El Comité Ejecutivo y el Colectivo de trabajo de CLARIDAD felicita a la compañera Yarima González Crespo por ser merecedora de la Medalla Juan Santiago Nieves. ¡Enhorabuena!
Buenas noches. Gracias a todas y todos por acompañarme esta noche. La realidad es que recibir esta Medalla con el nombre del gran Juan Santiago Nieves, no solo es bien significativo, pero también un gran honor. Así que gracias al Colegio y a su Comisión Especial, y a quienes me nominaron. Sepan que estoy profundamente honrada y agradecida, pero sobre todo, muy conmovida con este gesto, no solo por la figura que representa Juan, sino además por los y las colegas que la han recibido anteriormente, por quienes siento un gran respeto y admiración.
Mi nombre es Yarima González Crespo y para quienes no me conocen, soy abogada pro-bono de inmigración y me dedico a la defensa de personas migrantes detenidas por el Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), que están enfrentando procesos de deportación. En ocasiones, también he representado a menores de edad sin acompañamiento. He trabajado con varias organizaciones sin fines de lucro en el estado de Pensilvania y actualmente trabajo con una organización en Washington, DC.
Mi camino en la defensa de personas migrantes comenzó, irónicamente, con mi propia necesidad de migrar, cuando la única oferta de empleo sobre la mesa era en Estados Unidos. Como parte de mi trabajo, además de ofrecer representación legal gratuita ante la corte de inmigración a personas detenidas por ICE, el trabajo también requería hacer visitas periódicas a varios centros de detención, para ofrecer talleres de “Conoce tus Derechos”, así como orientaciones legales para personas que no contaban con representación. Porque sucede que, como está diseñado el sistema de inmigración de Estados Unidos es que, a pesar de ser un proceso bien parecido a uno penal, las personas que están enfrentando estos procesos de deportación, no tienen derecho a abogado pago por el estado. Si la persona no tiene forma de pagar su representación, se tiene que defender sola, ante un proceso sumamente complejo y técnico, incluso para personas conocedoras del Derecho. Es ahí donde entramos las organizaciones sin fines de lucro, para, de cierta manera, hacer el rol de la figura de un defensor público en el derecho penal. Porque no creo que haya que convencer a nadie, de que las políticas migratorias de Estados Unidos lo que han hecho es crear una crisis seria de derechos civiles y derechos humanos, que se extiende mucho más de las fronteras norteamericanas.
Con las visitas a estos mal llamados centros de detención, también empecé a adentrarme en las entrañas del sistema migratorio de Estados Unidos y a ser testigo de los actos más atroces de los que puede ser capaz un ser humano. Dentro de esos centros vi mujeres embarazadas, personas con problemas de salud mental y problemas de salud crónicos desatendidos; tuve un cliente al que violaron y el cual estuvo meses en confinamiento solitario, vi la unidad de las mujeres desbordada de aguas usadas, vi un hombre salir del centro en camilla con paramédicos, severamente golpeado y con el cuello inmovilizado, y en una ocasión, hasta me tocó la terrible encomienda de recibir a la familia de un hombre que había fallecido dentro del centro, a la cual ICE le notificó de su muerte mediante correo electrónico.
También dentro de estos lugares vi la explotación del trabajo forzado. Personas trabajando 40 horas a la semana para cobrar entre $10-15 semanales, y que solo lo pueden utilizar en la tienda del centro. Porque si algo tiene bien definido el sistema migratorio de Estados Unidos, es que es basado en la explotación y en la esclavización de seres humanos para el enriquecimiento de unas cuantas corporaciones.
Mientras era testigo de estas barbaridades, al mismo tiempo iba escuchando las historias de quienes migraban. Historias, que una vez las escuchabas, no había manera de volver a ser la misma. Como la historia de María, una abuela de 64 años, de los cuales casi 50 los había vivido en Estados Unidos y hacía casi 40 que era residente permanente, por lo tanto, tenía “green card”. María tiene 4 hijos, todos ciudadanos americanos, igual el ICE la deportó. O como la historia de John, otro residente permanente, quien lamentablemente era adicto a drogas, al que su familia estuvo buscando durante nueve meses y cuando ya lo habían dado por muerto, se enteraron que estaba en un centro de detención migratoria. Y dicho sea de paso, no se enteraron por ICE, se enteraron porque yo me di a la tarea de buscarlos en Kensington, Filadelfia.
Y así continuaba historia tras historia. De quienes tuvieron que dejar sus hijas e hijos a cargo de terceras personas, los que al momento de ser detenidos estaban junto a otros familiares y no sabían a dónde se los habían llevado; historias de cómo fue la travesía hacia Estados Unidos. Hubo quienes me contaron que vieron gente ahogarse en la selva del Darién, o como Cristian, quien a sus 14 años viajó solo a Estados Unidos, llevado por coyotes en una canasta de metal debajo del motor de una camioneta.
Tampoco faltaron las historias de las torturas que sufrieron en sus países natales, entre tantas y tantas otras. Y no les hablo de estas experiencias a modo de morbo. Se los cuento, porque aquí en Puerto Rico hay una comunidad migrante bien grande, que convive entre nosotras y que cada vez que les arrestan, es esta la barbarie que les espera.
