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La importancia del liderazgo |
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Hay situaciones que aun siendo obvias, no dejan de sorprender. ¿Habría podido alguien imaginar que Estados Unidos, el país más rico y poderoso de la tierra, atravesaría en su ingreso al siglo XXI por una crisis de liderazgo tan pronunciada y profunda como para jamaquear los cimientos mismos de la economía mundial? Entre otros igualmente nefastos, ése ha sido uno de los efectos más notables de la administración de George W. Bush, el 43er presidente de dicha nación.
Su ideología derechista, sus limitados parámetros intelectuales, así como su tendencia a delegar en otros aun las decisiones más importantes, llevaron a dicho país a los desastres en Irak y Afganistán, a la tortura de prisioneros de guerra y al campamento en Guantánamo, al trastoque de los derechos civiles y de privacidad e intimidad de los ciudadanos estadounidenses, y a una actitud de dejar hacer al capital financiero que ha colocado al capitalismo mundial al borde del caos. Con el índice de aprobación popular más bajo que se recuerde, su presidencia languidece en espera del relevo el próximo 20 de enero, de la nueva administración del presidente electo Barack Obama. Mientras el país está en vilo, esperando a sus nuevos gobernantes, continúan las malas noticias sobre el colapso de instituciones financieras, la pérdida de empleos y la crisis de la vivienda, convirtiendo el espacio entre la salida de Bush y la entrada de Obama en una profunda grieta de liderazgo que tiene al mundo en ascuas, como un recordatorio de que los líderes sí son importantes en los procesos de encaminar los pueblos.
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