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Cita Histórica


Puerto Rico •  8 al 14 de enero de 2009

 

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Movimiento social o frente amplio PDF Imprimir E-Mail
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Manuel de J. González   

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“Hay que remar juntos en la dirección correcta. La organización política constituye un imperativo si se quieren encauzar tales aspiraciones. Ignoramos la forma que asumirá. Ni siquiera sabemos con certeza qué formas debería asumir. Pero algunas cosas lucen evidentes. De contar con una franquicia electoral ésta debe ser parte de un movimiento social amplio.” Francisco Catalá.

    La cita que preside este artículo la tomo de otro del compañero Francisco Catalá publicado la pasada semana en CLARIDAD. En la edición anterior a esa se incluyó un artículo mío titulado “Hacia el frente amplio”. Lo que necesita Puerto Rico pudiera llamarse “movimiento social amplio”, como lo nombra Catalá o llevar el nombre que le asigné yo, pero el bautizo es lo de menos. Lo importante es su concreción. Aunque los puntos de arranque de los dos análisis pudieran variar, la propuesta de ambos es la misma: el independentismo puertorriqueño necesita reinventarse. Para lograrlo tiene que reagruparse y estar dispuesto a vincularse a todos los otros sectores políticos y sociales con los que pueda caminar todo o parte del camino.

    Otro planteamiento de Paco, con el que también coincido, es que en las pasadas elecciones independentistas de todas las tendencias fuimos perdedores. Tanto los que le dieron su voto al PIP como los que optaron por apoyar a candidatos del PPD, o hasta los que decidimos no votar, terminamos perdiendo. Lo que refleja el proceso electoral que acaba de terminar es un independentismo disperso, en extremo debilitado, lleno de arrogancia y rencores y, debido a todo eso, impedido de acercarse a otros sectores con los que pudiera juntar fuerzas. Y, para colmo, puede que la reciente experiencia electoral haya exacerbado aún más esos males.
    
Pero tenemos la oportunidad de romper el cerco o de abandonar la ruta que nos lleva a ningún lado. Para ello es importante no volver a repetir lo que ocurrió luego de las elecciones de 2004 que condujo a un cuatrienio desperdiciado.

    En 2004 el PIP perdió casi la mitad de sus electores y, en lugar de cuestionarse sus actuaciones y propuestas, se limitaron a denunciar “la traición” de los que le negaron el voto. Ni siquiera reconocieron que ésos a quienes llamaban “traidores” votaron por sus candidatos a la Legislatura asegurando su elección. El resultado de ese desplante fue que en 2008, no sólo no recuperaron los votos, sino que la deserción aumentó, perdiendo otra vez la franquicia y quedándose sin la representación legislativa que tuvieron por 36 años corridos. Aún cuando la estrategia de 2004 no había resultado exitosa, insistieron en ella y terminaron multiplicando el fracaso.

    Por otro lado, los independentistas que de manera individual (los más) u organizada (los menos) decidieron una vez más votar por candidatos del PPD, como señala Catalá, también perdieron y no sólo porque los receptores de sus votos resultaran derrotados. Perdieron porque otra vez se trató de un voto incondicional, “de gratis”, sin siquiera aprovechar la oportunidad para establecer de manera clara los parámetros de una futura alianza. El reiterado desespero por evitar que los anexionistas ganaran, los llevó al extremo de apoyar a candidatos claramente colonialistas, ubicados en el sector más conservador del PPD, un sector con el que difícilmente pudieran forjarse alianzas.

    Y los que creímos que, ante el cuadro de opciones electorales que nos presentaban, lo más digno era negarse a votar tampoco logramos nada, más allá de mantener la conciencia tranquila. Como nunca hubo una campaña organizada, la abstención no tuvo el efecto educador que en otras ocasiones ha tenido.

    Pero lo que se impone ahora, como bien señala Catalá, no es insistir en las lamentaciones sino tratar de caminar en otra dirección. Además de dar por concluido el lamento, también es importante evitar la proyección de las culpas. La primera tentación luego de una experiencia traumática es comenzar a buscar culpables fuera de uno mismo. Ya fuere porque lo necesita el instinto de conservación para reparar el ego herido, o por cualquier otra razón, lo común es la búsqueda desesperada de otros culpables evitando mirar hacia uno mismo. Se perdió porque aquel traicionó o porque el amigo no me apoyó.

    Esa búsqueda de culpables externos podrá ayudar a dormir más o menos bien, pero en política sólo sirve para profundizar el fracaso y facilitar su reproducción, como le ocurrió al PIP entre 2004 y 2008. En lugar de insistir en recriminaciones lo que se impone es empezar a caminar hacia el “movimiento social” o frente amplio que ya resulta imprescindible.

    ¿Qué podemos hacer en estos momentos?
    Por ahora lo que se impone es estimular los encuentros y el diálogo serio entre los tres sectores que pudieran representar la base de ese futuro movimiento social o frente amplio: los independentistas, el sector soberanista del PPD y los grupos de acción comunitaria que han ido surgiendo por todo el País. Ahí está la base que puede servir de apoyo para un futuro despegue. Esas conversaciones deben ser francas y sin agendas, buscando que surjan los elementos comunes y un nuevo liderato que pueda abrirle paso al cambio.

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