Diez años de la Ley Promesa y de su concomitante Junta de Control Fiscal no han detenido el colapso estructural y sistémico de Puerto Rico. Se pudo paliar la quiebra fiscal al ponerle freno a la voracidad de cobro de la deuda de los acreedores y reestructurar las acreencias, pero Puerto Rico sigue con una economía colapsada y sin un plan de crecimiento y desarrollo económico.
Una huella de ese colapso estructural y sistémico es lo reportado por el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico de que el Índice de Vejez aumentó 41 por ciento entre 2020 y 2025. De 168 a 237 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. El indicador mide la relación entre la población de 65 años o más y la población menor de 15 años. En 2020, Puerto Rico tenía cerca de 168 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. Para 2025, la cifra subió a 237.
Los cálculos son el resultado de los estimados anuales de población de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, publicados el 25 de junio y disponibles en la página de Datos e Información Censal del Instituto.
El municipio de Hormigueros registró el Índice de Vejez más alto en 2025, con 380.2 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años de edad. Le siguieron Rincón con 328.6, Patillas con 325.0, Yabucoa con 301.3 y Lajas con 297.8. En Hormigueros, la población de 65 años o más era casi cuatro veces la cantidad de menores de 15 años. La de Mayagüez, Yauco y Maunabo también registraron índices cercanos a 300 por cada 100 menores de 15 años de edad.
Al analizar el cambio porcentual entre 2020 y 2025, los mayores aumentos ocurrieron en Loíza con 67.9 por ciento, Las Marías con 61.0 por ciento, Peñuelas con 60.0 por ciento, Patillas con 58.9 por ciento y Yabucoa con 57.4 por ciento.
El informe establece que el Índice de Vejez aumentó en los 78 municipios entre 2020 y 2025, aunque la magnitud del crecimiento varió por municipio, desde cerca de 30 por ciento hasta más de 60 por ciento.
Puerto Rico ha experimentado una disminución sostenida en su natalidad durante las últimas décadas, pero la caída se ha convertido en una crisis demográfica crítica a partir del año 2000, agudizándose de forma extrema en los últimos años (especialmente entre 2020 y 2024) hasta registrar mínimos históricos mundiales.
Fue en el año 2000 que se inició el desplome, cuando se registraron 59,460 nacimientos vivos. A partir de este punto, factores económicos y migratorios aceleraron la caída.
Del 2020 al 2021, los nacimientos cayeron a la franja de los 19,000 anuales. Por primera vez, las muertes superaron significativamente a los nacimientos, provocando un decrecimiento natural de la población.
El 2023 registró otra baja histórica con sólo 17,772 nacimientos vivos. Esto representó una alarmante reducción del 7.3% respecto a 2022.
La cifra oficial consolidada cerró en 2024 con 18,085 nacimientos. Demógrafos consideran que es el número más bajo de nacimientos registrado en la isla desde 1888. En total, entre el año 2000 y el presente, los nacimientos en Puerto Rico se han reducido en un 70%.
Considerada ya una crisis, la tasa de fecundidad actual en Puerto Rico es de 0.9 hijos por mujer. Puerto Rico se sitúa como el segundo o tercer país con la natalidad más baja de todo el mundo, únicamente superado por Corea del Sur (que ronda los 0.8 hijos por mujer). La tasa necesaria para mantener una población estable (nivel de reemplazo) es de 2.1 hijos por mujer.
Entre las principales causas de la baja natalidad en Puerto Rico se encuentran un éxodo de población joven: La constante emigración masiva de profesionales y jóvenes en edad reproductiva hacia los Estados Unidos reduce el grupo de personas que pueden tener hijos en la isla. Ello es producto de la situación económica. El alto costo de vida y la inestabilidad económica general desalientan la planificación y formación de una familia entre las parejas.
También incide la falta de apoyo social reflejada por la escasez de centros de cuido temprano adaptados a los horarios laborales.
En fin, que el colapso de la estructura sistémica de Puerto Rico que no han podido resolver los diez años de la Ley PROMESA y del supragobierno de la Junta de Control Fiscal se ha traducido en una descomposición social que avanza peligrosamente sin detenerse.








