Especial para CLARIDAD
La gobernanza surgió en sus orígenes de la necesidad histórica de brindar cierto orden a la vida en sociedad con los asentamientos humanos en la nueva etapa de la civilización, Con el tiempo, la sociedad y la gobernanza se complejizan. Para atender esa complejidad se fue recurriendo cada vez más a la ciencia y a la tecnología. La gobernanza se hizo metódica mediante procedimientos sistémicos con un rigor cercano a la ciencia.
Con el surgimiento de la democracia, el sufragio se convirtió en un medio para escoger a los responsables de la gobernanza por periodos definidos. Las elecciones son, por lo tanto, un medio, no un fin en sí mismo. Empero, así como en Puerto Rico, las elecciones se han convertido políticamente en muchos lugares en un fin, no en un medio para la gobernanza democrática.
El objetivo principal de una administración gubernativa elegida democráticamente no debe ser la revalidación en las elecciones próximas, sino la mejor gobernanza posible. La gobernanza tiene en esencia una visión menos inmediatista que el electoralismo. Tiene propósitos más duraderos. Sus metas persiguen una mejor vivencia social, progreso y calidad de vida de los ciudadanos. La ejecución de sus objetivos no se mide por meras conveniencias inmediatistas electoreras. Va más allá de eso. Persigue el bienestar colectivo pensando en lo más conveniente para la sociedad en su conjunto a corto, mediano y largo plazo.
La economía, la sociología y la tecnología pasaron a formar parte del rigor científico de la gobernanza. No se gobierna improvisando. Tiene que haber metodología en la gobernanza. Es de eso que las administraciones gubernativas en las últimas décadas en Puerto Rico carecen. La politiquería y la improvisación han sustituido a la metodología gubernativa. En consecuencia, la economía y la infraestructura, así como otras variadas cosas de la sociedad en Puerto Rico han venido a menos.
Encubrir con apariencias la realidad comienza a convertirse en un artilugio de la política en Puerto Rico. El ciudadano logra ver únicamente lo aparente mediante ese ilusionismo de la política; no la verdadera realidad. La política pretende convertirse, así, en una suerte de taumaturgia. No obstante, no es en taumaturgia en lo que debe devenir la gobernanza.
No es por prodigios ni milagros que se gobierna. La gobernanza es la metodología de regir el destino de los pueblos utilizando para ello la economía, la sociología, la ciencia y la tecnología como instrumentos para su desempeño. Por tal razón, más que arte es ciencia. Llevada a cabo cabalmente, la gobernanza no se presta para la improvisación y la incertidumbre.
Pretender hacer ver que hay taumaturgos en el gobierno que habrán de deshacer los entuertos de maleficios acaecidos repentinamente en Puerto Rico es la peor degradación de la política. Y con igual desprecio a la inteligencia del pueblo engañar a la gente haciendo ver que las crisis surgidas aquí son herencias del mal; de unos males que llegaron repentinamente y que mediante la taumaturgia se deshacerán. Ignorando a conveniencia que muchos de los males de Puerto Rico son el resultado de una mala gobernanza. Mala gobernanza porque se carecía de métodos en la gerencia del haber público. Y así la politiquería se ha hecho ver como buena administración que favorece al pueblo.
Advino concomitantemente una caída de la economía, una regresión al deterioro y a la obsolescencia del patrimonio infraestructural y una crisis generalizada en diferentes ámbitos de la sociedad. Sorprendió a los puertorriqueños lo que no debió ser sorpresa: la bancarrota fiscal y la debacle de Puerto Rico. La fuga migratoria de los puertorriqueños fue la reacción inmediata. La despoblación del terruño patrio y el envejecimiento demográfico de un país en crisis se convirtió en nuestra realidad.
Carecemos hoy de las garantías en la prestación de servicios esenciales como la electrificación y el suplido de agua potable. La infraestructura de ambos servicios está envejecida, deteriorada y obsoleta por la displicencia y negligencia de los que nos han gobernado en las últimas décadas. La calidad de vida del Puerto Rico de hoy ha desmejorado notablemente. Y continuamos desesperanzadamente rumbo al abismo, sin remedio hasta ahora predecible.








