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De Whitefish a Power Expectations: un peje blanco tras otro

CLARIDAD

Poco después del 20 septiembre de 2017, con todo el sistema eléctrico de Puerto Rico en el piso tras la debacle del huracán María, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) suscribió un contrato por más de $300 millones con a una “empresa” de Estados Unidos llamada Whitefish. Luego se supo que la tal empresa había sido creada días antes por un gringo buscón del lejano estado de Montana, que no tenía un solo empleado ni un dólar de capital. Obviamente la tal Whitefish no pudo realizar el trabajo y hubo que contratar otras, pero en el proceso perdimos más de cien millones de dólares. Más importante aún, en lugar de adelantarse la reconstrucción reconstrucción del sistema eléctrico se atrasó.

Todavía vivimos las consecuencias de aquella cadena de actos negligentes o criminales porque nueve años después del huracán el sistema eléctrico sigue en crisis. Ahora, entre apagón y apagón, nos enteramos de otro caso muy similar al de Whitefish que pudo habernos costado la friolera de $5,800 millones. El nuevo mega tumbe estuvo a punto de ejecutarlo una “empresa” con un nombre más rimbombante, muy apropiado al negocio que buscaba, “Power Expectations”, pero igual que la del gringo de Montana es un nombre vacío, inventado por un tal Eddie Echevarría de Florida. Como se trata de un mero nombre, para conseguir el contrato el tal Echevarría supuestamente se asoció con una empresa real (Enchanted Rock, de Texas), con capital y experiencia, pero después se supo que todo fue fraudulento. Pocos días después de firmarse el contrato de generación eléctrica temporera la empresa tejana le advirtió al gobierno de Puerto Rico que no es parte del supuesto “consorcio”, que la firma fue falsificada y que la persona que aparece firmando no existe.

Que algún buscón trate de lograr contratos mediante fraude no es algo raro, pero en este caso los dos funcionarios notificados por la empresa de Texas (el pomposo “zar” de energía Josué Colón y el contratista privado Osvaldo Carlo) se callaron el asunto y en comunicación o contubernio con el tal Echevarría, procedieron a cambiar a la empresa tejana por otra (cuyas cualificaciones no conocemos), sin avisarle a la AEE y sin reconocer la seriedad de una imputación de fraude. Además, las denuncias dramatizaban la incapacidad de la tal “Power Expectations” para efectuar el trabajo y arrojaban dudas sobre la solvencia moral de sus “ejecutivos”, pero la contratación siguió. Finalmente, la podredumbre se conoció gracias a una investigación de la periodista Bárbara Figueroa y la Junta de Control Fiscal le retiró el aval al contrato, obligando a su cancelación.

Todavía hay muchos ángulos sin conocerse y tal vez nunca se conozcan, pero ya sabemos que nuestro sistema eléctrico seguirá empeorándose gracias, ¡una vez más!, a la corrupción o negligencia de quienes deben arreglarlo. El contrato en cuestión, por la increíble suma de casi $6mil millones, era para aumentar la capacidad de generación eléctrica y, de esa manera, evitar o reducir los apagones selectivos que sufrimos casi a diario. Gracias al debate público, el robo o malversación de esa enorme suma de dinero se ha evitado (por ahora), pero la nueva generación eléctrica tan necesaria no llegará por lo que los apagones selectivos, que para suavizar llamar “relevos de carga”, seguirán.

Habiendo vivido la experiencia de Whitefish y otros tumbes parecidos, ¿por qué se repite la historia, a un posible costo exponencialmente mayor, con Power Expectations? Pues porque poco ha cambiado en Puerto Rico en los casi diez años que han transcurrido entre tumbe y tumbe. Los nombres de los personajes son distintos, pero todos surgen de una misma organización criminal llamada Partido Nuevo Progresista. El “genio” que contrató con Whitefish en 2017 se llamaba Ricardo Ramos, director ejecutivo de la AEE. El de ahora, titulado como “Zar” de Energía, se llama Josué Colón. Ambos salieron del mismo vientre: el PNP.

(Nota al calce. El vocablo “zar”, título que los rusos le daban a sus emperadores, viene de César, el romano que no llegó a disfrutar de sus plenos poderes porque lo apuñalearon en el Senado. Similar final tuvo el último zar ruso, Nicolás II, aunque este en vez de puñaladas recibió balas. Nuestros zares o zarinas, en cambio, se retiran sanos, salvos y ricos. El de ahora, Josué Colón, ya goza de una jugosa y polémica pensión de cuando fue jefe de la AEE y ahora se embolsilla $250 anuales, más las misas sueltas. Lo que aún no sabemos es si hubiese guisado algo del mega tumbe que estuvieron a punto de dar el grupo de Florida que hace negocios como Power Expectations.)