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¡Hasta la Victoria de la Idea!

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NaciÓN

El nuevo macartismo no detendrá la marcha de los pueblos

 

 

Es para mí un privilegio compartir los mensajes de hoy con la juventud que admiro y que nos da la certeza de que la antorcha de la lucha está y continuará en buenas manos.

Me honra, además, que se le dedican estos actos a William Pérez Vega, y no sólo por todo lo que hace William, sino que es un reconocimiento a la poesía, a la importancia de las letras, las artes, la cultura, como escudo de defensa de nuestra nación, de afirmación antillana y nuestra bandera ante el Mundo.

Comienzo por afirmar que hay momentos en la historia en que el poder corrompido deja de debatir las ideas y comienza a perseguirlas. Momentos en que el imperio corroído comienza a responder con etiquetas, acusaciones y campañas de miedo. Pero también con otro tipo de abusos como la violencia interna, el acoso, las ejecuciones, invasiones, y guerras.

Este es uno de esos momentos.

La historia nunca se repite, pero muchas veces regresa revestida, con discursos viejos enmascarados de presente y con nuevas justificaciones para dominar, saquear, y oprimir.

En la década de 1950, Estados Unidos vivió uno de los períodos más terribles de su historia: el macartismo. Miles de personas fueron perseguidas por sus ideas políticas. Artistas, intelectuales, sindicalistas, activistas, organizadoras comunitarias, fueron señaladas como enemigos por imaginar o defender una sociedad diferente, de valores humanos y justicia, por cuestionar las relaciones de poder, o por defender la paz.

El objetivo no era solamente perseguir individuos.

El objetivo era sembrar el miedo, que es una de las más poderosas herramientas de dominación individual y colectiva.

Cuando un pueblo teme expresarse, deja de participar. Cuando acepta la persecución ideológica, renuncia poco a poco a su dignidad.

Hoy vemos el resurgimiento de esa lógica bajo nuevas formas.

El nuevo macartismo del siglo XXI utiliza el lenguaje de la seguridad nacional, de la lucha contra el terrorismo, y de la defensa de una mal llamada democracia para criminalizar movimientos sociales, organizaciones populares y corrientes políticas de izquierda. Puerto Rico ha sido mencionado de manera clara en un documento de reciente publicación que, por ridículo que les parezca el escrito y quienes lo publican- servirá de guía para la nueva cacería entre nuestras comunidades que luchan, que son críticas, que defienden nuestra independencia, que son solidarias, o las que son de izquierdas.

Vendrán por nuestra vil izquierda que defiende la salud, la educación, el trabajo y el retiro digno. Esa terrible izquierda que le repugna el genocidio contra Palestina; que denuncia las ejecuciones en el Caribe; el secuestro, la invasión, y el saqueo de los recursos en Venezuela; el criminal bloqueo genocida recrudecido cada semana contra el hermano pueblo cubano; que denuncia el ataque a Irán por tratar de controlar el comercio internacional. Esa vil izquierda que defiende los derechos de quienes migran para trabajar; la vil y maldita izquierda que cree en la justicia, en la equidad, en redistribuir riquezas; ¡esta izquierda que no se quita, que no se rinde, que persevera y que vence!

Narco Rubio, el miamense cuya familia huyó de Cuba bajo el régimen dictatorial de Batista, representa una de las expresiones más terribles de esta nueva ofensiva ideológica que se esparce como la espuma, como lo fue antes MacArthur, quien terminó como terminó, que no se le pegaba ni un catarro.

El nuevo macartismo trata de una visión de mundo tecno oligárquica, que quiere compensar con el continente americano toda la influencia que ha perdido en el resto del mundo. Y para ello necesita el camino libre de quienes procuramos sociedades más justas.

Es una visión que sospecha de -y persigue a- cualquier proyecto político que cuestione la hegemonía interna y externa de la ultraderecha fascistoide norteamericana, que tiene sus lacayos en cada rincón. Cree firmemente que la organización democrática de los pueblos es una amenaza. Y ¡claro que somos una amenaza ante esos intentos burdos, plagados de mentira y propaganda! Es un deber humanista detener esa afrenta.

