Dr. Efraín O’Neill Carrillo, PE*/Especial para Claridad
Una Mirada Energética al Mundo
Uno de los grandes impactos que ha tenido el ser humano en el Mundo lo son las diversas consecuencias del uso de recursos naturales para asegurar un abasto de energía apropiado para sostener el desarrollo económico y tecnológico, y los patrones de consumo de las grandes potencias en los últimos siglos. Para ilustrar este punto, la Gráfica 1 muestra la distribución actual de uso de petróleo en millones de barriles por día. Nótese como regiones con países económicamente poderosos como EEUU, Japón, China y la Unión Europea dominan el consumo de petróleo mundial. Contrástese con la Gráfica 2, donde muestra que las reservas probadas de petróleo no se encuentran en esos países. Energía es un ejemplo de un problema complejo, interdisciplinario, que es usualmente atendido desde una perspectiva limitada, sea económica o técnica. Sin embargo, energía representa un dilema global que tiene graves implicaciones sociales y ambientales. ¿Cuál es el mínimo de energía que necesita un ser humano para tener una calidad de vida digna mientras se minimiza el impacto ambiental? Es imperativo atender el dilema energético desde la perspectiva integradora de un futuro sostenible.
Un importante tema social lo es el aumento en la población mundial, que ya sobrepasó los 6 mil millones, y se espera que se acerque a 9 mil millones para el 2050. El aumento en población ha ocurrido principalmente en países en desarrollo, quienes a su vez se espera tengan el aumento mayor en demanda por energía al aspirar al desarrollo económico y tecnológico de los países desarrollados. La Gráfica 3 muestra como la demanda por energía tuvo un marcado aumento luego de 1950, y esto ocurre a la vez que la población mundial aumenta. Es importante notar que todavía en la actualidad, alrededor de un 25% de la humanidad no tiene acceso a fuentes de energía diferentes a la madera o biomasa.
Por otra parte, un 20% de la población mundial (en los países industrializados) consume sobre el 70% del petróleo en la actualidad según las Gráficas 1 y 2. Por lo tanto, si los seis mil millones de habitantes de la Tierra tuvieran el mismo patrón de consumo de energía que los ciudadanos de los países industrializados, estaríamos ahora mismo en un estado de crisis pues no hay suficientes recursos en el planeta Tierra para atender esa demanda con las tecnologías convencionales. Sin embargo, la crisis no está tan lejos como muchos piensan. Tanto los patrones de consumo de los países desarrollados, como el aumento en población y por ende el aumento en demanda de energía en países en desarrollo representan un reto de grandes proporciones para la humanidad en el siglo 21. Energía juega un papel central en muchos de los problemas de la humanidad en el presente y el futuro. Aunque existen métodos para suplir la demanda esperada de energía, satisfacerla con las fuentes y tecnologías de energía convencionales actuales tendría un costo social y ambiental sin precedente considerando el nivel de emisiones de carbono asociado a estas tecnologías. Por lo tanto, la transición social y tecnológica a una nueva cultura basada en prácticas y tecnologías sostenibles no puede seguir siendo retrasada.
Un futuro de desarrollo sostenible es una visión aceptada por todos los sectores de la sociedad. Una definición clásica de sostenibilidad es el satisfacer las necesidades de la presente generación sin comprometer las necesidades de generaciones futuras. En el discurso de sostenibilidad se ha llegado a un acuerdo en cuanto al balance que debe existir entre las dimensiones económicas, ambientales y sociales. Aunque muchas estrategias, a veces contradictorias entre ellas, existen para alcanzar un desarrollo sostenible en el marco amplio del uso de los recursos naturales, lo cierto es que cualquier esquema de futuro sostenible requerirá sistemas de energía sostenibles. Estos sistemas de energía deben cumplir también con el balance ilustrado en la Gráfica 4. Si aceptamos los preceptos de la sostenibilidad, y estamos convencidos de la importancia que tiene a nivel global resolver o acercarnos a resolver el problema energético, entonces la búsqueda de soluciones al dilema energético mundial debe ser asumida como una obligación o deber moral. Esta nueva ética puede inspirar y comprometer a la presente generación con una nueva perspectiva energética que sea pasada a generaciones futuras como la base para un futuro sostenible, no sólo en términos energéticos sino también en términos sociales, económicos y ambientales. La Gráfica 4 muestra el rol central que debe tener esta nueva ética dentro de la filosofía de sostenibilidad energética. Esta nueva ética energética, y la búsqueda de un compromiso con un futuro energéticamente sostenible para Puerto Rico, son la base y el contexto para la serie de artículos en energía que comienza con el presente escrito. Estos artículos son de la autoría de investigadores del Instituto Tropical de Energía, Ambiente y Sociedad (ITEAS) de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez.
