La opinión internacional cada día se va definiendo más claramente a favor de la independencia de Puerto Rico y, a la vez, aumentando la presión moral sobre los Estados Unidos para que ponga fin al régimen de dominación colonial que mantiene sobre Puerto Rico.
La difusión de ese sentimiento internacional favorable a la independencia ayuda notablemente al Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y a su innegable trabajo en el desarrollo de ese proceso. El temor al impacto de ese proceso coyuntural por la independencia se manifiesta, para asombro de algunos, en un ataque persistente, en algunas instancias rábido, en contra del PIP. Los mismos se originan entre representantes de sectores políticos los cuales, por lo general, carecen de fundamento ideológico y, a su vez, revelan una sorpresiva afinidad con intereses económicos identificados con el capitalismo e imperialismo norteamericanos. Examinemos someramente las fuentes de este comportamiento en contra del partido de la independencia.
Las arremetidas de los estadistas parecen ser las más claramente definidas. Siempre temerosos de la resistencia cultural persistente en Puerto Rico, ven cualquier aumento electoral del PIP como una amenaza clara a su esquema totalizador de asimilación; y, a su destino histórico de socio colaborador menor del esquema totalitario y de explotación de Estados Unidos. Al liderato partidista estadista en Puerto Rico parecería que le complace identificarse con las atrocidades cometidas por esa madre patria de adopción, como lo son la Guerra de Irak y las violaciones a los derechos humanos de la Ley Patriótica.
Los Populares, históricamente la fuerza represiva más destacada en contra de los independentistas, se unen al conjunto de agresiones porque la eliminación del PIP como fuerza electoral, por pequeña que pueda parecer, es una carta de negociación favorable para ellos combatir el desprestigio absoluto en que el Estado Libre Asociado ha caído entre las figuras de poder en Estados Unidos. Éstos, piensan que este adefesio político ya ha cumplido su función colonial. Ello, en consecuencia, lleva a los Populares al colmo de la obsequiosidad con el amo opresor a los fines de asegurar su continuada participación en los beneficios que le ofrece la colonia.
La autodeterminada izquierda política, otras veces referida como independentistas no afiliados, ve en la destrucción del PIP como partido político, la posibilidad de ellos poder crear otra fuerza política que, bajo su control, asegure su acceso a las prebendas de la colonia. Es un grupo que abiertamente sostiene al Partido Popular Democrático y, en su letargo ideológico, sostienen que votar por el Partido Popular Democrático es un acto patriótico; que el Partido Popular Democrático es la fuerza que detendrá la estadidad; y, personalizan sus ataques en contra del PIP resucitando su vieja obsesión en contra de Rubén Berríos y, en lapsus lingüe maravilloso, un analista politólogo representativo del grupo, afirma que votar por Edwin Irizarry Mora es votar por Rubén, quien en esta contienda electoral no está nominado para posición alguna.
Los nuevos puertorriqueñistas del Partido Puertorriqueños Por Puerto Rico, son folkloristas simplistas que, en el fondo, son tan integracionistas como los estadistas. Escondidos bajo la bandera ambientalista resultan ser, realmente, anti-ambientalistas. Adoptan una posición de alegado consenso para evadir el compromiso público con las grandes causas del país. Presentan una visión de negritud que, esencialmente, es de naturaleza óreo: negro por fuera y blanco por dentro, e inherentemente clasista. Finalmente, con sus sonrisas y sus acciones revelan su rapacidad para apropiarse de las prebendas coloniales. Para este grupo, la eliminación del PIP equivale a mejorar sustancialmente su acceso al círculo privilegiado de los que se enriquecen a expensas de la colonia. Toda esa convergencia de ataques y embestidas en contra del PIP es sólo una pantalla para esconder la estrategia colonialista dirigida a eliminar la única fuerza que al momento se enfrenta a la continuación del régimen ilegal de opresión que prevalece en el país. En estos momentos, gústele o no les guste a algunos su estrategia, el PIP es la única fuerza de oposición real al régimen colonial norteamericano en Puerto Rico.
Todo puertorriqueño que crea en la independencia y, adicionalmente, en la estrategia electoral como forma viable para combatir el colonialismo y la opresión en Puerto Rico, sólo tiene una avenida en estas elecciones: votar por el PIP. El elector independentista no puede unirse a la estrategia imperialista que fomenta la desaparición del PIP como fuerza política en nuestra Patria. Esa alianza con las fuerzas colonialistas, irrespectivamente de que algunas de ellas pretendan identificarse como elementos de izquierda, es unirse a las fuerzas de oposición que trabajan para reducir el aumento del espacio internacional a favor de nuestra independencia. El respaldo a ese esfuerzo internacional y, también, al sostenimiento y desarrollo de la resistencia cultural de nuestro pueblo por la vía electoral, sólo es posible a través del PIP. Por eso, si eres elector independentista la conciencia moral exige votar por el Partido Independentista Puertorriqueño.
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