La imposición del nuevo macartismo nos llega con más fuerza gracias a nuestra relación abiertamente colonial con el régimen que la impulsa. Pero la historia demuestra que ninguna nación vive eternamente bajo la imposición de otra. Los pueblos tienen memoria, tienen dignidad y tienen el bendito derecho a decidir en libertad.

Lo acontecido este último año en el Caribe nos obliga a hablar de lo que ocurre contra Cuba y Venezuela, y que es parte de ese renovado plan macartista.

Podemos tener diferencias con sus gobiernos. Podemos debatir sus políticas y analizar críticamente sus decisiones internas.

Pero una cosa debe quedar clara: ningún pueblo debe ser castigado colectivamente por un poder extranjero.

Por 64 años Cuba ha vivido bajo un bloqueo económico cada vez más cruel, que ha limitado su desarrollo, que afecta su economía y crea enormes dificultades para su población. Es un bloqueo genocida, que busca ahorcar tanto al gobierno como a la ciudadanía, que afecta la vida cotidiana de la gente común: a pacientes que necesitan medicamentos, a estudiantes que no pueden llegar a sus escuelas, a quienes intentan construir su futuro con el trabajo; que -igual que aquí por otras razones- les quita la energía eléctrica (porque luz tenemos ambos pueblos). Es un bloqueo que hasta criminaliza la solidaridad humanitaria, tanto la que el mundo quiere darle a Cuba, como la que Cuba quiere darle al mundo.

La política de estrangulamiento económico como instrumento de presión externa, medidas coercitivas unilaterales, son ilegales e inhumanas. Y cuando un país desea romper esas cadenas, lo castigan con aranceles, invasiones, con más de mil sanciones, como hicieron con Venezuela.

Durante años, las sanciones económicas del imperio contra Venezuela, el aislamiento diplomático y las presiones externas fueron presentadas como alegados mecanismos para defender una mal llamada democracia. Pero al final venció la sinceridad: que el objetivo real de la agresión es el saqueo y el robo de los recursos naturales en una vulgar violación de la soberanía nacional.

Ninguna libertad puede construirse con el sufrimiento de los pueblos. La autodeterminación no puede aplicarse solo a quienes tienen más poder o se favorecen de él. La soberanía es un principio universal a defenderse. O existe para todos los pueblos, -como el nuestro, el palestino, el saharaui- o deja de ser un principio para ser mera retórica.

Frente a esta realidad, hago un alto para reconocer que, aún con los retrocesos que hemos visto en el continente, la América Latina continúa ofreciendo ejemplos de resistencia y organización popular.

La batalla actual del pueblo boliviano, como lo han hecho tantos otros pueblos del orbe, nos recuerda una verdad fundamental: los cambios históricos dependen de pueblos organizados, de comunidades conscientes y entrenadas, firmes y dispuestas. De la clase trabajadora campesina y urbana, estudiantes y sectores populares, de organizaciones profesionales que comprenden que la historia no se escribe por espectadores.

Bolivia demuestra que la participación popular sigue siendo una fuerza transformadora y desde aquí vaya nuestro apoyo al pueblo boliviano en lucha.

Recordamos hoy, pues, a dos de nuestros jóvenes asesinados por el Estado, cuya muerte no sólo los eleva a mártires por la independencia patria, sino que se convirtieron en símbolo de la búsqueda de la verdad, en la memoria colectiva; por eso, la conmemoración aquí en Cerro Maravilla rebasa al independentismo, es de un Pueblo indignado por el abuso y la mentira, justo cuando el nuevo macartismo embustero y abusador comienza a asomarse hoy.

Nuestra historia bien está marcada por la persecución política, por la vigilancia, por las carpetas, por la criminalización de las ideas independentistas, por la violencia, los asesinatos del Estado y desde la derecha. Esa persecución de quienes eran “subversivos” nos deja una lección para entender el neo-macartismo y combatirlo.

Si el neo-macartismo que ya vivimos intenta convertir la solidaridad internacional en amenaza, y la conciencia política en terrorismo, entonces, la respuesta tiene que ser clara.

