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NaciÓN

Intempestiva con auto blanco y faisán

 

  1. Conduzco por una carretera interior entre Guaynabo y Aguas Buenas. En el sentido contrario, un auto blanco viene a toda prisa. Me hago a la orilla del camino para evitar un posible choque, en estas carreteras el espacio entre carriles es lo suficientemente ancho para que dos autos pasen a centímetros del otro.
  2. No menos de diez minutos después de este percance, veo dos animales a la orilla de la carretera. Son faisanes. Uno está de pie al lado del otro, que está tumbado sobre la carretera. No es difícil determinar que un auto lo mató pasándole por encima. Con cuidado, paso por el lado. El faisán vivo está ante el caído con una detención absoluta de todo movimiento. Antes de proseguir mi camino, busco la mirada del animal. El faisán tiene la vista puesta en un más allá de toda agencia e interrogante humana.
  3. Para el animal, la muerte es más real que lo Real, que es lo mismo que decir que el animal no comparte nuestra obsesión demasiado humana con la clasificación, con la categoría. Incluso para filósofos como Heidegger, en el que la experiencia del animal con la muerte no es otra cosa que un reventar (Sterben), no puede dar cuenta del abismo que se abre ante la mirada del animal, excepto como ente privado de Ser. Pero esto tampoco es suficiente.
  4. Lo que entendemos de la muerte del animal es nuestra inteligencia desbordada ante un incontestable, que en el fondo, tampoco contesta nuestra propia interrogante ante la muerte. Esto no significa que no haya una inteligencia del animal ante la muerte, que es también la inteligencia con la que intento contestar mi propia agencia ante el advenimiento de mi muerte. Por algo observo a un faisán que está de pie, quieto en su absoluto, ante otro que yace atropellado, que muere por humano accidente o su agencia. Su inteligencia no es la nuestra, y nosotros no logramos contestar la interrogante por ambos. Su saber ante la muerte es tan fútil como el vasto conocimiento humano, que brinda toda clase de respuesta a una pregunta sencilla: ¿qué es la muerte?
  5. En los campos crematorios, la muerte fue el proyecto de erradicación («Figuren» fue la palabra alemana predilecta en medio de la Solución Final). En la masacre de haitianos bajo Trujillo, la muerte fue la R traidora en perejil. Para los taínos ante el cuerpo ahogado de Salcedo, fue la certeza de una guasábara en la que ellos, como nosotros, también sangran y mueren. Fue y pudo ser. Nuestra respuesta viene de un saber que la pregunta abarca, pero nunca satisface. Por ello en mi mirada ante un faisán de pie ante otro, habita la certeza de que aquello allí esboza una pregunta que provocará toda clase de respuestas, pero ninguna jamás dará cuenta de la velocidad blanca en los ojos de un faisán testigo de nuestra desnudez, nuestro gran y terrible desamparo ante el mundo.

Guaynabo, 29 de agosto de 2024