Pero a su vez, también llegan las historias de los triunfos, de las victorias, que en inmigración no son poca cosa, sino todo lo contrario, son gigantescas. Porque a diferencia de cualquier otro proceso judicial, en inmigración no existe una contraparte, no hay una alegada víctima. La persona lo que está es peleando contra el andamiaje del sistema y lo tiene todo en su contra. Así que cuando le ganas a eso, cuando vences al sistema que ha utilizado todos los recursos (y las trampas) a su alcance, te das cuenta de que el imperio no es invencible. Y es por esta razón que la defensa de las personas migrantes se convirtió en una lucha muy personal para mí, porque quien les oprime es el mismo opresor de nuestro archipiélago y es aquí donde yo encontré mi trinchera de lucha.
Migrar es un acto tan natural como respirar. Todas y todos, en algún momento, hemos tenido que meter nuestras pertenencias en una maleta y marcharnos hacia nuevos rumbos. Mencionaba hace un momento que aquí hay una comunidad migrante enorme, comunidad que es parte de nuestra vida cotidiana. Dominicanos, cubanos, árabes, chinos, entre tantos otros, que llevan toda una vida en Puerto Rico. Que aportan económicamente y culturalmente; que son familia, y que a quien único parecen molestar es al señor del norte y por eso, nos los arrebatan. Y hay que defenderles, porque aquí los lacayos en el poder cooperan con las autoridades federales sin tener idea de lo que sufren estas personas, o peor aún, sin importarles. Son cómplices de la maldad sin saber que para muchas personas migrantes una deportación es literalmente una sentencia de muerte. Hace poco la prensa publicó una noticia de unas mujeres haitianas que fueron asesinadas tan pronto llegaron a Haití. Habían sido deportadas desde Puerto Rico. Eran entre 5-9 mujeres, no recuerdo bien ahora, pero sí, eso pasó hace unos meses.
Como si fuera poco, las personas migrantes en Puerto Rico tienen una situación particular a la de las personas migrantes dentro de Estados Unidos. Aquí, cuando son arrestados y llevados a un centro de detención se los llevan fuera de Puerto Rico, usualmente, para el estado de la Florida. Esto, no solo impide que sus personas queridas le puedan visitar, también dificulta que puedan conseguir representación legal, así como poder cerrar sus casos en las cortes estatales, de tener alguno. Y ni hablar de cómo se dificulta el regreso cuando salen bajo fianza, los que han tenido esa dicha, porque ahora ni tan siquiera eso quiere conceder el gobierno norteamericano, que una persona pueda pelear su caso sin estar detenida, aun cuando no tiene récord criminal.
Para poder traer de vuelta a los de aquí, se requiere de todo un andamiaje para buscar a la persona y luego tratar de pasarla en el aeropuerto por aduana o TSA, porque ICE no los devuelve al lugar donde los arrestó y en la inmensa mayoría de los casos, las personas no cuentan con documentos de viaje. Y ya de aquel fatídico 26 de enero de 2025, que fue la primera redada en Puerto Rico, hasta mayo de 2026, ICE ha arrestado casi dos mil personas, de las cuales sabemos muy poco, de muy pocas. Simplemente han desaparecido.
Hace poco hubo que ir a buscar a un muchacho que arrestaron el día de nochebuena, mientras llevaba a su esposa a una cita médica y fue una misión bastante complicada. Ese caso fue el primero que la ACLU de Puerto Rico, junto con la Clínica Legal de Comunidad de la Universidad Inter Americana, radicaron un recurso de habeas corpus en la corte de Distrito, para retar la detención, que es de la única manera que se está logrando hacer que las personas migrantes salgan en libertad. Ya se han radicado más de estos recursos con éxito. Así que gracias a Annette, a Fermín y a Rafi por echarse esta encomienda encima. También quiero mencionar el esfuerzo de la campaña “Migrar es un Derecho”, compuesta por las compañeras de ACLU, Km0, Comuna Caribe y Amnistía Internacional de PR, que está hermosa y el trabajo que están haciendo en las comunidades es fenomenal. Con Km0 nos tiramos un día lo que bautizamos como la clínica legal rodante, donde fuimos a una comunidad con la que ya se había coordinado para ir a unas casas determinadas a dar orientaciones legales. Se hizo de esa manera para no hacer ruido y evitar que fuera a llegar ICE.
Como ven, hay mucho trabajo por hacer, así que no puedo desaprovechar esta oportunidad para hacerle un llamado a esta Honorable Institución, de la cual me honro de pertenecer, porque hay que hacer mucho más por nuestra comunidad migrante y aquí estamos disponible como recurso. El año pasado, en estos mismos actos, decía la profesora Erika Fontánez que “toca ser ciudadanos abogados más que abogados ciudadanos” y estas expresiones cobran mucha fuerza cuando se trata de la defensa de las personas migrantes. No olvidemos que el debido proceso de ley cobija a todas las personas sin importar su estatus migratorio, Zadvydas v. Davis, caso vigente del Tribunal Supremo de Estados Unidos.
A todas y todos ustedes, una vez más, gracias por estar aquí conmigo. Ojalá que nunca perdamos la capacidad de conmovernos ante el dolor y la injusticia ajena. Si algo nos ha enseñado la comunidad migrante, es que la empatía siempre será el camino correcto.
¡Que vivan todas las personas migrantes del mundo y su derecho a vivir y permanecer en paz y libertad, en cualquiera que sea el lugar que hayan decidido llamar hogar! ¡Fuera el ICE de nuestras comunidades y de nuestro archipiélago! Nuestros inmigrantes pertenecen a esta tierra y ustedes no tienen derecho de arrebatárnoslos.
Palabras pronunciadas al recibir la medalla Juan Santiago Nieves otorgada por el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico.







