, Mikheil Saakashvili, ordenó una invasión contra la capital de Osetia del Sur, Tskhinvali. Para estar claro: ni los osetianos del sur ni los abjasios desean ser parte de Georgia, la cual anteriormente era parte de la Unión Soviética. Casi unánimemente desean la independencia o la incorporación a Rusia. Lo segundo es obviamente lo preferido. Hasta los medios estadounidenses han tenido que reconocer esto.
El gobierno de Saakashvili es un favorito de la administración Bush-Cheney y es un completo peón de Wáshington. Para ilustrarlo al público puertorriqueño, este georgiano es tan pro Estados Unidos como un Carlos Romero Barceló o un Pedro Rosselló. Saakashvili ordenó el ataque contra Tskhinvali. Ya por años las tropas georgianas habían matado cientos de osetianos y abjasios que se oponían a su dominio. En una columna publicada en The New York Times, el 20 de agosto, el ex presidente ruso Mijail Gorbachov —desde hace años un favorito de Wáshington desde que bajo su dirección se desmembró la Unión Soviética— se preguntaba en qué forma se podía borrar de la memoria que el ataque georgiano contra Tskhinvali produjo “horribles escenas de ataques de cohetes durante la noche contra una población pacífica, la destrucción de bloque tras bloque residenciales, la muerte de personas que solamente buscaban refugio en sótanos, la destrucción de monumentos antiguos y tumbas ancestrales”.
Incluso, existieron bajas entre las tropas rusas que -en dichas regiones- cumplían funciones de tropas de paz.
Los osetianos del sur y los abjasios pedían el socorro ruso ante el embate georgiano. Y entonces Rusia respondió rápida, dura y eficientemente. Tanques, artillería, equipo blindado, helicópteros y aviones rusos les dieron una enorme paliza a las tropas de Saakashvili. Los rusos expulsaron a los invasores georgianos de Osetia de Sur y además se adentraron en territorio de Georgia.
Los osetianos del sur recibieron felizmente a las tropas rusas como libertadoras, contra la opresión georgiana.
¿Y qué hizo Saakashvili? Después de por mucho tiempo estar provocando a Rusia, además de atormentar a Osetia del Sur y Abjasia, y Rusia responder, salió corriendo pidiéndole a Casa Blanca que lo ayudara. Y la administración Bush-Cheney no puede ayudarlo porque allí en el Cáucaso, Rusia es tan fuerte militarmente frente a Estados Unidos como éste es frente a los rusos en el Caribe. En el Cáucaso Estados Unidos no puede enfrentarse a Rusia.
A pesar de las advertencias y exigencias de la secretaria de Estado Rice y de Bush, de que Rusia retirara “inmediatamente” sus tropas de Georgia (aparentemente eso incluía las tropas rusas en Osetia del Sur), Moscú, bajo la presidencia de Dmitri Medvedev y el primer ministro Vladimir Putin, establecieron otra agenda. Rusia mostró a Estados Unidos como un impotente. Moscú humilló a Wáshington. Medvedev y Putin indicaron que Rusia se retiraría de territorio georgiano cuando estuviesen satisfechos con las condiciones.
Lo anterior no incluía a Osetia del Sur o Abjasia. Moscú ha indicado que dichos territorios, cuyos habitantes no desean ser parte de Georgia, jamás serán parte de ésta. Lo incongruente es que Wáshington, en su soberbia imperial, reclame que hay que defender la integridad territorial de Georgia. ¿Entonces, en nombre de la defensa de la integridad territorial de Georgia hay que defender que ésta ocupe dos territorios que no desean tener nada que ver con Georgia y que no son georgianos?
La historia reciente no le es amena a Wáshington en cuanto a respetar la integridad territorial de países. Wáshington, ya sea Republicano (Bush padre), Demócrata (Bill Clinton), Republicano (Bush hijo), usa el asunto de la integridad territorial en forma de geopolítica o “realpolitik” imperial. Cuando conviene no se respeta la integridad territorial de determinado país y cuando conviene se exige ésta.
A comienzos de la década noventa del siglo pasado, Wáshington y sus aliados de Europa occidental reconocieron rápidamente la independencia de las quince repúblicas que anteriormente formaban parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. “Divide y vencerás” es una teoría antiquísima. Así se desmembró la URSS y solamente quedó Rusia, postrada, débil, empobrecida, patética.
Después, Estados Unidos y Alemania promovieron el desmembramiento de Yugoslavia. En lugar de un fuerte país con orientación socialista, éste se fragmentó en seis pequeñas y débiles repúblicas: Serbia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Eslovenia, Macedonia y Montenegro. Parece que para Wáshington, Berlín, París y Londres, Serbia tenía que ser debilitada aún más y se fomentó y se reconoció la independencia de Kosovo, la tradicional histórica cuna de Serbia. Yugoslavia desapareció del mapa.
Pero no importa, ni en la URSS ni en Yugoslavia se respetó integridad territorial alguna por Wáshington y sus aliados europeos.
¿Y por qué ahora Wáshington insiste en la integridad territorial de Georgia, que no posee derecho alguno sobre Osetia del Sur o Abjasia?
Los osetianos han vivido tanto en Rusia (Osetia del Norte) como en Georgia (Osetia del Sur). Pero los del sur, desde que se produjo la declaración de independencia de Georgia, nunca han deseado ser parte de Georgia. En todo caso, desean ser parte de Rusia. Es obvio que el ataque georgiano contra Osetia del Sur contó con el visto bueno de Wáshington, por lo menos con el de Cheney. La mentalidad de Cheney y los llamados neoconservadores estadounidenses es que la respuesta a las agresiones de Estados Unidos serán las de un Hasan Hussein. Por esto es que son peligrosos en su ignorancia y sentido de prepotencia. Porque Rusia, la actual Rusia, la de Vladimir Putin, la Rusia resurgente y poderosa, no es Serbia ni el Moscú de Gorbachov y Boris Yeltsin de principios de la década de los noventa y el resto de esta década.
Moscú ha reconocido la independencia de Osetia del Sur y Abjasia en contra de la opinión de Wáshington y sus aliados europeos. Más adelante, posiblemente, reconozca la integración de ambos territorios a Rusia, de acuerdo con la casi unánime opinión de sus habitantes.
Y Wáshington no podrá hacer nada.
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