Amado Martínez Lebrón
Cuando nací,
ya habían pisoteado la Luna.
Las quebradas estaban desnudas.
Soy del tiempo de guerrillas.
Cuando supe que era pobre pegué al Ché
en la pared donde tuve un Ferrari
arrancado de una revista del dentista.
Pero pudo ser Pancho Villa.
Sobreviví la Guerra Fría.
Como tú,
vi morir
a huracanes homicidas.
Recuerdo el rugir de un terremoto
y la soledad de una pandemia.
Nos dejaron en herencia la diabetes,
y la enfermedad de las arterias.
He visto a cientos de doncellas
al filo de volcanes.
Lava y lava no es lo mismo,
vi erupciones de Balcanes.
Para tu bisabuela,
Muñoz
multiplicaba panes.
Cuando yo crecía
la televisión cerraba de noche
y abría al otro día,
iba y volvía con himnos.
Se hizo viral, sin Internet,
el Drakar Noir,
el punto G y el agua de la Virgen
del pozo.
He visto envejecer a Madonna,
vi morir a Maradona.
He sentido el gozo.
Mi alcancía se la llevó un Populoso.
Tengo horas de vuelo
sobre los bancos duros de iglesia y
colecciones de galletas de Florindas.
Fui el Chavo, hoy soy Ron Damón.
Crecí con jarras de Tang y latas de salchichas.
Viví a la velocidad del “dial-up”,
tuve juguetes de plomo,
cogí jalones de patillas.
Bajo amenazas de inviernos nucleares,
pensando en celdas,
lloraba cada agosto,
hoy por ti soy río.
Hijo del síndrome de Calvin Klein,
el pitufo vanidoso.
Jamón del sándwich
entre roqueros y cocolos.
Criado por enmascarados
en calzoncillos,
a puños de hierro.
Víctima de los espejos.
He perseguido manifiestos
y varitas de hadas.
He perdido el alma
en madrigueras.
Vi caer un muro en Alemania
pero se alzaron veinte en Dorado.
vi el turismo en Galilea.
Vi nacer a los Simpson.
Testifico del imperio,
yo lo veo,
en este asalto consentido,
van persiguiendo a Galileos,
han dejado el canto extinto.
A mí nadie me lo dijo.
Puedo ver el comején
escalando por el tronco
buscando las ramas muertas.
Cuando uno mengua,
ve todo decaer.
Cuando uno se está muriendo,
en cada esquina ve el final del mundo.
No me hagas caso,
para ti la cosa va al revés.
En mis ruinas vas creciendo.
Yo llamaba a un número para las tandas del cine,
vi morir a las operadoras de largas distancias
a los mapas que nunca doblé
y al Mtv que vi nacer.
Leía periódicos impresos,
mandaba cartas con sellos y
me recetaban agua maravilla
para liberarme del estrés
que me causaba el cerro.
Por mí no te pongas triste,
que yo he bailado en el cemento
hasta llegar a la varilla.
Soy testigo de
cómo el mapa se le achica a Palestina
y de mi incapacidad para detenerlo.
Pienso,
que si se muere un dios Allá,
que se me muera un simio aquí
no requiere un testamento.
Soy de la era de los platos desechables,
de las rejas y candados.
De los huecos en el ozono y las basuras espaciales.
Hijo agradecido de supositorios y vacunas.
Fruto turbio de rupturas.
Engendro de plásticos, hidrocarburos
y divorcios.
He sobrevivido más de diez Apocalipsis.
Yo podría dar la fe del tiempo
llenando todo con elipsis,
o contando cuántas veces cae un edificio,
pero verte llegar a los catorce
como por efecto de un elixir,
es el marcapasos que yo elijo.