Gráfica 4: Ética y el triángulo de sostenibilidad: Balance entre lo social, ambiental y económico
Situación Energética en Puerto Rico
El desarrollo socio-económico de Puerto Rico, la tan mencionada “economía basada en conocimiento” o cualquier otra estrategia, no puede darse sin un recurso energético confiable, en armonía con el ambiente natural y social, que apoye los esfuerzos tecnológicos y de investigación propuestos para la Isla, no sólo para los próximos cuatro años, sino para los próximos cuarenta años. Para alcanzar un futuro energético sostenible para Puerto Rico, es necesario investigar y entender que el cambio es uno gradual, hacia otro recurso, diferente al petróleo. Aunque se espera que el petróleo siga dominando el mercado de energía, quizás en todo el siglo 21, no sería prudente depender del petróleo para satisfacer el crecimiento esperado en demanda energética. Los costos asociados al petróleo, además de incluir impacto ambiental y a la salud, tienen también una dimensión geopolítica ya que los abastos mayores de petróleo se encuentran en el Medio Oriente, región con una delicada situación socio-política.
Las soluciones sostenibles a nuestro dilema energético NO son simplemente generar más energía a menor precio o con energía renovable. Debemos reenfocar a generar lo menos posible, con el menor impacto ambiental y social posible, y usar la energía lo más eficientemente posible. ¿Por qué no tenemos en Puerto Rico un plan nacional efectivo, implantable, medible y evaluable, a todos los niveles, de conservación y eficiencia energética?
En este proceso de transición hacia recursos y prácticas sostenibles, los resultados serán a largo plazo, y no deben atarse a las fluctuaciones políticas. El momento histórico en que vivimos nos debe motivar a enfocarnos en las estrategias energéticas que mejor le sirvan al país. Como primer paso es necesario evaluar el estado actual, y desarrollar una nueva perspectiva del futuro energético en el que exista armonía entre las necesidades económicas y el impacto social y ambiental. El uso de fuentes renovables de energía es deseable, siempre que se tomen en cuenta las limitaciones de la infraestructura actual, la calidad de la energía que llega a los usuarios, y la viabilidad y el impacto de estas tecnologías dentro de las realidades de operación del sistema eléctrico de Puerto Rico. Pero como primer paso es vital evaluar la manera en que usamos la energía e implantar medidas agresivas de conservación y eficiencia energética a todos los niveles en Puerto Rico.
La formulación de una política pública energética integrada e integradora toma tiempo, y lamentablemente el tiempo de implantación es mayor al ciclo político en PR. Luego el tiempo para estudiar y evaluar los resultados puede ser aún mayor. Y no es para sorpresa de nadie este requerimiento de tiempo, si desde la primera crisis energética de los 70s no se tomaron las medidas necesarias, cuando tuvimos más de 30 años para actuar y no actuamos, no podemos ahora esperar en 4 años resolver nuestros problemas energéticos. No hay varitas mágicas salvo las que dicen tener los políticos cada cuatro años. Pero, tenemos que comenzar en algún lugar.
Existe una necesidad urgente de que generemos e implantemos, en Puerto Rico una política pública energética, inclusiva y amplia, y con organizaciones o entes con la capacidad y recursos para evaluarla y mejorarla periódicamente, y los mecanismos para penalizar al que no la cumpla. Y es importante recalcar que el proceso de política pública es más abarcador que la redacción y aprobación de leyes, e incluye el debate público y establecimiento de la agenda, la definición del asunto, formulación, adopción, implantación, y evaluación de política pública. Se deben generar mecanismos para que la ciudadanía y diversos sectores tengan participación efectiva en ese proceso de política pública energética, más inclusiva y más temprano en el proceso que lo que ofrece el tradicional y adversarial proceso de vistas públicas.
