Cita Histórica


Puerto Rico •  2 al 8 de julio de 2009

 

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Puerto Rico: La Nación de Gente Buena PDF Imprimir E-Mail
Opinión libre
Félix I. Aponte Ortiz*/Especial para Claridad   

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Estamos a pocos días del cierre del año 2008 y como es costumbre hacemos una reflexión de los acontecimientos más significativos durante estos pasados meses para poner en contexto el año nuevo que próximamente comienza. Esta mirada al pasado reciente y al futuro inmediato nos ayuda a tener perspectiva de lo que nos puede deparar el año 2009 y las próximas décadas del porvenir.
En términos generales, tanto a nivel internacional como nacional, sucedieron eventos sin precedentes en la historia que han contribuido a que como pueblo estemos frente a una de las más profundas crisis a la que nos hayamos enfrentado. Esto es particularmente relevante en lo concerniente a la actividad económica y a la protección del ambiente y de los recursos naturales. Como es de esperarse, estas dimensiones del problema incidirán fuertemente sobre la estructura social que en los últimos años da signos de debilidad. El significado de estos acontecimientos sobre la vida colectiva de la población puertorriqueña requiere de todos un proceso de introspección para definir rumbos que nos dirijan a elevar la calidad de vida del País.

No es posible en esta columna identificar todos los acontecimientos notables acaecidos en los pasados meses y cuyas repercusiones han afectado nuestras vidas. Queremos, sin embargo, enumerar algunos que por su magnitud y prevalencia afectarán nuestras vidas en el corto y mediano plazo: (1) el alza en el costo del precio de los hidrocarburos, en particular del petróleo y sus combustibles derivados como la gasolina y el diesel; (2) la recesión económica en Estados Unidos, y en general, en el mundo capitalista internacional; (3) el colapso del sistema financiero y bancario norteamericano y sus repercusiones de otros sistemas a nivel global: (4) la profundización en términos cualitativos y cuantitativos de la pobreza en grandes sectores de la población global; (5) el afloramiento de una crisis alimentaria a nivel internacional cuya profundización se acelera rápidamente; (6) la intensificación del calentamiento del Planeta y de los consecuentes cambios climáticos del mismo; (7) experimentamos una de las temporadas ciclónicas más activas en la historia reciente en el Caribe, el Atlántico y en el Golfo de México: y (8) la pérdida del control político estadounidense del Partido Republicano y la elección del primer presidente afroamericano que promueve una plataforma de gobierno menos conservadora a nivel nacional y una gestión de política internacional apoyada con más énfasis en la diplomacia.

El efecto combinado de estos acontecimientos requiere reflexión sobre nuestros procesos políticos nacionales para lo cual se necesita articular una agenda de discusión pública que esté al margen o por encima de la discusión partidista tradicional. La omisión de considerar estos asuntos pudiera profundizar la precariedad del desarrollo de Puerto Rico, y la posibilidad de agravar nuestra condición de pueblo subdesarrollado, dependiente y subordinado a un poder extranjero decadente.
En el ámbito nacional, el País estuvo inmerso en múltiples discusiones sobre asuntos que por su recurrencia ya se consideran cotidianos. La mayor parte de éstos asociados al diferendo político-partidista que para muchos se considera el deporte nacional. Sin embargo, a mi juicio hubo tres asuntos principales que marcan este período histórico y en definitiva sus repercusiones estarán presentes durante este próximo año. Estos asuntos son: (1) la intensificación en la intervención directa de los asuntos de la vida cotidiana del gobierno federal sobre asuntos de nuestra vida cotidiana como pueblo, incluyendo el proceso electoral y que marcó un hito con la radicación por primera vez desde la dominación estadounidense de la radicación de cargos criminales al Gobernador de Puerto Rico; (2) la profundización de la recesión económica, que ha sido endémica por años en Puerto Rico, así como el crecimiento en el déficit presupuestario del gobierno central; y, (3) la elección por una mayoría sin precedentes de una nueva administración del gobierno colonial apoyada en una plataforma con una filosofía e ideología neoliberal. Estos acontecimientos que se relacionan de forma directa e indirecta con lo que ocurre en los EE.UU. y en el resto del mundo, nos plantean un reto formidable para la toma de decisiones sobre asuntos medulares a nuestra estabilidad como nación. Tienen el potencial de dislocar aún más la estructura del sistema económico y social del País y afectar nuestra convivencia colectiva del pueblo.