No puede ser el silencio. No puede ser la indiferencia. No puede ser la resignación ante un poder apabullante.

Necesita ser la organización, la educación política, la defensa firme de los derechos humanos, en especial de los derechos colectivos y de los pueblos.

Los pueblos tienen derecho a existir, a preservar su identidad. A decidir responsablemente sobre sus recursos y modelo de desarrollo, sin aplastar a ningún otro pueblo.

Un pueblo tiene siempre, siempre, derecho a la libre determinación. Y tiene derecho a su independencia. Ese derecho no es una concesión de ninguna potencia, no hay que pedirlo. Es un derecho reconocido por las Naciones Unidas, aunque existan potencias inescrupulosas que lo ultrajan sin consecuencia.

Compas, para combatir el colonialismo que nos afecta y el neo-macartismo que nos está viniendo encima, nos corresponde fortalecer nuestras organizaciones sociales, sindicales, culturales y comunitarias.

Por más debilitadas que estén las instituciones, por más individualismo que sintamos a nuestro alrededor, hay que organizarse: construir una solidaridad activa, educar al pueblo para que conozca su historia (y al pueblo que está en el exilio o la diáspora también), que conozca y reclame sus derechos, que sienta orgullo de sus fortalezas. Bregar y cambiar esa psiquis nuestra de “esperar a que algo pase”; basta de esperar, hay que darle cuerda al camión de la dignidad.

Nos corresponde, entonces, unir las luchas por la justicia social, la equidad, la paz, los recursos naturales, la soberanía y la dignidad humana. Entender que están íntimamente relacionadas.

Y nos corresponde entender que la causa de Puerto Rico no está separada de la causa de la América Latina y el Caribe.

Nuestra historia está vinculada a la historia de los pueblos que han resistido el colonialismo, la intervención y la imposición.

Así, cuando defendemos el derecho de Cuba a decidir su futuro y su modelo de desarrollo, defendemos también el principio de que Puerto Rico debe decidir el suyo.

Cuando defendemos el derecho de Venezuela a resolver sus asuntos sin injerencias externas ni secuestros ni invasiones, defendemos también nuestro derecho a la autodeterminación.

El internacionalismo comienza reconociendo la dignidad de todos los pueblos.

En fin, que cada generación enfrenta pruebas históricas. La nuestra enfrenta hoy el desafío de impedir que el miedo vuelva a doblegar rodillas. Hay que responder con doble fuerza, como el boomerang -y como el amor-.

Al nuevo macartismo hay que darle duro, con más conciencia y comunicación efectiva.

A la división que pretende crear, darle con más unidad en la acción.

A la mentira y la propaganda, darle con la memoria y con la verdad.

A la intimidación, darle con más organización y firmeza.

Pero darle, darle duro. Con la frente en alto, que la vida es una y la oportunidad es nuestra.

El mejor homenaje a quienes le arrebataron la vida por sus ideales es construir un Puerto Rico más consciente, más solidario y más decidido.

Un Puerto Rico que defienda la paz, sin aceptar la injusticia.

Que dialogue, sin renunciar a la dignidad.

Que recuerde en este Cerro su pasado, para construir con valentía su futuro en libertad.

Ante estas cruces, cuando cantamos nuestro himno revolucionario, sabemos que nuestras luchas enfrentan momentos difíciles, contradicciones y algunas derrotas; pero también tenemos el convencimiento de que un pueblo con memoria, dignidad, organización, y valentía jamás será derrotado.

Si hay un pueblo que conoce el lenguaje de la dominación, es el nuestro; como también conoce el lenguaje de la resistencia.

Esa resistencia organizada y firme es la clave para derrotar el macartismo de hoy y llevarnos por el camino victorioso a la patria liberada.

¡Que viva nuestro Puerto Rico libre!

Muchas gracias.

El autor es el portavoz del Comité de Derechos Humanos de Puerto Rico

Mensaje  pronunciado el 25 de julio de 2026 Cerro de los Mártires, Jayuya Puerto Rico