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Cita Histórica


Puerto Rico •  8 al 14 de enero de 2009

 

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Lecciones de la elección reciente (2008) PDF Imprimir E-Mail
Claridad en la Nación
Eduardo Villanueva Muñoz*/Especial para Claridad   

La publicidad, por mejor diseñada y realizada que esté, produce muy pocos votos. Por eso, es aconsejable que se revise la ley electoral de modo que se conceda a los partidos mayor flexibilidad para que puedan usar el fondo electoral en cursos de educación política, organización electoral y ayuda a los militantes. Creo que las campañas de Edwin Irizarry Mora y Rogelio Figueroa fueron superiores en diseño, arte y proyección del candidato que las de Aníbal Acevedo Vila y Luis Fortuño. Sin embargo, ambos sacaron menos votos que los candidatos del PNP y del PPD, lo cual refuerza nuestra teoría de que la publicidad añade muy pocos votos a los candidatos que invierten en ella en lugar de invertir en organización y en educación política.

La base central del crecimiento electoral es la educación política y la organización política. He señalado esta teoría mía a los compañeros dirigentes del PIP por varios años y no he podido convencerlos de que, aun teniendo un mensaje esencialmente correcto e ideológicamente coherente, aun contando con un candidato atractivo e inteligente como lo fue actualmente Edwin, la dispersión independentista y la pobre educación política convierten nuestros potenciales votantes en presas fáciles de las promesas de bienestar material y de alianzas ideológicas, basadas más en intereses electoreros que en convicciones de quienes niegan aún la realidad colonial del Estado Libre Asociado.

El Pueblo hace muy poco caso a los “analistas políticos, a la hora de formar criterio electoral”. Los independentistas tenemos gran presencia, tanto en el medio escrito como en la radio y continuamente hablamos sobre por qué la independencia es lo más conveniente para sacar a Puerto Rico del estancamiento y del deterioro social. Hemos explicado cómo otros países con igual o más población que Puerto Rico y con igual o menos territorio, han tenido mayor crecimiento económico que Puerto Rico y cómo eso se debe al elemento de la soberanía que ellos tienen y del cual nosotros carecemos. Sin embargo, el pueblo sigue preguntando si con la independencia nos morimos de hambre o si seremos como Haití o Santo Domingo. De hecho, Fortuño en los debates aceptó que Santo Domingo ha crecido más, económicamente, que nosotros, aun siendo una república, no un Estado Libre Asociado. Ni aun al líder del asimilismo le cree el pueblo cuando de soberanía se trata, lo cual demuestra lo acendrado que se encuentra el miedo y el coloniaje en el alma de los puertorriqueños.

El respeto a una figura política, intelectual, cívica, deportiva, no se traduce en seguir su criterio sobre cómo ejercer el voto. Hago este señalamiento porque queda demostrado que nuestro electorado evalúa más, quién le produce alguna o mucha confianza de que le va a mejorar su situación económica, quién le baja el agua, la luz, le sube el sueldo y le genera servicios de salud, seguridad y vivienda. Es decir, prima lo práctico sobre lo ideológico y el reto es educar al pueblo sobre por qué hay una relación simbiótica entre estructuras de poder, factores sistémicos y aspectos prácticos e inmediatistas. Como a las figuras de “autoridad” o que formamos opinión pública, no nos hacen caso, no hay por qué echarnos culpas ni pelear entre nosotros, cuando en realidad somos bastante intrascendentes en términos de modificar o condicionar conducta electoral.

Las circunstancias materiales de empleo, valor adquisitivo, costo de vida, seguridad, alimentación y salud, condicionan más la preferencia del voto que la belleza de un discurso o la fortaleza de carácter. Creo que expliqué en detalle esta lección en el párrafo anterior, pero añado que los discursos que dio Edwin y los que dimos varios de los que le apoyamos no le valieron votos, aunque tal vez respeto y admiración. Tampoco fue eficaz la campaña de Aníbal de que él tenía más fuerza de carácter que Fortuño porque, o no le creyeron, o el pueblo ya no responde tanto al estereotipo del caudillo y aprecia más la figura de un líder que luzca dialogante y conciliador. Ésa era la proyección que hacía Edwin en su discurso, pero creo que se afectó la credibilidad de ese discurso por la negativa del PIP a dialogar con el MINH luego del llamado público que éstos hicieron, a raíz de su asamblea general. Las razones que tenía el PIP para no acceder a ese diálogo eran, según ellos, que eso equivalía a comparar a Aníbal con Edwin, como figura política y luchador por la descolonización, lo cual no era equiparable, pero ello no fue explicado aceptablemente ni de forma accesible al pueblo, lo cual dio pie a que los adversarios del PIP le acusaran de intransigente, afectando con ello, como dije, el discurso y la figura de Edwin.

