La arquitectura al servicio del poder colonial no es meramente una herramienta de violencia, sino su disfraz más persuasivo. En Puerto Rico, esta violencia ha tomado la forma de Esencia: un propuesto búnker de lujo distópico para ricos, valorado en 2.000 millones de dólares.
Entre las empresas extranjeras detrás del megaproyecto Esencia se encuentran Reuben Brothers, Three Rules Capital, Rosewood Hotel Group, Mandarin Oriental y Aman Group. Estos desarrolladores ya han dejado “un rastro global de daño” en las zonas ecológicamente sensibles donde han construido, según el periodista Luis Joel Méndez González. El plan maestro de Esencia fue diseñado por el estudio de arquitectura local Álvarez Díaz & Villalón en colaboración con EDSA, y el componente del Hotel Mandarin fue diseñado por el estudio con sede en São Paulo Studio MK27.
Apoyadas por el gobierno, estas empresas pretenden ocupar más de 2.000 acres de tierra, incluyendo tres millas de costa en Punta Melones, para construir un enclave privatizado de villas de lujo, campos de golf y amenidades. Esencia afirma que está creando una “comunidad costera de lujo para turistas y residentes, que proporcionará acceso público a la playa para los residentes de Cabo Rojo y los visitantes”. La escala del proyecto presenta una seria amenaza de despojo territorial y agresión ecológica, continuando así el legado colonial de las plantaciones en el Caribe que hoy sirven como parte de una red de turismo de lujo.
Este desarrollo continúa una larga historia de intentos de desalojo forzoso, incluido el nefasto “Plan Drácula”, el nombre popular dado al “Proyecto V-C”, un plan de limpieza étnica del Departamento de Defensa para eliminar a los residentes de los municipios-isla de Vieques y Culebra incluyendo la reubicación de sus cementerios. Si bien analizamos el colonialismo como una práctica planetaria, se hacen evidentes las similitudes entre estos proyectos arquitectónicos y las imágenes obscenas de un futuro imaginado para la Franja de Gaza.
En este sentido, Esencia es también un proyecto de representación colonial ya que no existiría sin los dibujos e imágenes de los arquitectos. Los desarrolladores han entendido el rol que los diseñadores juegan en la producción de imágenes para venderle al público la destrucción de ecosistemas y yacimientos arqueológicos.
Representación, Abstracción y Violencia
En el Caribe, la representación arquitectónica ha servido históricamente como arma colonial. El colonialismo opera en los mapas que borran los territorios originarios, en los planos que parcelan las tierras comunales y en las postales pintorescas de playas y bosques bucólicos que reducen los paisajes a mercancías para el turismo. El legado visual de las representaciones coloniales de los trópicos es explicado por Krista A. Thompson en su libro An Eye for the Tropics: Tourism, Photography, and Framing the Caribbean Picturesque.
Las primeras pinturas coloniales y la fotografía que le sigue desde el siglo XX construyeron imágenes de las playas caribeñas como paraísos desprovistos de personas. Este truco de representación es lo que también hacen las imágenes arquitectónicas de Esencia cuando presentan un universo estético sanitizado y autónomo sin rastro de la maquinaria colonial-capitalista que lo financia, las exenciones fiscales de la Ley 60 que lo subsidian, o las medidas de austeridad impuestas que los puertorriqueños sufren para hacerlo posible.
En la propaganda arquitectónica de Esencia los suelos rústicos ecológicos especialmente protegidos, el hábitat del amenazado turpial amarillo y el guabairo puertorriqueño, las aguas donde nadan los manatíes antillanos, los nidos del carey son todos aplanados en una pantalla estéril para proyectar una fantasía colonial. Además, esencia afirma “participación comunitaria” mientras excluye al público de los procesos de permisos y continua el violento desplazamiento del pueblo local.
El Turismo de Lujo No Es Protección Ambiental
Esencia afirma que “el turismo de lujo es una forma de desarrollar, minimizando la huella ambiental” y declara que “3/4 de la tierra [se destinan] a recreación activa y pasiva, conservación y uso público”. Este argumento sigue una lógica similar a los hoteles de San Juan e Isla Verde, con una primera ola construida durante las décadas de 1950 y 1960 siguiendo a la Operación Manos a la Obra, o más recientemente con los desarrollos de lujo que han convertido a Dorado en un “paraíso de inequidades y emergencia climática”con sus playas y hábitats costeros destruidos mientras se continua desangrado el archipiélago borincano para el desarrollo capitalista.
Como explica el Centro de Periodismo Investigativo, Esencia se envuelve en el lenguaje de la conservación mientras infringe protecciones ambientales, demostrando que detrás de cada paraíso exclusivo, un continuum colonial expropia, segrega, desplaza y destruye.
El despliegue de imágenes seductoras sirve para fabricar legitimidad mientras los desarrolladores carecen de estudios de impacto ambiental rigurosos. En esta estratagema colonial, las herramientas de representación arquitectónica suplantan los datos ecológicos, reemplazando así la ética por la estética.
Los Diseñadores Son Cómplices, No Proveedores Neutrales de Servicios
Esencia amenaza con su implementación mientras los puertorriqueños enfrentan medidas de austeridad impuestas por la Junta de Control Fiscal y crisis de electricidad y agua, y el castigo acumulado de más de 500 años de ocupación colonial. En Puerto Rico, así como en otros lugares, los diseñadores que prestan sus habilidades, nombres y reputaciones a proyectos de lujo segregado, se convierten en accesorios de la colonización, instrumentos de destrucción de la naturaleza y participantes activos en la normalización del despojo y el desplazamiento del pueblo. Los diseñadores pueden acelerar nuestra propia perdición, o resistir y construir un futuro mejor que sea ecológica y socialmente justo.
En este contexto de crisis climática, otras formas de representación arquitectónica no son solo posibles, sino urgentes y necesarias. Los tiempos requieren formas de representación que no abstraigan la vida, decoren la destrucción, ni legitimen la colonización. Se requiere un tipo de representación arquitectónica que sirva como herramienta de educación pública sobre el medio ambiente poniendo su poder al servicio de la emancipación colectiva
Las carreras de diseño requieren de educación, prácticas y profesionales éticos que reconozcan que la tierra, el agua, el aire, la historia y los ecosistemas son para que todos los cuidemos colectivamente. Un futuro sostenible necesita de arquitectos, urbanistas, planificadores y paisajistas capaces de resistir ser parte de la maquinaria de destrucción ecológica y al deterioro social. Ante la ausencia de denuncias por parte de las instituciones profesionales y académicas de arquitectura y diseño en Puerto Rico llamamos a rechazar la instrumentalización de la arquitectura para proyectos coloniales y, en el caso de Esencia, el uso de la representación arquitectónica como herramienta para la destrucción ecológica y la degradación social.
Dibujar otros futuros es nuestra responsabilidad colectiva.








