Todos los independentistas puertorriqueños compartimos la responsabilidad de hacer cada cual lo que su conciencia le dicte para garantizar la continuidad y el avance de la lucha por la independencia patria. Aunque tengamos diferencias sobre cuál es el camino correcto para alcanzar nuestra meta, nuestro único propósito es mantener vivas la lucha y la posibilidad de la independencia para Puerto Rico. La absoluta necesidad de alcanzar la independencia se ha ido haciendo cada vez más evidente, en la medida en que ha ido avanzando el colapso de nuestra actual relación colonial con Estados Unidos de América, en los ámbitos económico, social y moral. Por eso, cualquier análisis que se haga de lo que significan los resultados electorales más recientes para el independentismo debe hacerse desde la perspectiva de nuestra responsabilidad compartida. Eso es, a mi juicio, lo que nos quiso decir el pueblo puertorriqueño con el mensaje que nos envió en estas elecciones.
Lo que acaba de ocurrir no es únicamente que el Partido Independentista volvió a perder la franquicia electoral por segunda vez consecutiva y falló en elegir a sus dos legisladores y a sus asambleístas municipales. Acaba de quedar evidenciada también la fragilidad e inconsecuencia del planteamiento de ciertos sectores independentistas de que nuestra lucha se adelanta votando por el Partido Popular para que no gane el PNP, o el planteamiento de abstención electoral por cualquiera de las razones invocadas, que no sea la abstención de principios de los nacionalistas. Durante los últimos tiempos y con una virulencia inusitada, los independentistas hemos convertido un debate que debe ser interno, sobre tácticas, estrategias, métodos y estilo de lucha, en una garata pública y estridente sobre nuestras diferencias. Esto, no únicamente ha servido de combustible a los ataques abiertos o solapados de nuestros enemigos, sino que ha tenido un efecto negativo sobre nuestra imagen ante los sectores pensantes del país, que son precisamente aquellos más susceptibles a apoyar el desarrollo y el fortalecimiento de un movimiento independentista, y a quienes queremos y debemos hablarles y llevarles nuestras propuestas para la solución del estatus y de nuestros problemas más apremiantes. Por eso, considero que sencillamente en estas elecciones nuestro pueblo se cansó de nuestras peleas, pasó un juicio severo sobre nuestro comportamiento y decidió darnos la espalda.
Como resultado, en la superficie y a la vista de todo el País han quedado evidenciadas las grandes insuficiencias ideológicas, organizativas y de liderazgo que el movimiento independentista arrastra desde hace mucho tiempo y que son, a mi juicio, el obstáculo principal que hay que salvar si de verdad queremos convertirnos en una opción de futuro para el pueblo puertorriqueño.
Aún sin profundizar demasiado, tarea que dejaremos para los gurús y politólogos que hacen carrera de ensañarse con las debilidades de nuestros líderes y de nuestro movimiento, sabe Dios por qué razones, hay algunas lecciones sencillas que se pueden derivar de todo esto. Primero, que ya no debe haber vacas sagradas. Que debemos estar dispuestos a ponerlo todo sobre el tapete para ser evaluado, incluso aquellas figuras que hasta ahora hemos considerado como intocables y aquellas verdades que hasta ahora hemos creído como inmutables. Segundo, que las organizaciones hacen falta. Que no es cierto que un movimiento independentista silvestre y desarticulado pueda lograr a largo plazo contar con una base sólida que nos sirva de punta de lanza para alcanzar objetivos mayores. Tercero, que hay que retornar al principio organizativo básico de los grandes movimientos, que se construyen de abajo hacia arriba, poco a poco y con la paciencia de una hormiga, recogiendo desde abajo, en el trabajo callado y constante, las inquietudes y preocupaciones del pueblo para luego traducirlas en un programa de acción.
Hasta ahora, la experiencia demuestra que no hay sustituto para ese trabajo diario de construir y educar desde la base. Cuarto, que en una sociedad como la nuestra, la influencia de los medios masivos es fundamental y que quien los utilice con acierto, cuenta con una gran herramienta para acercarse al pueblo. En Puerto Rico, los medios de prensa responden a la ideología de sus dueños, que la mayoría favorece la estadidad, o por lo menos, el “statu quo”. Eso hace resaltar la importancia de los medios independentistas –como lo es este periódico Claridad– y de los compañeros y compañeras que representan a nuestro movimiento en distintos espacios en los medios de prensa, radio y televisión. Éstos deben ser conscientes de la oportunidad única y especial que tienen de hablarle a un país que les mira como a un espejo y que espera que su participación en dicho medio sirva para educar y reflejar los más altos valores que representa nuestra lucha. Por eso, hay que aprender a sortear los peligros de la tentación mediática, manteniendo siempre la mesura y el balance de nuestras posiciones y utilizando tanto este periódico, como los demás medios masivos a los que tenemos acceso, como parte del proceso para comenzar a construir un nuevo discurso independentista que apele a las necesidades presentes y futuras de nuestro pueblo. Nada más, pero tampoco nada menos, es la responsabilidad compartida de todos los independentistas puertorriqueños hacia la Patria que amamos y hacia la lucha a la que hemos dedicado toda o gran parte de nuestras vidas.
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