En Puerto Rico, en momentos donde es evidente una vez más, lo negativo que resulta para la economía la dependencia en el petróleo, nos llega un mensaje que citamos: “A general broad consensus is needed in Puerto Rico so that plans and actions for oil substitution alternatives on a large scale may be implemented as soon as possible. Plans to implement alternative energy sources should be translated into action promptly. If not, in a few years our people will suffer from our present inaction. Oil is vanishing steadily and continues to be a very politically unstable energy source. Puerto Rico cannot afford to wait or relax until tomorrow. Prudence and economics dictate that we move toward energy self-sufficiency as rapidly as possible”. Estas palabras parecen ser sacadas de cualquier periódico o noticia reciente, pero sin embargo fueron parte de una ponencia de 1983 del Dr. E Ing. Juan A. Bonnet-Diez en Washington, DC. El Dr. Bonnet dirigió el Centro de Estudios Energéticos y Ambientales (CEEA) de la Universidad de Puerto Rico, el cual realizó importantes estudios en las áreas de energía y ambiente. La agenda para lograr que Puerto Rico fuera menos dependiente del petróleo quedó inconclusa con el cierre de este Centro, y con la falta de un apoyo gubernamental efectivo y constante a programas energéticos desde los 70s. Pero esa, es otra historia y parte de los ejemplos de oportunidades perdidas en PR para atender nuestro dilema energético.
Comentarios Finales La historia de la humanidad está llena de ejemplos en donde países, personas u organizaciones han estado en momentos cruciales de decisión que marcaron su destino. Lo triste en muchos casos, es no darse cuenta en esos momentos de la importancia de los mismos. Puerto Rico enfrenta un momento crucial en el desarrollo de sus recursos energéticos. En el año 2007 salieron del país miles de millones de dólares para la compra de combustibles fósiles. Con los precios del petróleo superando los $100 el barril, el año 2008 representará un éxodo mayor de capital en este renglón. Nos ha llegado el momento en Puerto Rico de revisar la manera en que hemos manejado y estamos manejando nuestras estrategias energéticas, y tenemos la oportunidad de iniciar esta evaluación de una manera que considere la totalidad y complejidad económica, ambiental y social del asunto.
En PR, donde NO tenemos ningún combustible fósil, debemos explorar TODAS las posibles alternativas y evaluarlas no sólo en términos de costo-efectividad, sino también en términos ambientales y sociales. Es importante usar un marco de referencia mayor al ciclo político de cada cuatro años, y entender que el problema es mucho más complejo que meramente reducir el costo de la energía eléctrica o la gasolina a corto plazo. El Gobierno tiene la obligación de tomar decisiones, posturas y realizar inversiones que a corto plazo tengan un costo económico mayor que otras alternativas, pero que a largo plazo son mejores no sólo en términos económicos, sino también ambientales y sociales. Es fundamental establecer nexos entre las agencias de gobierno, la industria, el comercio y la ciudadanía a través de los cuales pasemos de una relación adversarial a una colaborativa, que pasemos de la desconfianza mutua a un compromiso serio y duradero por el bien común, por el bienestar social, ambiental y económico de Puerto Rico.
Recordemos que las decisiones de infraestructura que tomemos hoy estarán con nosotros por los próximos 30 ó 40 años. Hoy día muchos se lamentan de la decisión tomada hace más de 50 años de dejar a un lado el tren que iba de San Juan a Ponce, pasando por Mayagüez. Sólo nos quedan parte de los rieles en Mayagüez, y un canto de pueblo “La máquina patinaba, cuando salió de San Juan…”. ¿De cuáles de nuestras decisiones de hoy se lamentarán nuestros hijos y nietos en los próximos 30, 40 ó 50 años? Si ya les estamos dejando como legado una gran deuda por obra pública, ¿por qué no dejarles un legado positivo a través de inversiones en estrategias, prácticas y tecnologías de energía sostenible?
* El autor es Catedrático e Investigador en Sistemas de Energía Eléctrica, de la UPR-RUM, Coordinador de Asuntos Sociales, Éticos y Globales en Ingeniería, RUM y Director del Instituto Tropical de Energía, Ambiente y Sociedad.
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