Reflexionando sobre todos estos asuntos complejos he pensado sobre las reservas que debe tener el País para enfrentarse exitosamente a este reto coyuntural histórico. Pienso que, aparte de las reservas del capital económico y financiero, del capital natural constituido por nuestros recursos renovables y no renovables, del capital intelectual y profesional de nuestro Pueblo, el mayor acervo, probablemente el más delicado, tiene que ver con los valores humanistas, religiosos y sociales de la mayor parte de la población del País. Todavía creo que este País no se ha disociado como nación, que hemos podido sobrellevar grandes crisis durante nuestra historia y que podemos superar cualquier adversidad, gracias a que la mayor parte de nuestra población es gente buena. Recordaba en este contexto una lectura escrita por Leonardo Boff (2004) que tituló “Gente Buena”, donde el respetado teólogo, filósofo y ecologista brasileño plantea que “el valor de un pueblo se mide por la cantidad de gente buena que es capaz de producir”. Para Boff, la buena gente es aquella que “orienta su vida por la verdad y la justicia, que es honesta, recta y trabajadora, que lleva bien su familia, que está siempre dispuesta a ayudar a otros, que es honrada en su diario vivir”.

Desde el punto de vista filosófico, de acuerdo a Boff, la condición de ser bueno es “un estado más del alma que una condición social, es una cualidad del corazón que trasciende el plano económico, social e intelectual”. Las personas con estas cualidades se pueden identificar fácilmente pues mantienen una actitud acogedora con el prójimo, y que “parece que tuviese la bondad escrita en su cara”. Tomando este perfil que nos describe Boff, pensamos que buena parte de nuestra población, especialmente aquella que vive en esa parte de Puerto Rico que llamamos “la Isla”, es decir aquella que no habita en la zona metropolitana de San Juan, es realmente gente buena. Y claro que hay gente buena en la zona metropolitana, pero la convivencia en esta región muestra signos severos de erosión en la convivencia social puesto que mucha gente se caracteriza por la indiferencia, el consumismo, la falta de solidaridad, la violencia, la falta de respeto a las leyes y a las normas, el edonismo, y una alta dosis de egoísmo que refleja una calidad de vida degradada.

A nivel personal meditaba en este contexto sobre el futuro de mis dos nietos que recién llegaron a nuestras vidas durante este año 2008. Pensaba sobre sus actitudes y características de personas como puertorriqueños para el futuro; meditaba sobre la forma o el proceso a través del cual se desarrollarían como personas buenas en esta sociedad. Me preguntaba cómo estos seres lograrán las virtudes de la buena gente que conforma la nación puertorriqueña. Me preguntaba sobre las cualidades de gente buena que pueda tener el liderato político y económico que dirigirá nuestro país. Me preguntaba si estos nuevos dirigentes y administradores del sistema político y económico son ejemplo de la buena gente de Puerto Rico. Me preguntaba si esa clase dirigente puede modelar a las nuevas generaciones de niños y jóvenes que formarán la nación puertorriqueña del futuro. Me preguntaba si estos nuevos dirigentes son una minoría que por sus actitudes, su visión y estilos de vida, sus intereses, corresponden a un grupo cuyas virtudes no trascienden la burbuja que crea el interés de lucro, el materialismo, la ambición por la acumulación de la riqueza y la insensibilidad sobre el ambiente y la naturaleza. Me preguntaba si están a tenor con las exigencias de la crisis actual que afecta al país y de los acontecimientos que amenazan con profundizar dicha crisis. Me preguntaba si serán capaces de convocar a la mayor parte de los sectores del país, que es gente buena, sin la cual no será posible enfrentar los retos que nos presenta el año 2009 y el futuro inmediato.

Espero que haya respuestas positivas a estas preguntas. Espero que tanto para Esteban Miguel como para Mía Isabelle, mis amados nietos, así como para todos los niños y jóvenes, haya posibilidad de alcanzar una nación puertorriqueña de gente buena. Ésta es mi esperanza para el Año Nuevo y para el tiempo futuro de esta Patria.

*El autor es profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico.

 
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