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NaciÓN

Puerto Rico está cayendo por el abismo del colapso  

Especial para En Rojo

Puerto Rico está siendo arrastrado por una resaca del retroceso involutivo. Arrastrado a una retrogradación que nos aleja del progreso económico y tecnológico ya alcanzado.

La obsolescencia fue prevaleciendo en la medida en que se ralentizaba el progreso en el País. Al quedarse Puerto Rico detenido y no avanzar progresivamente, lo ya logrado se va haciendo obsoleto. Es, entonces, inevitable una sensación de retroceso, por efecto de que las cosas en el entorno global avanzan y van dejándonos atrás, rezagados.

En 1984, el Congreso de Estados Unidos sacó mediante legislación a las corporaciones públicas de Puerto Rico del Capítulo 9 de la Ley de Quiebra federal. Desamparados de algún estatuto legal que lo protegiera de los acreedores, Puerto Rico se declaró en quiebra en 2014. La Ley Promesa aprobada en 2016 y su concomitante Junta de Supervisión Fiscal mitigaron un tanto ese desamparo legal, pero dejó retratada de cuerpo entero nuestra condición colonial .

Aquel progreso modélico que reflejaban los sistemas de electrificación y de acueductos y alcantarillados, motivos de orgullo en su momento y que dieron sustento al desarrollo económico y urbanístico de nuestras ciudades iniciaron su colapso. Nos alcanzó la quiebra fiscal y la obsolescencia para gran parte del desarrollo infraestructural logrado. El perfil crediticio de Puerto Rico reducido a chatarra encontró una tabla de salvación en la imposición de la Ley Promesa colonial y el supragobierno de la Junta de Supervisión Fiscal federal.

Puerto Rico comenzó a caer por el abismo del colapso cuando la politiquería sustituyó a la meritocracia gubernativa y al inspirador ideario creativo que siempre debe haber en los políticos. Comenzaron a escasear los hombres y mujeres de Estado, formados intelectualmente para gobernar. Fueron sustituidos por los politicastros carreristas.

La quiebra fiscal fue la excusa para justificar la renuncia que ya se había producido desde antes al deber de un fin público de gobernanza mediante privatizaciones que ahora existe la pretensión de que se vean como un fin de progreso en sí mismas.La historia ha demostrado que a veces se puede privatizar para avanzar, pero en otras ocasiones para retroceder. El capital privado no es infaliblemente bueno siempre para todo. No deja de ser cierto que el bien común necesita para ciertos emprendimientos estar en manos del Estado.

Aquel avance del modelo socialdemócrata de un capitalismo con rostro humano dio paso al neoliberalismo de un capitalismo crudo que quiere ponerlo todo en manos del capital privado como solución infalible. La concomitancia de ello ha sido poner el sistema de transmisión y distribución eléctrica de Puerto Rico en manos de LUMA Energy. El fracaso innegable de esa política de privatización se ha visto claramente.

La energía eléctrica de Puerto Rico ha dejado de ser el sustento del progreso económico y del bienestar del pueblo.Se presenta ahora como tarea urgente ante la crisis no dejar que nuestro sistema de acueductos y alcantarillados siga deteriorándose por falta de mantenimiento y reparaciones necesarias y caiga en el mismo caos de la electrificación. Es prioritario evitar que se llegue a una irreversibilidad tal que sea necesaria su total reconstrucción, después de décadas de esfuerzo y sacrificio para levantar esa importante infraestructura.

Paralelamente con el mantenimiento debido al sistema de acueductos y alcantarillados hace falta construir plantas de desalinización del agua marina para la mitigación de los periodos de sequía. Actualmente se extrae y potabiliza aquí aproximadamente 600 millones de galones de agua diarios (mgd) de fuentes superficiales y subterráneas. Cerca del 57% del agua potabilizada se pierde antes de llegar al abonado al servicio, debido a fugas, roturas en tuberías y tomas ilegales.  Esto representa alrededor de 342 millones de galones al día que se pierden, luego de invertir dinero, tiempo y recursos para purificar el agua destinada a cada uno de los abonados al servicio que consumen 85 galones en promedio por persona todos los días.

Se pronostica que el cambio y calentamiento climático irá reduciendo paulatinamente la cuantía de precipitación pluvial (lluvia) en un 10% para 2030 y de 20% para el 2050.

Por otro lado, la sedimentación en los embalses reduce los abastos de agua disponibles y esa reducción irá en incremento. Se estima que el lago Dos Bocas tiene ya una sedimentación que alcanza el 70% y que la sedimentación de Carraizo es de un 50%. Además, se pronostica un aumento en la entrada de agua de mar a los acuíferos del país, especialmente en el Sur. debido al incremento en el nivel de océanos y mares resultantes del deshielo de las capas polares, lo que limitaría las fuentes de abastecimiento de agua dulce disponibles.

Es hora de poner a trabajar las mentes y acuciar las voluntades para detener la resaca a una retrogradación y obsolescencia de toda nuestra infraestructura, a sabiendas de que la crisis por la que atraviesa Puerto Rico es una sistémica y estructural. Una crisis que rebasa la acción volitiva de la inmediatez.