El pueblo aprendió de los Muñoces (los dos Luises, Rivera y Marín) a ser pragmáticos posibilistas, jaibas, más orientados a la búsqueda del bienestar individual, que de los valores y el bien común. Ese discurso pragmático e individualista (más rinde un peso en tu bolsillo que en manos del gobierno) lo aprendió bien el PNP, lo domina y lo explotó Luis Fortuño.

El método de Fortuño hacia la consecución de la Estadidad es el siguiente: “al americano no se le confronta, porque te lo echas de adversario; se coopera con él y se le muestra fidelidad, así te lo ganas como colaborador” – mejor que el imperio te agradezca tus servicios, aunque no te ame o no comprenda demasiado tu exigencia de ser como él en el reclamo de igualdad de derechos y en la conducta de lealtad que demuestras.

Los Populares no han aprendido a enfrentar a un rival que en términos de táctica y estrategia es tan procesalmente popular como ellos, cada uno (estadolibristas y estadistas) se conciben con valores y fines diferentes, pero tienen procesos y métodos similares para conseguirlos.
Ser pragmático es ceder en principios conceptuales para obtener fines prácticos. Ese método ya lo domina mejor el PNP que el PPD.

Alianzas sin concesiones mutuas, sin negociación, que no estén basadas en valores inmanentes y eternos, sin reserva de denuncia y de luz pública para fiscalizarlas, no son alianzas, son procesos de cooperación, que muchas veces culminan en la absorción del más débil por el más fuerte.
La credibilidad es uno de los activos más fundamentales del político que quiere convocar masas. Se gana con sacrificio, entrega y trabajo, se pierde con facilidad y lleva a que la autoridad moral y política se apague más pronto que el “sol de Heraclito”. Los independentistas con algún grado de liderato, que invierten tiempo y prestigio convocando alianzas con Populares, aun cuando Aníbal también se negó al diálogo con ellos y ahora los Populares comienzan a renegar asustados de su discurso soberanista, se corren el riesgo de perder credibilidad como líderes independentistas. El Pueblo cada vez más, los ve como colaboradores de los Populares que como líderes de la independencia y a esa escisión en la credibilidad y la autoridad moral del líder es que me refiero.
Los que luchan por el derecho a la autodeterminación de Puerto Rico, su descolonización y su libertad, luchan por un principio –por un valor inmanente– el derecho de todo pueblo a mandarse a sí mismo. Ese valor puede ser avalado por un millón de votos, cien mil votos, cien votos, o un voto, seguiría siendo un valor, porque no depende de una moda pasajera o del temor irracional de un pueblo colonizado. Quien lucha por la libertad propia y la de su pueblo no puede sentirse cansado, frustrado o desencantado, sólo honrado por el deber cumplido.

Éstas y varias otras lecciones, surgen del evento electoral que pasó y deben ser discutidas, analizadas y transformadas en propuestas, que eviten la dispersión y la desmoralización. Así encaminamos la lucha por la independencia, combatimos el coloniaje y el neoliberalismo y afirmamos de verdad el ser puertorriqueños, que nos lleva a anteponer el interés de la Patria y de la nación a cualquier otro interés personal o político partidista. Llegó la hora de un diálogo público, franco y abierto que produzca propuestas para reorganizar al independentismo y para lograr la concertación de fuerzas entre verdaderos luchadores anticoloniales, que evidentemente son sólo aquellos que reconocen que el ELA es una colonia y que superaron el discurso de los vestigios coloniales o del llamado déficit democrático. A ese diálogo debemos convocar a la brevedad posible para que el pueblo patriótico se exprese y surjan diversas propuestas de acción y de reorganización o de reagrupación política.

* El autor es ex Presidente del Colegio de Abogados de Puerto Rico.

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